El proceso de cernimiento | World Challenge

El proceso de cernimiento

David WilkersonJuly 16, 2001

La noche antes de su muerte, Jesús se sentó a la mesa y con él los apóstoles para compartir la pascua o fiesta de los panes sin levadura. El grupo tuvo un tiempo de intima comunión con el Señor. Al terminar la cena, Jesús dijo "Mas he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa" (Lucas 22:21). Que terrible verdad fue revelada en tan especial momento. Satanás audazmente había entrado en uno de los discípulos del Señor, Judas. (Lucas 22:21)

Otro suceso tuvo lugar en esa mesa. Jesús tomó el pan y dio gracias y lo partió y les dio diciendo: Este es mi cuerpo que por vosotros es dado. El discípulo que lo iba a entregar extendió su mano poseída por el diablo y recibió el pan. Fue como si Satanás mismo hubiese tomado el cuerpo del Señor entre sus manos para destruirlo.

Usted se preguntará como yo: ¿Cómo pudo el diablo poseer a Judas? Ninguna persona puede caer tan profundamente en una noche. Ningún ser humano podría sorpresivamente ser alcanzado por el pecado de tal manera que intencionalmente traicionara al Hijo de Dios, sabiendo que esto le acarrearía la muerte. Tristemente, lo cierto es que Judas fue una conquista fácil para el diablo. El evangelio revela que Judas tenía un historial de codicia y robaba de la bolsa del grupo (Juan 12:6). Y como el guardaba este espíritu de codicia, a Satanás le fue fácil engañarlo y poseerlo en el momento propicio.

La misma situación sucede a los cristianos una y otra vez a través de los siglos; Satanás ha vencido a multitud de creyentes que no han permitido ser liberados de una debilidad que los inclina a pecar una y otra vez en la misma área. He visto multitud de ministros dedicados a servir al Señor, caer a derecha e izquierda, hombres que en otro tiempo fueron poderosamente usados por Dios. A través de los años esos predicadores se enredaron en un deseo carnal que ellos nunca quisieron dejar ir. Y ellos cayeron pesadamente, perdiéndolo todo.

Judas mismo fue poderosamente usado por Dios. El hizo junto a los demás apóstoles milagros, reprendiendo demonios y sanando enfermos. Igual que los demás, él caminó cerca al Señor, la Palabra viva. Las multitudes que rodeaban a Jesús lo reconocían como un devoto servidor de Dios.

La Biblia deja esto claro: desde el principio, Judas era un infame servidor de sus deseos y avaricia en secreto y nada de lo que este hombre vio o escuchó de Jesús logró tocar el pecado de su corazón. Judas se entregó completamente a su pecado, y como resultado fue poseído por Satanás.

Una vez conocí a un pastor que tuvo esta experiencia. El mismo me comentó, "Mi padre fue un predicador por cincuenta años, y siempre fue pobre. Cuando se retiró él y mi madre estaban totalmente empobrecidos que difícilmente podían sobrevivir. Hace pocos años cuando fui a visitarlos a su casa-móvil, una voz se alzó en mí. Me dije que nunca terminaría como ellos, que haría negocios, lo que fuera necesario, para asegurar mi porvenir.

Este hombre fue líder de su denominación, tenía a su cargo muchos pastores. Pero pronto empezó a hacer inversiones en negocios de bienes raíces sospechosos. El sabía que esto estaba mal, pero nunca pudo romper el espíritu de miedo a la pobreza que lo perseguía. Igual que Judas este hombre fue una presa fácil para Satanás, finalmente invadió su avaro corazón.

Hace varios años un muy conocido evangelista fue expuesto por pecados sexuales, esto fue un escándalo para el mundo. Multitud de cristianos se preguntaban como un hombre piadoso pudo caer en este tipo de pecado. Antes de que esta situación fuera del dominio público, lo llamé para advertirle de lo por venir. Este hombre me confesó que había estado envuelto en pornografía desde que era niño. "He sido perseguido por años" me dijo, "He cargado con este pecado durante años en mi ministerio." En otras palabras, a pesar de estar predicando con todo el poder de Dios, era indulgente con su hábito. Obviamente esta esclavitud de pecado no se estableció de un día para otro. El diablo lo marcó a temprana edad y él nunca caminó en total triunfo.

