Los botines de la guerra espiritual | World Challenge

Los botines de la guerra espiritual

David WilkersonFebruary 24, 2003

“De lo que habían consagrado de las guerras y de los botines, para reparar la casa de Jehová.” (1 de Crónicas 26:27). Este versículo nos abre a una verdad profunda y que transforma la vida. Habla de botines que solo pueden ser ganados en batalla. Y una vez que estos botines son ganados, son dedicados a la construcción de la casa de Dios.

Creo que si entendemos la poderosa verdad detrás de este versículo, entenderemos porque el Señor permite intensa guerra espiritual en nuestras vidas. Muchos cristianos creen que una vez que son salvos, sus luchas han terminado, que la vida será un suave navegar. Nada puede estar más lejos de la verdad. Dios no tan solo permite nuestras batallas, sino que él tiene un propósito glorioso con ellas en nuestras vidas.

Así que, ¿Cuáles son “los botines de guerra?” Los botines son saqueos, pillaje, bienes tomados por los vencedores. La Biblia primero menciona botines en Génesis 14, cuando una confederación de reyes invadió a Sodoma y Gomorra. Estos invasores capturaron a los habitantes y saquearon sus posesiones. “Y tomaron toda la riqueza de Sodoma y Gomorra…tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram” (Génesis 14:11-12).

Cuando Abram supo que su sobrino Lot fue capturado, él reunió su ejército de sirvientes de 318 hombres y persiguió a los reyes enemigos. Las Escrituras dicen que él alcanzó de improviso a los invasores y “les atacó…y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente.” (14:15-16).

Imagínate al victorioso Abram aquí. Él estaba dirigiendo la procesión de gente gozosa y carretas llenas hasta arriba con bienes de todas clases. Y por el camino se encontró con Melquisedec, rey de Salem.

Las Escrituras nos dicen que Abram fue conmovido a diezmarle a este rey de todo su botín (ver 14:20). “Considerad, pues, cuán grande era este, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín.” (Hebreos 7:4).

Que escena más asombrosa. El siervo escogido de Dios acababa de ganar una gran victoria y ahora él presentaba una porción de todo su botín al rey. ¿Por qué? Melquisedec era “…sacerdote del Dios Altísimo” (Génesis 14:18). Abram claramente dio este diezmo con el propósito de mantener el ministerio de la casa de Dios.

Ahora, trata de imaginarte la escena unas horas antes que Abram alcanzara a esos invasores. Satanás debía estar relamiéndose. Sus ejércitos terminaban de llevarse la población entera de dos ciudades, incluyendo a un hombre piadoso que vivía allí.

El recto Lot era la única persona quien podía retar el control del diablo sobre esas ciudades. Pero ahora Satanás había tomado a Lot como botín, junto con grandes manadas de ganado, carretas de alimentos y ropas, y cofres llenos de oro, plata y piedras preciosas.

Puedo imaginarme al diablo jactándose de la captura de la simiente de Abram: “Mira a Lot. Esta atado con cadenas y despojado de todos sus bienes. Eso es lo que le pasa a cualquiera que trate de interferir en mi territorio.”

Mas, ahora imaginate la escena después de la victoria de Abram. Los ejércitos confederados se habían atascado en hoyos de lodo y estaban rotundamente derrotados. Y Abram había libertado a la gente y recuperado una gran caravana de botines. Estos bienes no eran solamente de Sodoma y Gomorra, sino que también de otras nueve ciudades que habían sido saqueadas. El botín de Sodoma fue devuelto, hasta el último cordón de zapatos. Pero Abram se quedo con el botín de los invasores.

Aquí esta el principio que Dios quiere que entendamos: Nuestro Señor esta interesado en mucho más que hacernos victoriosos. El quiere darnos el botín, los bienes, las riquezas espirituales de nuestra guerra. Debemos salir de la batalla con vagones llenos de recursos. A esto es que Pablo se refiere cuando él dice, “Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amo.” (Romanos 8:37), cursiva mía).

David tenía la misma actitud reverente hacia los botines tomados en guerra. Lo vemos en un decreto que él hizo cerca del final de su vida. David terminaba de asignar a su hijo Salomón para que le siguiera en el trono de Israel. Y ahora él había reunido a los líderes de la nación, para imponer un orden divino para sostener la casa de Dios. ¿Cuáles recursos usarían ellos para esta obra piadosa? “De lo que habían consagrado de las guerras y de los botines, para reparar la casa de Jehová.” (1 de Crónicas 26:27).

