Creyendo el amor de Dios | World Challenge

Creyendo el amor de Dios

David WilkersonJanuary 4, 1993

En las últimas semanas el Espíritu Santo ha estado llevándome a orar por una mayor comprensión del amor de Dios hacia mí. Después de leer 1 Juan 4:16, comprendí cuán poco sabía acerca de vivir y caminar en el amor de Dios. Juan escribió en su epístola: “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.”

Creo que la mayoría de los cristianos saben del amor de Dios hacia ellos sólo teológicamente. Han aprendido en las Escrituras sobre el amor y lo han oído predicar – y todavía su comprensión está limitada a una línea del coro infantil: “Jesús me ama, esto sé, la Biblia dice así…”

Decimos que creemos que Dios nos ama, al mundo y a los perdidos. ¡Pero es una fe abstracta! No muchos cristianos pueden decir con autoridad, “Sí, sé que Jesús me ama - porque tengo una comprensión de lo que es su amor. Yo lo he percibido - vivo en él. Es el fundamento de mi diario caminar.”

La vida diaria de la mayoría de cristianos, sin embargo, no es una de andar y creer en el amor de Dios. En vez de eso, viven bajo una nube de culpa, temor, y condenación. Nunca han sido realmente libres – nunca han descansado en el amor de Dios por ellos. Pueden estar sentados en la iglesia, levantar sus manos y regocijarse - pero llevan con ellos un equipaje secreto en todo tiempo. Nunca ha habido un momento cuando fueron totalmente libres de un sentido continuo de realmente no agradar al Señor. Se dicen a sí mismos, “Algo me está faltando - no estoy creciendo. ¡Algo está mal!”

Escuche las palabras de Pablo: “Y andad en amor, como también Cristo nos amó” (Efesios 5:2) El apóstol instó a los Efesios, “Jesús de verdad los ama - ¡así que caminen como uno que es amado grandemente por Dios!”

He oído las confesiones de muchos cristianos más “viejos” - personas que han caminado con el Señor por treinta o cuarenta años - quienes confiesan que nunca conocieron el gozo de ser amados por Dios. Parecían felices y contentos exteriormente - pero, dentro, arrastraban siempre cargas pesadas de dudas y temor. Creo que estos hermanos y hermanas simplemente no entendieron, en lo profundo, el amor que Dios tiene por ellos. ¡Nunca experimentaron la paz que, conociendo el amor de Dios, trae al corazón!

Tiene que despertarse un día y decirse a sí mismo, “¡Esto no es vida! No puedo seguir sirviendo a Dios con este sentimiento de ira en mí, siempre sintiéndome condenado e indigno. Tanto como amo a Jesús y creo que mis pecados son perdonados, ¿por qué estoy tan abatido?”

El hecho es que, Dios no te salvó para dejarte vivir en culpa y condenación. Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

Un significado de la palabra “condenación” aquí es “ira.” Jesús está diciendo que no vendrá bajo su juicio - que en el Día del Juicio serás libre de su ira. Pero condenación también significa “el sentimiento de nunca llenar las normas.” ¡Y Jesús está diciendo que el creyente nunca vendrá bajo ese sentimiento de nunca dar la medida!

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1). Toda culpa y condenación son claramente del diablo. Y Pablo advirtió de “caer en la condenación del diablo” (1 Timoteo 3:6). Él estaba diciendo que cuando caes en condenación, has caído de la gracia – de la seguridad que Dios nos ha ofrecido a través de la sangre de su propio Hijo.

Amado, el Espíritu Santo convence pero nunca condena. Su ministerio es convencer de pecado. Pero el hace esto sólo para sanar - para traer a hombres y mujeres a un lugar de paz y descanso en Cristo. Y él hace esto de manera redentora, no con ira.

“¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:34). El Señor está diciendo, “¿Quién te condena? ¿Por qué estás andando en condenación, cuando tu Salvador está ahora mismo ante mí, suplicando tu causa?”

La única condenación que permanece está sobre aquéllos que rechazan la luz del evangelio: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19).

Si le gusta que la Palabra de Dios venga y exponga todo lo que hay en su corazón, entonces no será condenado. ¡La condenación permanece sólo para aquéllos que esconden el pecado y aman la oscuridad! Tú amas la luz, ¿verdad? ¿Por qué permitir la condenación?