Yo creo que multitud de cristianos hoy en día son como este hombre. Son usados por Dios; ellos alaban al Señor con devoción y le sirven sinceramente. Pero toleran un pecado en su vida, y con el tiempo este crece y se arraiga profundamente. Y ahora han llegado a ser una presa fácil para Satanás. Y éste invade el área de su debilidad y eventualmente los domina.

Ahora, en la Pascua, Satanás sabía que el reino de Jesucristo estaba por establecerse, entonces ya poseído Judas, determinó ir por otro de los discípulos. Yo creo que el hizo sentir su presencia en la mesa. "Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor." (Lucas 22:24) ¿Puede imaginarse semejante discusión? Acababan de tener un íntimo tiempo de comunión con su Señor, quién les declaró que iba a morir. Tal parece que ninguno entendió nada de lo que Jesús dijo. Por el contrario, empezaron a discutir quién estaría a cargo cuando el Señor faltara.

Esto debe haber sido un banquete para Satanás. Probablemente midió uno a uno los discípulos preguntándose "¿Quién será el siguiente? Natanael no, Jesús dijo que no era fácil de engañar. ¿Y qué de Juan? No, es muy cercano al Señor siempre inclinandose sobre su pecho. ¡Ah¡ allí está Pedro. Jesús lo llamó roca. En verdad Jesucristo dijo que fundaría su iglesia sobre la proclamación de Pedro, de que él era el Mesías. Si, Pedro es el indicado. Si pudiera atraparlo, podría debilitar la fundación de la iglesia futura."

La historia de Job, del Antiguo Testamento, probablemente le es familiar. Si es así, recordará que Satanás no pudo tocar este hombre de Dios, sin antes pedir permiso. Dios le dijo que sólo podía ir hasta un determinado punto con Job. Podía afligir su cuerpo, destruir y quitarle todo lo que tenía pero no podía tomar su vida.

Ahora Satanás estaba tramando un caso contra Pedro. Dijo "Jesús, usted ha proclamado que levantará su iglesia sobre el testimonio de este hombre. Entonces si está tan seguro de que Pedro es fuerte como una roca, déjeme cernirlo por un tiempo. Encontrarás que no es la roca buena para cualquier fundamento. En lo profundo Pedro es solamente arena. Ya sabe que tengo a uno de sus doce líderes. Y ahora declaro que Pedro se va a desmoronar exactamente como Judas.

Que increíble promesa de seguridad. Las palabras del Señor eran suficientes para llevar a cualquiera en fe y confianza durante toda la vida. Al escuchar estas palabras Pedro debe haberse sentido profundamente amado, pensando "tengo una promesa férrea del Señor. El me va a usar a través de la eternidad. Y eso absolutamente me libera para servirle ahora sin preocupación."

El estado de contemplación y júbilo de Pedro fue abruptamente interrumpido. Súbitamente, Jesús se dirigio a él con esta advertencia extraña: "Simón, Simón he aquí Satanás te ha pedido para zarandearte como a trigo" (22:31). Puedo imaginarme el desconcierto de Pedro. Él probablemente exclamó ¿Por qué me querrá Satanás, Señor? ¿Es mi corazón perverso? ¿Qué hice para ser seleccionado? Después de todo fui el primero en reconocer tu deidad. Cuando todos estos dudaban, yo no dudé. Inclusive caminé contigo sobre el agua. Entonces, ¿que significa eso de que voy a ser zarandeado? ¿Estás diciendo que Satanás preguntó si podría hacerme esto, y tu dijiste que si? ¿Dónde está tu protección sobre mi, Jesús? ¿Qué está pasando?