Déjame arreglar la escena. Después de cada victoria militar, David tomaba los botines y los acumulaba en abundancia: oro, plata, bronce, madera, dinero demasiado numeroso para contar. Y él tenía un solo propósito en mente: usar estos botines como recursos para construir el templo.

Cuando las Escrituras hablan del mantenimiento del templo, el hebreo original significa, “para reparar la casa, para fortalecer y consolidar lo que fue construido.” En resumen, estos recursos eran para mantener el esplendor original del templo. Estaban designados para la reparación de cualquier putrefacción, para mantener la casa de Dios en condición prístina.

Así que preguntas, ¿Dónde esta el templo de Dios hoy? Esta compuesto de su pueblo – tu, yo, su iglesia mundial. Según Pablo, nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo. Y, como la antigua Israel, nuestro Señor aun mantiene su templo a través de botines ganados en batalla. Por eso es que nuestras pruebas son para algo más que nuestra supervivencia. A través de cada batalla, Dios esta haciendo a un lado riquezas, recursos, abundancia para nosotros. Él esta acumulando todo un tesoro de bienes de nuestra guerra. Y esos botines están dedicados para edificar y mantener su cuerpo, la iglesia de Jesucristo.

Piénsalo: años después que Salomón construyo el templo, fue mantenido en buen orden por los botines tomados en guerras pasadas. La casa de Dios permaneció vibrante y viva, porque su pueblo había salido de cada conflicto no solo victorioso, sino que rico en recursos.

Encontramos este principio de “suministro a través de la batalla” a través de la Palabra de Dios.

Mientras David y su ejército estaban lejos, los amalecitas saquearon su pueblo de Siclag. Estos invasores intrusos tomaron a todas las mujeres y niños y quemaron todo el pueblo. Cuando David regreso, él “se angustio mucho; porque el pueblo hablaba de apedrearlo…mas David se fortaleció en Jehová su Dios.” (1 Samuel 30:6).

¡Hablar de guerra espiritual! Esto no era tan solo un ataque contra David. Fue un asalto a todo dar contra el propósito eterno de Dios. Una vez más, el diablo estaba detrás de la simiente de Dios. Nosotros sabemos que el Mesías profetizado debía venir a través de los descendientes de David. Y ahora Satanás se había llevado a cada mujer y niño a través del cual esa simiente podía venir.

Amados, este es el enfoque de toda guerra espiritual: el enemigo siempre ha estado decidido a destruir la simiente de Cristo. Y ese hecho no ha cambiado, aun 2,000 años después de la Cruz. Satanás aun esta para destruir la simiente de Dios. Y él hace esto atacándonos a nosotros, la simiente de Cristo, y maquinando para quitarnos nuestro testimonio.

David se sintió amenazado cuando escucho el refunfuñar de sus hombres. Ellos querían apedrearlo por haber dejado vulnerables a las mujeres y los niños. Pero David sabia que su corazón estaba bien con Dios, y la Escritura dice que el se fortaleció en el Señor. Inmediatamente, este hombre de fe salio y persiguió a los amalecitas. Y rápidamente los alcanzo, rescatando a cada persona y posesión que fue tomada: “David lo recupero todo” (1 Samuel 30:19). El y sus hombres no perdieron nada, “así de hijos como de hijas, del robo, y de todas las cosas que les habían tomado;” (30:19). Todo contado, a ellos no les faltó una bolsa de frijoles.

Sin embargo, los amalecitas habían saqueado otros pueblos también. Así que David tomó todo ese botín en su posesión también: “Tomo también David todas las ovejas y el ganado mayor; y trayéndolo todo delante, decían: Este es el botín de David.” (30:20).

Como Abram, David fue más que vencedor. Él hizo más que simplemente sobrevivir y cuadrar. Eso es porque Dios tenía mas para David que un testimonio de victoria. Cuando este hombre regresó con su familia, él también tenia grandes rebaños de ovejas, chivos, camellos y ganado, como también vagones llenos de plata, oro, joyas, ropas y utensilios domésticos.