¡Éste es el día para que despiertes al amor de Dios para ti! Pido a Dios que mientras lees este mensaje, algo golpee profundamente tu corazón, y seas capaz de decir, “Tienes razón, Hermano Dave - ése es yo, ¡no quiero vivir de esta manera!”

Cristianos que viven en la culpa, el temor y la condenación no están “arraigados y establecidos” en el amor de Dios: “para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” (Efesios 3:17-19).

“Arraigados y cimentados” quiere decir “construir bajo un fundamento profundo y estable de sabiduría y entendimiento del amor de Dios hacia ti.” ¡En otras palabras, el conocimiento del amor de Dios por ti es la verdad fundamental bajo la cual todas las otras verdades se deben construir!

Por ejemplo, sobre esto es que el temor de Dios se construye. Un temor santo de Dios no es un pavor de que él está listo para golpearte, si eres tomado en alguna pequeña falta. Más bien, es el temor de su santidad contra la rebelión – ¡y de lo que él le hace a aquéllos que aman la oscuridad más que la luz!

Nuestro Padre celestial envió a su Hijo a morir por nuestros pecados y debilidades. Y sin saber y entender totalmente ese tipo de amor por ti, ¡nunca tendrás un fundamento estable o permanente!

“Y de conocer el amor de Cristo.” La palabra griega para “conocer” aquí sugiere “asir ávidamente o sostenerse de.” Pablo quiere decir que te apoderes de esta verdad y la hagas el fundamento de tu vida cristiana. Él está diciendo, “Saca tus manos espirituales y di, ‘¡Voy a apoderarme de esto!’”

Permíteme compartir tres cosas contigo que el Espíritu Santo ha estado enseñándome sobre el amor de Dios para con nosotros. Pido a Dios que te apoderes de su verdad - que abra tus ojos y te ayude a entrar en un completo y nuevo reino de gozo y paz en tu diario caminar con él:

No puedes divorciar las provisiones de Dios de su amor. Su amor por nosotros tiene que ver con las riquezas abundantes en gloria para nuestro uso. Él nos ha dado provisiones para cada crisis en nuestra vida - ¡para ayudarnos a vivir victoriosamente en todo tiempo!

Durante semanas había orado, “Señor, quiero conocer tu corazón. No puedo recibir una revelación de tu amor hacia mí de ninguno de los libros de mi biblioteca, o incluso de los hombres más santos que alguna vez hayan vivido. Eso sólo puede venir de ti. ¡Quiero mi propia revelación de tu amor - directamente de tu corazón! Quiero verlo tan claramente que cambie mi manera de caminar contigo y la manera que ministro.”

Mientras oré, no sabía qué esperar. ¿Vendría una revelación de su amor apresurándose en mi alma como un diluvio de gloria? ¿Aparecería como alguna gran visión que me dejaría sin aliento, o como una manifestación de su cercanía? ¿Sería un sentimiento de ser muy especial para él - o un toque de su mano sobre mí tan real que me cambiaría para siempre?

No - Dios me habló en un simple y pequeño versículo: “De tal manera amó… que dio…” (Juan 3:16) ¡Su amor está atado a sus riquezas en gloria - sus abundantes provisiones para nosotros!

La Biblia dice que nuestro amor por el Señor se muestra por nuestra obediencia a él. Pero su amor hacia nosotros se evidencia en otra manera - ¡por su dádiva! No puedes conocerle como un Dios amoroso hasta que lo veas como un Dios dadivoso. Dios nos amó tanto, que invirtió en su Hijo Jesús todos los tesoros, gloria y liberalidades del Padre - ¡y él nos dio a Jesús! Cristo es el regalo de Dios para nosotros, en quien está envuelto todo lo que necesitamos para ser vencedores.

“Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Colosenses 1:19). “Porque en él habita toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él” (2:9-10). En otras palabras, “En él tienes todas las provisiones - ¡todo lo que necesitas!”

El problema es que, muy pocos cristianos se apropian de lo que Dios ha ofrecido libremente. No lo perseguimos o tomamos posesión de él - ¡y los tesoros de Cristo descansan en gloria sin ser reclamados!

¡Qué impresión vamos a tener cuando estemos en gloria! En ese momento, Dios nos mostrará todas las riquezas que su amor había provisto y cómo no las usamos.

Vemos un ejemplo de esto en la parábola del Hijo Pródigo. Esta historia revela el amor de Dios de una manera profunda - ¡y demuestra que su amor hacia nosotros tiene que ver con sus riquezas y abundantes provisiones!

