En el Desierto Arabe | World Challenge

En el Desierto Arabe

David Wilkerson (1931-2011)July 22, 2021

Si busco agradar al hombre, simplemente no puedo ser un siervo de Cristo. Si mi corazón está motivado por la aprobación de los demás, mis lealtades se dividirán y la fuerza impulsora detrás de mis acciones se confundirá. Siempre me esforzaré por complacer a alguien que no sea Jesús.

Unos años después de la conversión del apóstol Pablo, él fue a la iglesia en Jerusalén para tratar de reunirse con los discípulos allí, “pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo” (Hechos 9:26). Todos los apóstoles conocían la notoria reputación de Pablo como perseguidor. “[Pablo] no era conocido de vista a las iglesias de Judea, que eran en Cristo; solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba” (Gálatas 1:22-23).

Bernabé ayudó a los apóstoles a superar su temor a Pablo; y pudo haber sido muy tentador para Pablo convertirse en una especie de convertido famoso, pero decidió viajar entre los gentiles. De hecho, Pablo declara: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo… no consulté en seguida con carne y sangre” (Gálatas 1:11-12, 16).

¿Qué quiso decir Pablo con esto? En Gálatas 1:17, explica: Ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia”. Lo que está diciendo aquí se aplica a todos los que desean tener la mente de Cristo. No tuve que leer libros ni tomar prestados los métodos de los hombres para obtener lo que tengo. Recibí mi ministerio y mi unción sobre mis rodillas. Fui a Arabia y al desierto para que Cristo me sea revelado. Pasé un tiempo precioso allí, vaciándome de mí mismo y siendo enseñado por el Espíritu Santo”.

Esto de ninguna manera justifica a los creyentes arrogantes, solitarios y autosuficientes. Sabemos que Pablo tenía un corazón de siervo. Se había despojado de la ambición propia y había confiado completamente en Cristo.

Cuando tu mente está puesta en conocer y agradar a Cristo, no pondrás la aprobación de los maestros humanos por encima de las instrucciones del Espíritu Santo. Evita seguir a otros creyentes en lugar del Señor. Solo entonces mantendrás una visión clara del llamado de Dios en tu vida.

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