¿Qué hizo David con todos estos botines de guerra? El los uso para mantener los propósitos de Dios. David sabía que Dios lo había ungido para que fuera rey sobre el pueblo. Y ahora él tenía que reparar el daño hecho a su reputación. Así que envió botines a aquellos que habían sido separados de él, buscando unir al pueblo de Dios: “…envió del botín a los ancianos de Judá,…diciendo, He aquí un presente para vosotros del botín de los enemigos de Jehová. (30:26). David también envió botín a cada pueblo donde el y sus hombres se habían escondido. “En Hebrón, y en todos los lugares donde David había estado con sus hombres.” (30:31). Con el tiempo, Hebrón seria la ciudad que llevo a David al reinado.

Aquí tenemos otro ejemplo del propósito de Dios en nuestra guerra espiritual. Debemos tomar botines de la batalla no solo para nosotros, sino que para el cuerpo de Cristo. Los recursos que obtenemos son para llevar bendición a los demás.

En el caso de David, Dios también estaba manteniendo su casa al preservar su simiente. David proveería el linaje llegando a Cristo. Todavía, hasta ese punto, David era visto como un fugitivo a través de la tierra. Él había estado huyendo constantemente, confrontado con una crisis detrás de otra, a punto de perderlo todo. Pero ahora estos botines–-manadas de ganado y vagones llenos de regalos—demostraron que David era un guerrero victorioso. El salio de sus batallas rico en recursos. Y esos recursos proporcionaron para la continua obra de Dios.

En este pasaje, él ejército sirio asedia la ciudad de Samaria en medio de una hambruna. Los sirios simplemente hicieron campamento en las afueras de la ciudad, esperando que los samaritanos se murieran del hambre. Las condiciones se pusieron tan malas que detrás de los muros de la ciudad, la cabeza de un asno se vendía por ochenta piezas de plata. La gente se desesperaba, incluyendo a dos madres que acordaron hervir a sus bebes y comérselos. Después que se comieron el primero, sin embargo, la segunda madre se arrepintió y escondió a su criatura. Así que la madre del difunto fue al rey para quejarse que su amiga no estaba compartiendo. Era pura locura.

Cuatro leprosos quienes vivían en las afueras de los muros de la ciudad finalmente se dijeron, “… ¿Para que nos estamos aquí hasta que muramos? … Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos.” (2 de Reyes 7:3-4). Así que salieron hacia el campamento sirio.

Cuando ellos llegaron todo estaba quieto. No había un alma a la vista. Así que registraron cada tienda, pero todos se habían ido. Las Escrituras explican: “Porque Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejercito; y se dijeron unos a otros: He aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros. Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos,… y el campamento como estaba; y habían huido para salvar sus vidas” (7:6-7).

Cuando los leprosos se dieron cuenta de esto, ellos fueron de tienda en tienda, comiendo y bebiendo hasta llenarse. Entonces ellos llenaron sus brazos de oro, ropas y otros bienes, y los escondieron. Finalmente, ellos regresaron a la puerta de la ciudad y llamaron al portero, “ven con nosotros. No lo vas a creer, pero los sirios huyeron del campamento. Ahora es un pueblo fantasma.”

Las Escrituras dicen, “Entonces el pueblo salio, y saqueo el campamento de los sirios. Y fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo, conforme a la Palabra de Jehová.” (7:16). Una vez mas, el pueblo de Dios salió mas que vencedor. Satanás había tratado de matarlos de hambre. Pero el Señor cambió toda la situación. Él tomó los botines de guerra y los usó para restaurar y refrescar a su pueblo, manteniendo su causa en la tierra.

¿Estas viendo el cuadro? ¿Estas comenzando a entender la razón para tu batalla presente? Aquellos que ponen su confianza en el Señor se les prometen victorias gloriosas sobre todo el poder del enemigo. Dios quiere que sepas, “Si, saldrás victorioso. Pero yo te voy hacer más que vencedor. Estoy obrando un propósito más grande en ti, para mi reino. Saldrás de esta batalla con mas botín del que puedas manejar.”

Pablo describe esto cuando escribe, “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho mas abundantemente de lo que pedimos o entendemos…” (Efesios 3:20).

Aquí tenemos una historia de guerra intensa, una de las batallas espirituales más grandes en toda la Escritura. Otra vez, el diablo estaba tratando de destruir los propósitos de Dios en la tierra, esta vez a través del maligno Aman. Este hombre rico e influyente convenció al rey de Persia que declarara un edicto proclamando la muerte de cada judío bajo su gobierno, desde la India hasta Etiopia.

