EL NUEVO PACTO Y EL SECRETO DEL SEÑOR | World Challenge

EL NUEVO PACTO Y EL SECRETO DEL SEÑOR

David Wilkerson
April 17, 2017

“El secreto del Señor es con los que le temen, y Él les mostrará Su pacto” (Salmos 25:14).

Yo creo que Dios escogió cuidadosamente la palabra “secreto” para usarla en este pasaje. Su raíz Hebrea significa “estar alerta, estar prevenido ante el peligro, observar, ser un confidente.” El concepto expresado aquí es poderoso: Dios tiene un secreto que él compartirá únicamente con creyentes que estén dispuestos a buscarle con pasión. Este grupo de buscadores llegarán a ser sus confidentes sólo si poseen un hambre profunda por conocer su corazón.

En esencia, el Señor no compartirá su secreto con cualquier persona, incluso dentro del mismo cuerpo de Cristo. Cristianos que son poco serios y no están comprometidos con el Señor, no lo alcanzarán y creyentes casuales nunca llegarán a comprenderlo. Por ello es que la Biblia lo llama un secreto: Es para sus confidentes únicamente.

Yo creo que este secreto del Nuevo Pacto es una cuerda que Dios le lanza a cada Cristiano que está hundido en el fango del pecado. A través de ese secreto, él le grita desesperadamente a cada hijo que está atado por la lascivia, hábitos insanos o alguna fortaleza de maldad, diciendo, “No te sueltes de mi pacto. Va a ser un salvavidas para ti, proveyendo un escape del pecado antes de que te hundas en él.”

Sin embargo —y digo esto de la manera más amable que puedo- sólo unos pocos Cristianos podrán ser capaces de agarrarse de este salvavidas. Un creyente puede memorizar todas las promesas gloriosas del Nuevo Pacto, dominar complejos bosquejos teológicos y señalar cada uno de los pactos bíblicos desde el Adánico hasta el Nuevo Pacto. Pero sólo unos pocos dispondrán sus mentes buscando al Señor diligentemente para obtener un entendimiento de su Nuevo Pacto que da vida.

Aquí tenemos sólo unas pocas promesas y provisiones que Dios nos da a través del Nuevo Pacto: un nuevo corazón, un justo temor de Dios, dominio sobre el pecado, la constricción del Espíritu Santo sobre todo pecado dentro de nosotros, un corazón para conocer al Señor, su ley escrita en nuestros corazones de manera que nos ayuda a no pecar en contra de él. Dios también nos promete que seremos enseñados por su propio Espíritu y guardados de no caer; que seremos guiados a caminar en sus sendas, hacer lo que más le agrada y que seremos preservados hasta el final — todo a través del poder del Espíritu Santo que mora en nosotros.

Podrías estar razonando entonces; “Si Dios ha decretado el Nuevo Pacto -si él ha hecho un juramento para hacer estas cosas maravillosas, y su palabra nunca cambia — ¿por qué debería yo orar por algo que él ya ha declarado? ¿Por qué debo yo pedirle a Dios que me libere cuando él ha prometido hacer por mí lo que yo no puedo hacer por mí mismo? ¿No debería yo solamente esperar en él en fe? Si Dios se ha comprometido a cumplir las promesas de su pacto, ¿por qué debería creer que hay condiciones ligadas a esas promesas tales como la oración y la búsqueda diligente del Señor?"

En respuesta ,déjame preguntarte algo:¿Por qué Jesús, quien hizo el Nuevo Pacto con su Padre, tendría que orar diligentemente como él lo hizo y con tanta frecuentemente? De hecho, ¿por qué tendría que pedirle una respuesta al Padre tres veces ante un asunto que al parecer era muy simple? ¿Y por qué habría de alabar a una mujer en una parábola que estuvo importunando a un juez hasta que recibió el veredicto de parte del juez que ella quería?

Espero probarte que Dios ha expuesto el secreto del Nuevo Pacto bajo la condición de buscarle a él con todo nuestro corazón. Esta condición y las disciplinas que la acompañan — oración, estudio de la Biblia, búsqueda diligente — no pueden de ninguna manera darnos el mérito de tener las promesas del Nuevo Pacto para nosotros. Pero sí prepara nuestros corazones para recibir lo que Dios ha prometido.

Vemos un patrón que se repite a través de toda la Biblia: Dios dice: “Yo te doy estas promesas— pero quiero que busques mi rostro hasta que estés totalmente persuadido de esas promesas.”