En ese tiempo Israel era una sociedad agricultora, por lo tanto todo el mundo estaba familiarizado con el proceso de cernir los granos. Los agricultores echaban el grano en los cernidores, típicamente un marco de madera de cuatro por cuatro con un fondo en tela metálica. Los trabajadores sacudían el cernidor vigorosamente, haciendo caer todo el sucio y la cáscara a través de la tela metálica, al piso. Solamente los granos permanecían en el cernidor.

Obviamente, cernir, es un proceso de purificación, separando lo malo e inútil, de lo bueno y productivo. Se preguntarán ¿por qué Satanás querrá zarandear a Pedro si solamente buen fruto saldrá de esto?" En mi opinión, Satanás pensó que la fe de Pedro fallaría en el proceso. Él planeaba sacudirlo tan violentamente que podría probar que las semillas de su fe eran sólo cáscaras.

Pedro le respondió a Jesús, "Señor, estoy listo para cualquier cosa. Estoy dispuesto a seguirte a la cárcel, a ser crucificado contigo, a morir a tu lado. Ya me has dicho lo que está reservado para mí en la eternidad. ¿Qué daño puede hacerme una pequeña cernida?" (vea Luc. 22:33). Sin embargo, la verdad es que nadie está listo para ser cernido. No hay nada que podamos hacer en nuestra carne que nos prepare para la terrible sacudida que Pedro estaba por experimentar.

Creo que el Señor permite que Satanás sacuda en particular a cristianos presumidos y muy confiados. Este tipo de creyentes bien entrenados están convencidos que pueden manejar cualquier cosa que Satanás les arroje. Ellos se jactan, "Si el enemigo alguna vez trata de tumbarme, lo pisotearé con el poder de Dios. Lo ahuyentaré de mi vida con la Palabra. El diablo no puede tocarme."

He oído esta clase de comentarios jactanciosos desde púlpitos por toda América. Por supuesto, estoy de acuerdo en que tenemos la victoria sobre Satanás por la fe en la obra del Señor Jesucristo en la cruz. Pero de todas maneras en uno u otro momento, todo cristiano enfrenta inesperadamente una sacudida violenta y nunca se da cuenta que es el diablo quién está detrás de ella. Constantemente están pasando cosas en el mundo espiritual de las que sabemos muy poco. No debemos ignorar las artimañas y herramientas del enemigo, sino como dice Pablo, "Ahora vemos por espejo, oscuramente" (1 Corintios 13:12).

Puede ser que en este momento usted esté pasando por una dura prueba, una sacudida inexplicable. Siente su vida boca abajo, al reves, y estará pensando que será por algo malo que hay en su corazón. Pero todo el tiempo es Satanás, cerniéndolo como a trigo, con el permiso de Dios.

No me mal interprete: el diablo no puede atacar al pueblo de Dios en cualquier momento que elija. Él no puede tumbarnos a su voluntad. Además, tenemos esta seguridad: La única gente que el Señor permite ser cernida, es la que Él usará para levantar la iglesia caída. Nuestros periodos de cernimiento tienen como propósito fortalecer y purificar nuestra fe. Sólo entonces el Señor Jesus podrá usarnos en la obra de la restauración de su iglesia en los últimos días: "Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David" (Hechos 15:16).

Jesús señaló la diferencia entre el cernir y la guerra espiritual a sus discípulos: "… el que no tiene espada, venda su capa y compre una" (Lucas 22:36). En esencia, Cristo estaba diciendo: "Yo estoy próximo a dejarlos, y ustedes van a enfrentar intensa guerra espiritual. Todo este tiempo, que he estado con ustedes los he protegido. Pero ahora deben vivir por fe. Van a tener que tomar la espada espiritual y pelear la buena batalla de la fe.

Sin embargo, hay algo más difícil que la guerra espiritual. El proceso del cernimiento. Es combate mano a mano con Satanás mismo, una batalla que poca gente experimenta. "Pedro, vas a ser puesto en manos de Satanás por una temporada. Y una espada no te servirá de nada. El demonio está próximo a lanzar un ataque con el objetivo de destruir tu fe. El quiere robarte toda la esperanza que yo te he dado."