El primer judío en la vista de Aman era el recto Mardoqueo, el tío de Ester. Aman mando a hacer una horca especialmente para Mardoqueo. Pero Ester intervino, llamando al pueblo de Dios a oración y poniendo su vida en peligro para contradecir la orden de Aman. Dios descubrió el malvado plan y Aman terminó ahorcado en su propia horca. Y el rey no solo invirtió su orden de muerte, sino que le dio la casa de Aman a Ester, un patrimonio valorado en millones por los niveles de hoy.

Todavía la mansión de Aman no fue el único botín tomado en esta historia. Las Escrituras nos dicen, “y los judíos tuvieron luz y alegría, y gozo y honra.” (Ester 8:16). Estos fueron los verdaderos botines ganados en la batalla con el enemigo.

Tú ves, nuestras pruebas no solo ganan riquezas espirituales. Ellas nos mantienen fuertes, puros, bajo un mantenimiento continuo. Mientras ponemos nuestra confianza en el Señor, el hace que nuestras pruebas produzcan en nosotros una fe mas preciosa que el oro (ver 1 de Pedro 1:7).

“y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.” (Colosense 1:15).

Jesús saquea al diablo en el Calvario, despojándolo de todo poder y autoridad. Cuando Cristo se levanto victorioso de la tumba, él llevo un ejército innumerable de cautivos redimidos de las garras de Satanás. Y esa procesión comprada con sangre sigue marchando.

Todavía, asombrosamente, el triunfo de Cristo en el Calvario nos dio aun más que victoria sobre la muerte. Obtuvo para nosotros botín en esta vida: gracia, misericordia, paz, perdón, fortaleza, fe, todos los recursos necesarios para llevar una vida vencedora. Él ha hecho cada provisión para mantener su templo: “Pero Cristo como hijo sobre su casa; la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y él gloriarnos en la esperanza.” (Hebreos 3:6).

Considera a Salomón como un tipo de Cristo en el Antiguo Testamento. Él edificó el templo (la iglesia) con todos los recursos que David (el Padre) había guardado para él. Y cuando el templo necesitaba mantenimiento, él buscaba en el tesoro (el Espíritu Santo) reservado específicamente para ese propósito.

El Espíritu Santo nos esta mostrando una verdad maravillosa aquí: Jesús nos ha provisto con todos los recursos que necesitamos, en el Espíritu Santo. Pero nosotros somos responsables en buscar en ese tesoro, para mantener su templo. Y los recursos para mantener el templo tienen que salir directamente de los botines de nuestra guerra.

Cristo nos ha dado todo lo necesario para que este mantenimiento tome lugar. Él nos ha adoptado en su hogar. Él esta como la piedra angular de esa casa. Y él ha limpiado toda la casa. Finalmente, él nos ha dado acceso al mismo lugar Santísimo. Así que por fe, somos un templo plenamente establecido, completo. Jesús no edificó una casa que esta solo medio terminada. Su templo esta completo.

Todavía este templo debe ser mantenido. Debe mantenerse en buen estado todo el tiempo. Y hacer eso puede ser muy costoso. Por supuesto, nosotros sabemos donde están los recursos: en el Espíritu de Cristo mismo. Él es el tesorero del botín. Mas el no puede entregarnos esos recursos si no vemos nuestra necesidad de ellos. En resumen, Dios no mantendrá su templo sin nuestra cooperación.

Esa cooperación comienza cuando estamos en medio del conflicto. Tú ves, nuestros recursos están en la imagen de Cristo que obtenemos mientras estamos sumidos en la batalla. Son las lecciones, la fe, el carácter que obtenemos de la guerra con el enemigo. Así que, cualquier cosa que estés pasando, cualquiera prueba que estés confrontando, podemos saber que Dios lo ha permitido, por sus propósitos. Hay valor en la batalla. Y podemos estar confiados que algo bueno saldrá de esto.

Pablo hasta nos insta que nos gloriemos en las tribulaciones. ¿Por qué? Por el botín: “…sabiendo que la tribulación produce paciencia.” (Romanos 5:3). Piensa en todos los otros botines que resultan de las tribulaciones: experiencia, esperanza, valor, sabiduría, el amor de Dios derramado.