Nunca ha habido un solo momento, desde la fundación del mundo, en el que el pueblo de Dios no estuviese bajo un pacto. Y aún así los hombres y mujeres de Dios han ayunado y orado a través de los siglos, comprometiendo a Dios con su palabra,. La Biblia nos da muchos ejemplos de esto:

1. Jacob recibió una promesa de Dios a través del Pacto de Abraham. El Señor había prometido ser su escudo de modo que nadie le haría daño. Además Dios le aseguró: “Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien” (Génesis 32:9). Que promesas tan poderosas fueron estas. ¿Quién podría oponerse a un hombre cuyo Dios estuviese con él como era Jacob?

Aún así, Jacob se sentía obligado a a cerca del pacto. Él clamó, “Señor, Usted prometió que me haría bien si yo regresaba. Ahora estoy comprometiéndolo con lo que Usted prometió” (versos 10-11 mi parafraseo). La Escritura nos dice que Jacob luego luchó toda la noche con el ángel del Señor. Él le dijo al Señor, “No te dejaré ir hasta que me bendigas” (versículo 26). Él estaba comprometiendo al Señor con su pacto.

2. Jesús no sólo conocía las promesas del pacto, habiéndolas hecho él mismo con el Padre; Él era el Nuevo Pacto personificado. Todas las promesas del pacto residían en él. Y aún así el mismo Jesús ayunaba y oraba.

En una ocasión, un grupo de personas que estaban desesperadas le trajeron a Jesús un  joven lunático poseído por los demonios. Sus discípulos no habían sido capaces de expulsar el espíritu demoníaco. Pero cuando Jesús reprendió al espíritu demoníaco, el demonio inmediatamente salió del muchacho. La Biblia dice; “Y éste quedó sano desde aquella hora” (Mateo 17:18).

Los discípulos de Jesús estaban perplejos. La Escritura nos dice que, “Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús les dijo: Por su poca fe; porque de cierto les digo, que si tuvieran fe como un grano de mostaza, dirían a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada les será imposible. Pero este género no sale sino con oración y ayuno” (Mateo 17:19-21).

Piensa en las implicaciones que tiene lo que Jesús está diciendo aquí. Él está deduciendo que si sus discípulos hubieran invertido tiempo orando y ayunando, ellos habrían tenido la fe y el poder necesarios para que el muchacho hubiese sido liberado. Él también les hizo entender, “Sí, yo tuve el poder para expulsar este demonio porque soy Dios hecho carne. Y aunque soy Dios hecho carne también les he dejado el ejemplo de cómo hacerlo por medio del ayuno y la oración."

Entonces, ¿cuál es el secreto que Dios quiere compartir con Su pueblo?

El secreto del Nuevo Pacto no es ninguna avalancha repentina de poder sobrenatural sobre nosotros, capacitándonos para resistir una tentación abrumadora. En vez de eso, Dios se presenta con su voz apacible, revelando su amor por nosotros en medio de nuestras caídas y pruebas.

Quiero ilustrarte está verdad por medio de muchas cartas que nuestro ministerio ha recibido. Una hermana en Cristo escribió: “Debilidad moral y fracaso — esa soy yo. Continuamente vuelvo a mis antiguos pecados. No quiero herir a mi Señor, y le oro que me guarde para no volver atrás. Aunque a veces siento que él está cansado de que falle siempre en la misma área. Pero la verdad es que nunca lo escucho en medio de mi tentación. Me siento separada de Dios.”

Ahora, compara esta carta con un correo que envió un joven en Cristo: “Anoche estaba orando, con una gran angustia en mi alma. Le he fallado al Señor y he pecado. Mi corazón estaba quebrantado. Clamé ante él, pero todo lo que se me venía a la mente era de que me había separado demasiado. Le pregunté, ‘¿Cómo es que todavía me amas? ¿Me amas, Señor?¿O estoy muy alejado de ti?’ Clamé por una sola palabra de parte de Dios que me hiciera saber que él todavía me ama.

“Luego, en el tiempo preciso, me llegó su mensaje, 'Permanece en el Amor de Dios.’ Me encontré totalmente envuelto y asombrado por el amor de Dios mientras leía esto. Inmediatamente me arrepentí y mi corazón fue inundado con el amor de Dios.”

