CONFORMADOS SÓLO A CRISTO | World Challenge

CONFORMADOS SÓLO A CRISTO

David Wilkerson (1931-2011)April 18, 2018

¡El corazón del verdadero mensaje de gracia no es un evangelio permisivo sino uno que enseña la santidad!

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:11-13).

Según Pablo, no podemos caminar en la gracia hasta habernos liberado de las corrupciones mundanas. Si no nos esforzamos por el poder del Espíritu Santo para llevar vidas piadosas y justas, esperando la venida del Señor en cada momento que estemos despiertos, no conoceremos la gracia de Dios.

Demasiados cristianos quieren el perdón, pero eso es todo. No quieren ser liberados de este presente siglo porque lo aman. Están apegados a sus pecados y no quieren renunciar a los placeres de este mundo. Entonces se aferran a una doctrina que dice: “Puedo vivir como me plazca, mientras diga que yo creo”. Lamentablemente, estos cristianos no quieren escuchar acerca de la obediencia, el arrepentimiento o la negación de uno mismo. Ellos preferirían vivir en este mundo sin restricciones.

Pablo escribe: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2). ¡Debemos romper con este mundo por completo y conformarnos sólo a Cristo!

Jesús nos justifica a través de la fe con un propósito: Darnos la valentía y el poder para resistir al diablo y vencer al mundo, en el poder del Espíritu de Dios. Sí, Jesús murió por nosotros para que podamos tener vida eterna, pero también murió para que podamos disfrutar de la liberación ‘en’ y ‘de’ este presente siglo malo.

“El cual [Jesucristo] se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gálatas 1:4).

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