De esto se trata la parábola del Hijo Pródigo. Es la historia de dos hijos - uno que llega al final de sus propios recursos, y otro que no reclamaría los recursos de su padre.

El hijo más joven vino a su padre y dijo, “Dame la parte de los bienes que me corresponde” (Lucas 15:12). La sustancia que recibió - y entonces gastó - representa sus propios intereses: sus talentos, habilidades, todas las cosas con que acostumbraba a enfrentar la vida y todos sus problemas. Él dijo, “Tengo inteligencia, buen ingenio, un buen trasfondo. ¡Puedo salir y hacerlo por mi propia cuenta!”

Esa actitud describe a muchos cristianos hoy. Pero, cuando las cosas se ponen duras, ¡cuán rápido llegamos al final de nuestros propios recursos! ¡Qué rápidamente gastamos todo lo que tenemos dentro de nosotros! Podemos buscar salida de algunos problemas y hallar fuerza interna para algunas pruebas, ¡pero viene el tiempo cuando el hambre golpea el alma!

Llegas al final de ti mismo, y no sabes cuál camino tomar. Tus amigos no pueden ayudarte. Te quedas vacío, herido, sin nada dentro para bosquejar. Estás gastado - ¡toda tu lucha se ha ido! Todo lo que queda es temor, depresión, vacío, y desesperación.

¿Estás todavía esperando en la pocilga del diablo, revolcándote en el vacío, muriéndote de hambre? Eso fue lo que le pasó al Hijo Pródigo. ¡No había nada para bosquejar! Había agotado todos sus recursos. Y comprendió dónde todo su auto confianza lo había traído. Pero ¿qué fue lo que finalmente le despertó? ¿Cuándo fue que volvió en sí? ¡Cuándo recordó todas las abundantes provisiones en la casa de su padre!

Él dijo, “Aquí perezco de hambre. ¡Pero en la casa de mi padre hay abundancia de pan!” (Vea Lucas 15:17) ¡Decidió regresar y apropiarse de las abundantes provisiones de su padre!

No hay una palabra en esta parábola que indique que el Pródigo regresó debido al amor por su padre. En verdad, estaba arrepentido - cayó sobre sus rodillas, llorando, “¡Padre, lo siento! He pecado contra ti y contra Dios, ni siquiera soy digno de entrar en tu casa.” Pero el nunca dijo, “¡Padre, regresé porque te amo!”

Más bien, lo que se revela aquí es que el amor de Dios hacia nosotros es sin ataduras; no depende de nuestro amor por él. La verdad es que, él nos amó incluso cuando estábamos lejos de él en nuestros corazones, aún pecadores. ¡Eso es amor incondicional!

Cuando el Pródigo regresó, su padre no revisó una lista de los pecados de su hijo. No dijo, “¿Dónde has estado? ¿Con cuántas rameras te acostaste? ¿Cuánto dinero hay en tu bolsa? ¡Quiero una auditoria!”

No - en cambio, cayó sobre el cuello de su hijo y lo besó. Dijo a los sirvientes, “¡Maten el ternero engordado! Pónganle la túnica nueva, un anillo en su dedo y zapatos nuevos en sus pies. ¡Tengamos una celebración - vamos a regocijarnos y alegrarnos!”

¿Dónde está la revelación del amor del Padre en este cuadro? ¿Está en su perdón instantáneo? ¿En su beso afectuoso? ¿En el ternero engordado? ¿En la túnica, el anillo y los zapatos nuevos?

De hecho, éstas son todas expresiones de su amor – ¡pero ninguna de éstas son el corazón del asunto! “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10). “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (versículo 19).

“Me llevó a la casa del banquete, y su bandera sobre mí fue amor” (Cantares 2:4). La alegría del Padre no podría estar completa hasta que estuviera sentando en la casa del banquete con su hijo, y se había asegurado que el muchacho supiera que fue perdonado y su pecado limpiado. ¡Tenían que estar sentados a la mesa - festejando en el Cordero!

Si usted fuera a mirar en la ventana en ese momento, habría visto un hombre joven que simplemente había entrado en la verdadera revelación del amor de Dios: ¡estaba bailando! Había música, y estaba riendo y feliz. ¡Su padre estaba alegre por él, sonriéndole!

El no estaba bajo una nube de temor. No estaba escuchando las viejas mentiras: “¡Regresaras enseguida a esa pocilga! Eres indigno de tal amor….” No, él aceptó su perdón – y había obedecido la palabra de su padre de entrar y tomar para él todo lo que necesitaba.

