DESCANSA EN EL AMOR DE DIOS | World Challenge

DESCANSA EN EL AMOR DE DIOS

David Wilkerson (1931-2011)July 12, 2019

¿Crees que tu fe es débil? ¿Has orado diligentemente por una necesidad y le has creído a Dios con todo tu corazón que Él proveería y no recibiste una respuesta? Lees las gloriosas promesas acerca de que todas las cosas son posibles para aquellos que creen: “Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mateo 21:22). “Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:24). ¡Y tú reclamaste esas promesas! Sin embargo, al tratar de creer, de creer verdadera y realmente, a menudo quedas confundido, porque la respuesta tarda o no está a la vista.

Algunos creen que sólo hay dos razones por las cuales uno no obtuvo lo que pidió: O tu fe es defectuosa o hay pecado en tu vida. Te quieren hacer creer que Dios tuvo que retener la respuesta hasta que tu fe mejorara lo suficiente como para satisfacerlo. O bien la calidad de tu fe no se ajustó al criterio de Dios para una oración contestada o quizás dijiste las palabras equivocadas o hiciste una “confesión negativa”.

Amigo mío, ese tipo de teología es tonta y es una bofetada en la cara de nuestro amoroso Padre celestial. Dios hace milagros en respuesta a la oración de fe y toda promesa en la Palabra de Dios es verdadera. Pero hay algo maravilloso respecto a la forma en la que Dios obra. Él no es motivado a actuar por nosotros como resultado sólo de nuestra fe. Dios es amor, y eso es lo que lo motiva a actuar.

“Incluso cuando somos demasiado débiles para que no le quede fe, él permanece fiel a nosotros y nos ayudará, porque no puede desconocer a los que somos parte de sí mismo, y siempre cumplirá sus promesas” (2 Timoteo 2: 13, TLB-traducción literal). Mi fe, tu fe, toda fe debe descansar en el amor inagotable y el atento cuidado de nuestro Padre celestial.

“Alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero” (Jeremías 9:24). Gloriémonos en el amor y la bondad incesantes de nuestro Padre hoy.

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