Este joven se encuentra ahora asombrado por el amor de Dios, y su amor por Jesús ha crecido profundamente. ¿Por qué? Cuando parecía que Satanás había ganado la batalla, él recibió una revelación del amor de Dios que perdona y de su gracia restauradora.

El Nuevo Pacto promete que Dios mostraría misericordia ante todas nuestras iniquidades e injusticias. Pero esto no es nuevo; El Señor siempre ha sido misericordioso en todos los pactos bíblicos. Lo que es diferente en el Nuevo Pacto es cómo Dios nos muestra su misericordia: Él envía su espíritu con una revelación de la todopoderosa gracia y el bondadoso amor de Jesucristo, en el sitio más bajo de nuestro caminar Cristiano — inclusive cuando hemos fallado y estamos hundidos en nuestra culpabilidad.

Estoy convencido de que el cuerpo de Cristo tiene que solamente llegar a entender cuán maravillosa es la gracia de Dios para nosotros.

Considera a un Cristiano que ha amado al Señor por años. Él es un creyente que ora, que es fiel y que tiene un espíritu amable y la dulce presencia de Dios está sobre él. Pero de repente este santo hombre de Dios es agobiado por una poderosa tentación. Él cede ante la tentación, y de repente recae en un antiguo pecado que lo asedia. Quizás su atadura es que explota repentinamente en ataques de ira, o que tenga un enjambre de malos pensamientos sobre su cabeza, o la tibieza le esté haciendo vivir indiferente, o pecados más terribles como son el alcoholismo, la fornicación o el adulterio.

El diablo entonces ataca rápidamente a este Cristiano usando el único poder que él tiene en contra de el Cristiano: mentiras. Trata de convencer al creyente de lo siguiente:

  1. Que él ha pecado en contra de la luz.
  2. Que él ha pecado muchas veces después de haber estado convencido de su error por mucho tiempo.
  3. Que él ha repetido el mismo pecado muchas veces.
  4. Que él ha cruzado la línea y ahora está lejos de la gracia de Dios​.

Aquí, en este punto crucial, es donde el secreto del Nuevo Pacto es revelado. En vez de condenar a aquel Cristiano, el Espíritu Santo le atrae para enamorarle, diciendo, “Vuelve rápidamente a la sangre derramada de Jesús. Arrepiéntete y acepta tu perdón. Permanece en el amor de Dios. Eres perdonado incondicionalmente. Regresa ahora a tu caminar conmigo.”

¿Qué está pasando en este momento? El Espíritu Santo está trabajando — revelando el amor de Dios a esa persona, causando que se maraville ante la misericordia y la gracia del Señor. Y de ese modo le está atrayendo a un amor más grande por Jesús.

Este es el poder guardador del Espíritu Santo. Cuando estás caído y herido — cuando piensas que has ido demasiado lejos, y todo se ha terminado para ti — El Espíritu viene inmediatamente a levantarte y llevarte a la gracia de Dios. Cada uno de tus pecados ha sido ya pagado, no importa cuán horribles hayan sido. ¿Cómo? Jesús pagó el precio en su totalidad. Dios dice por medio de su pacto, “Voy a ser misericordioso con tus pecados — y te he enviado a mi Hijo como el sello de mi pacto. Tu temor te dice que yo tengo todo el derecho de condenarte. Pero mi pacto dice que mi Hijo llevó sobre sí mismo todo aquello que podría condenarte. Ahora tú eres libre.”

De esto se trata todo. Es el mensaje del amor de Dios a su pueblo, diciéndole, “Nunca dejaré que el enemigo te atrape. No voy a permitir que él destruya tu vida, ni siquiera cuando me has fallado. Es realmente imposible que te apartes tan lejos de mi amor que no te pueda alcanzar. No existe un lugar en la tierra o en el cielo al que puedas escapar.”

El secreto del Señor es una revelación de la vida libertadora de su bondadoso amor para con nosotros en el momento en que fallamos. Es el Espíritu Santo quien nos dota con una revelación poderosa de que nada nos puede separar del pacto de amor de Dios. Él no está enojado contigo — así que aparta tus ojos de tu pecado, y recibe alegremente el libre acceso que todavía tienes al Padre, a través de la Cruz de Cristo.

Este secreto es que tu Salvador quiere que te regocijes y estés alegre — por que tus pecados pasados, presentes y futuros han sido borrados. ¡Aleluya!

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