Escuchó que su padre le susurraba, “Todo lo que tengo es tuyo. No hay necesidad que pases hambre de nuevo. Nunca necesitas estar solo, pobre, cortado de mi almacén.”

Amado, esta es la plenitud del amor de Dios, ¡el mismo corazón del asunto! Incluso aún en nuestros tiempos más oscuros, Dios, no sólo nos abraza y nos restaura – sino que también dice: “¡Traigan el ternero engordado, y vamos a comer y estemos alegres! ¡En mi casa de banquete, hay una fiesta de abundancia para mi amado!”

Aún hoy tenemos una mejor promesa: “Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:19-20).

Aquí está el amor de Dios para nosotros: “Te ofrezco plenitud excedida y abundante - provisión para cada crisis, gozo a lo largo de toda tu vida. ¡Puedes ir al almacén y reclamarlo todo!”

Ahora, el hijo mayor estaba afuera en el campo, trabajando duro en los negocios de su padre, cuando de repente oyó la música, la risa, y el baile. Cuándo se acercó a la casa, descubrió que era toda una fiesta para su voluntarioso hermano - ¡el que había gastado la sustancia de su padre en rameras y viviendo alborotado!

Mientras el hijo mayor miraba a través de la ventana, vio a su padre regocijándose sobre su hermano más joven, lleno de deleite. ¡No podía entender cómo su hermano, -bueno para nada- podía sentirse tan libre, feliz y bendecido en tan corto tiempo! La Escritura dice de él, “Entonces se enojó, y no quería entrar” (Lucas 15:28).

Finalmente, el padre salió y le instó que entrara. Pero el hijo mayor dijo, “He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos” (versículo 29). Él estaba diciendo, “¡Esto no es correcto! Todos estos años te he servido bien. Nunca te desobedecí en ningún momento.”

¡Oh, cuántos de nosotros podemos identificarnos con el hermano mayor! Pasamos años tratando de agradar a nuestro Señor, viviendo en la obstinada determinación de hacer siempre lo correcto. Eso ciertamente me describe - ¡porque a menudo he sido tomado afuera, mirando hacia dentro!

Veras, he conocido al Señor toda mi vida. Nunca estuve en el mundo. Nunca fumé un cigarro, nunca toqué la droga, nunca viví en adulterio. Trabajé fuerte para vivir para el Señor.

Entonces, a veces, veía a un convertido venir a Jesús, uno que había vivido en pecado. Y cuando él regresó, ¡de repente estaba bailando, y regocijándose - feliz y despreocupado! Había venido a Cristo con fe sencilla, y ya no tenía ninguna culpa, condenación o memoria del pasado. ¡Todo era nuevo para él! Dios parecía estar sonriéndole.

Pero yo me sentaba atrás, pensando, “Seguro, está cantando y alabando ahora - pero ¿es realmente santo? Yo pagué un precio por mi lugar en Dios - le he servido durante años. Y todavía tengo cargas y cuidados. A veces siento culpa y confusión. ¡Y aquí llega este bailando! Entra y me sobrepasa con fe sencilla en la Palabra de Dios, Señor, ¡no es correcto! ¡Él es tan libre - y mi vida es tan complicada!”

Creo que el muchacho mayor regresó a la choza de humilde pastor, pensando en el día cuando él tendría su herencia: “Sólo espera. Un día, después que la muerte haga su trabajo, entraré en grandes bendiciones. ¡Tendré un gran almacén!” Éste es el que está esperando llegar al cielo antes de apropiarse de todas las cosas buenas de Dios.

Su padre debe haber estado acongojado. Creo que le habría dicho a este hijo una y otra vez: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas” (versículo 31). En otras palabras, “Has estado conmigo todos estos años, y todo lo que poseo ha sido tuyo con sólo pedirlo. Sabes que te habría dado cualquier cosa - ¡y todavía no viniste a poseerlo!”

Te pregunto - ¿cuántos años has estado en las afuera? Tienes un Padre que ha estado poniéndote un gran tesoro de provisiones. ¡Y todavía no las has reclamado!

Esta parábola nos muestra que solo con entrar y disfrutar los tesoros de su padre, el Hijo Pródigo lo tenía de ambas maneras. Podría vivir su vida terrenal con abundante perdón, gozo, paz y el reposo que era suyo. Y cuando la muerte lo trajera a su herencia, habría disfrutado totalmente lo que ya había conocido en la tierra.

