¿Te Preocupa el Mañana? | World Challenge

¿Te Preocupa el Mañana?

David Wilkerson (1931-2011)February 10, 2021

Jesús nos llama a una forma de vida que no piensa en el mañana y pone nuestro futuro enteramente en sus manos: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:31-34).

Jesús no quiere decir que no debamos planificar el futuro o que no hagamos nada sobre nuestro futuro. Más bien, está diciendo: “No estés ansioso ni preocupado por el mañana”. Cuando lo piensas, la mayoría de nuestras ansiedades se refieren a lo que podría suceder mañana. Constantemente nos acosan dos palabritas: ¿Que si?

Jesús interrumpe nuestros “qué si” y nos dice: “Tu Padre celestial sabe cómo cuidar de ti”. Él nos dice además: “No tienes que preocuparte. Tu padre sabe que necesitas todas estas cosas; y él nunca te abandonará. Él es fiel para alimentarte, vestirte y cuidar de suplir todas tus necesidades”.

“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?... Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?” (Mateo 6:26, 28-30).

Con gusto entregamos todos nuestros “ayeres” al Señor, rindiéndole nuestros pecados pasados. Confiamos en él para el perdón de todos nuestros fracasos, dudas y temores del pasado. Entonces, ¿por qué no hacemos lo mismo con nuestros “mañanas"? La verdad es que la mayoría de nosotros nos aferramos fuertemente a nuestro futuro, deseando tener el derecho a aferrarnos a nuestros sueños. Hacemos nuestros planes independientes de Dios y luego le pedimos que bendiga y cumpla esas esperanzas y deseos.

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