Si no tenemos conflicto, presión, pruebas, guerras, estaríamos pasivos y tibios. Entraría la pudrición, y nuestro templo estaría en ruinas. No podríamos manejar el territorio obtenido. Por esta razón el plan del enemigo contra nosotros es claro: él quiere sacarnos de la batalla. Su objetivo es sacar toda la guerra de nosotros.

Trata de imaginarte tu templo como un edificio, hecho de ladrillos y mortero. Si caminas alrededor de él, puedes señalar el trabajo de mantenimiento que se ha hecho a través de las pruebas en el pasado. Puedes decir, “¿Ves ese techo? Hubo un tiempo cuando goteaba seriamente. Recuerdo la lucha que pase para que Dios lo reparara. En efecto, él puso todo un techo nuevo en la casa. Y esa ventana que esta allí—una vez fue hecha añicos y rota. El Señor permitió que yo pasara por la prueba de mi vida por eso. Ahora ha sido reemplazada con esta vidriera de colores.”

Encontramos todos nuestros recursos para el mantenimiento—fortaleza para seguir, poder sobre el enemigo—en nuestras batallas espirituales. Y ese día cuando estemos ante el Señor, él nos revelara: “¿Recuerdas lo que pasaste en esa ocasión? ¿En esta fecha, y en esa batalla horrible? Mira los que has logrado a través de todo: una casa mantenida, en orden, divina; sin mancha ni imperfección. Todo fue asegurado a través de las batallas que ganaste. Mira el resultado de tus pruebas ahora. ¿No valió la pena?”

Imaginate lo que será en ese día darle un tour de tu templo al diablo. Puedes mostrarle los resultados de todos sus ataques contra ti, y decirle, “¿ves lo que hiciste para mí? Quisiste destruirme. Pero esa prueba demostró mantenerme puro. Me dio paciencia y mantuvo mi fuego ardiendo por Jesús. Lo que tu hiciste para mal, el uso para mantener esta casa.”

¿Estas en una batalla ahora? ¿Estas confrontando intensa guerra espiritual? Anímate: Dios tiene un propósito en todo esto. Y su plan para ti tiene que ver con algo más que simplemente sobrevivas. Él quiere que salgas con mas—mas recursos, mas riquezas espirituales, mas fortaleza—que tenias cuando entraste en el conflicto.

El hecho sencillo es, Dios ha puesto su tesoro en cuerpos humanos. El te ha hecho un templo, una casa para que su Espíritu more en él. Y tú tienes una responsabilidad de mantener ese templo. Si te pones perezoso y descuidado, abandonando el trabajo de mantenimiento necesario—oración regular, alimentándote en la Palabra de Dios, compañerismo con los santos—Entrara la pudrición y terminaras en ruina absoluta.

Quizás ahora mismo estas confundido, desanimado y cuestionando. Puedes pensar, “No veo ningún propósito para esta lucha. ¿Por qué tengo que seguir más tiempo en ella? Ya tuve suficiente.”

Trágicamente, muchos se han dado por vencido en la batalla. Y terminaron amargados, endurecidos y enojados, su fe un montón de cenizas. ¿Por qué? Ellos no tenían recursos. Ellos tiraron sus tesoros cuando salieron de sus pruebas. Tristemente, conozco a muchos pastores cuyas vidas terminaron así. Ellos simplemente se dieron por vencidos en la pelea. Y cuando los vientos de lucha y prueba soplaron fuerte, su fe terminó en el naufragio.

Al mirar atrás sobre mis cincuenta años de ministerio. Recuerdo muchas veces cuando podía ser más fácil para mí dejarlo todo. Yo oraba, “Señor, no entiendo este ataque. ¿De donde vino? ¿Y cuando terminara? No veo ningún propósito en esto en absoluto.” Pero al pasar el tiempo, comienzo a ver fruto de esas pruebas—recursos, fortaleza, riqueza espiritual—suplida a mí en una forma que no podía conseguir de otra manera.

Te insto: echa mano de tu prueba por fe, y cree que Dios la ha permitido. Reconoce que él la esta usando para hacerte más fuerte…para ayudarte a tomar botín de Satanás…para hacerte una bendición a otros…y para santificarlo todo para su gloria.

Download PDF