De hecho, el mayor pecado fue cometido por el hermano mayor - el que se quedó en casa, caminó obedientemente y nunca faltó a su padre. Sí, es un pecado malgastar la sustancia de nuestro Padre viviendo sensualmente y en un espíritu incontrolado; pero es un pecado aun mayor desairar el gran amor de Dios - ¡dejar sin reclamar los recursos generosos que él nos dio a un gran precio!

El hijo desenfrenado no fue castigado, reprendido o se le recordó su pecado - ¡porque Dios no permitiría que el pecado fuera el enfoque de la restauración! Había verdadero arrepentimiento y dolor piadoso. ¡Era tiempo de seguir a la casa del banquete de amor - a la fiesta! El padre dijo al hijo mayor, “Él estaba perdido, pero ahora está en casa de nuevo. Él es perdonado - ¡y es tiempo de regocijo y de ser feliz!”

¿Estás cansado de vivir como un pobre cuando has sido provisto de todo lo que necesitas? Quizás tu enfoque es equivocado. Tiendes a hacer hincapié en tus debilidades, tentaciones y fracasos del pasado. Y cuando miras dentro de tu propio corazón, lo que ves te desanima. Permites que la culpa se filtre de nuevo.

Amado, ¡debes estar mirando a Jesús, el Autor, y Consumador de tu fe! Cuando Satanás viene y apunta alguna debilidad en tu corazón, tienes todo derecho a responder: “¡Mi Dios lo sabe todo y todavía me ama! Él me ha dado todo lo que necesito para conseguir la victoria y mantenerla.”

“Pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas” (1 Juan 3:20). Él sabe todo acerca de ti - y todavía te ama lo suficiente como para decir, “Entra y toma todo lo que necesitas. ¡El almacén está abierto!”

De hecho, las puertas de su almacén están abiertas de par en par, y sus riquezas están llenas de abundancia. Dios está insistiéndote: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

Aquí está cómo entras al almacén y consigues lo que necesitas:

1. Ven confiadamente a su trono y pide grandemente por toda la gracia y misericordia que necesitas para sobrepasar cada tentación y prueba. El diablo tiene un millón de maneras para hacerte sentir culpable, temeroso, condenado y confundido.

Te dirá, “¡Te sientes así porque tienes basura en tu corazón!” Pero yo dejé de mirar en mi corazón hace mucho tiempo, porque siempre es negro. Pero es blanco para mi Padre - ¡porque está cubierto con la sangre del Cordero!

No importa cómo te sientas. Simplemente mira la Palabra de Dios por lo que Jesús ha hecho. ¡Él ha dejado tu pizarra limpia!

2. Recuerdale a Dios que fue idea suya que tú entraras. No fuiste al Señor diciendo, “¡Padre, quiero todo lo que tienes!” No - fue él quién te invitó a entrar, diciendo, “Todo lo que tengo es tuyo. ¡Ven y tómalo!”

3. ¡Toma la Palabra de Dios literalmente! La Biblia dice que todo lo que él tiene para nosotros se obtiene por fe, sólo necesitas decir en fe, “Señor Jesús, ¡inúndame con tu paz porque has dicho que es mía! Te pido descanso para mi alma.”

No puedes trabajar por esto. No puedes cantar o alabar para que baje. No - viene de estar arraigado y establecido en una revelación del amor de Dios para ti. Esto no viene en un sentimiento, sino más bien en la Palabra que él mismo ha hablado: “¡En mi casa hay pan suficiente y de sobra!”

4. ¡Toma la Palabra de Dios, y martilla todo tu temor, culpa y condenación en pedazos! ¡Recházalo todo - no es de Dios! Puedes decir, “Deja que el diablo venga a mí con sus mentiras. Mi Padre ya lo sabe todo, y él me ha perdonado y limpiado. No hay culpa o condenación hacia mí. ¡Soy libre!”

Querido santo, creo que si le pides al Espíritu ahora mismo que te ayude a apoderarte de esta verdad - para arraigarte y establecerte en ella - los próximos días serán los más grandes que hayas tenido alguna vez. Puedes decir, “Señor Jesús, sé que voy a cometer errores. Pero nada me va a agitar - porque tienes todo lo que necesito para tener la victoria y para vivir en ella.”

Entra en su almacén - y reclama todo lo que es tuyo de tu amante Padre. ¡Aleluya!

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Usado con permiso por World Challenge, P. O. Box 260, Lindale, TX 75771, USA.
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