Cuando somos sacudidos, Satanás inyecta en nuestras mentes toda clase de perversidad de su arsenal. Y nos convence de que esto proviene de nuestro propio corazón y no del infierno. Es una prueba tan terriblemente desesperante e infernal, que Cristo no nos dejará entrar en ella sin antes darnos su promesa de orar por nosotros durante este proceso. Él le aseguró a Pedro "Pero yo he rogado por ti que tu fe no falte" (Lucas 22:32). Él estaba diciendo: "Pedro, sé perfectamente que esta es una feroz batalla sobre tu fe. Y yo voy a estar orando por ti en todo momento mientras estes bajo el ataque. Yo te digo por adelantado, que tu fe no fallará."

Jesús advirtió la severa prueba por la que Pedro pasaría. " Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy, antes que tu niegues tres veces que me conoces" (22:34). Pero Pedro creía que estaba listo. Pocas horas más tarde, cuando una multitud llegó para arrestar a Jesús, el discípulo se levantó a pelear por su Señor. Valientemente tomó su espada y cortó la oreja de un hombre.

Pero la sacudida de Pedro no comenzó hasta mas tarde. Empezó cuando Jesús estaba frente a sus acusadores en el salón de juicio. Pedro estaba afuera calentándose junto a un fuego, cuando una joven lo reconoció: "Pero una criada, al verle sentado al fuego, se fijo en él, y dijo: También éste estaba con él" (Lucas 22:56). "Al fijarse ella en Pedro, él empezó a temblar. Rápidamente respondió "Mujer no lo conozco" (22:57).

En esos momentos Satanás tenía a Pedro en el colador. Y comenzó a sacudirlo ferozmente. La Biblia dice "Un poco después viéndole otro dijo: Tu también eres de ellos, y Pedro dijo: Hombre no lo soy" (Lucas 22:58). Ahora Pedro estaba aterrorizado, no sabiendo de donde venían sus palabras. Finalmente una hora mas tarde, otro afirmaba diciendo: "Verdaderamente también éste estaba con él,…Y Pedro dijo: Hombre no sé lo que dices" (22:59-60). En ese momento según otro evangelio, Pedro comenzó a maldecir.

Trate de imaginar la escena. Sólo unas horas antes, este leal discípulo fue el más arriesgado defensor de Jesús, empuñando una espada contra toda probabilidad de triunfo. Y ahora, Pedro estaba completamente hecho pedazos, negando siquiera haber conocido a Jesús. Satanás debe haberse relamido pensando, "Ya tengo a Pedro. Acabe con él como con Judas. Ahora, voy por el próximo discípulo."

En el preciso momento de la tercera negación, las Escrituras dicen: "El gallo cantó, entonces vuelto el Señor, miró a Pedro" (Lucas 22:60-61). Imagine como se sintió Pedro mientras su maestro lo miraba. Sin embargo, les puedo asegurar, que la mirada de Jesús no fue una acusadora. Jesucristo no le estaba diciendo, ¿Cómo pudiste hacerme esto, Pedro? Me blasfemaste, me negaste, aun cuando toda esta gente sabe que eres mío. ¿Cómo pudiste caer tan bajo, después que hice tanto por ti?"

Al contrario, Jesús predijo estos eventos para el bienestar de Pedro. Y ahora lo miraba para apoyarlo, como diciendo, "Sostente fuertemente, amigo. Yo te advertí que Satanás te cerniría, recuerdas? Él quiere hacerte caer y destruir mi iglesia. Pero te recuerdo ahora, Pedro, que serás restaurado. Eres importante para mí. Así que no huyas de mí. Esta batalla terminará. Y tengo una obra grande por delante para ti."

Ciertamente, Jesús le había dicho a Pedro: "Y tu una vez vuelto, confirma a tus hermanos" (22:32). El significado literal en griego aqui es, "Cuando regreses, fortaleze a tus hermanos y hermanas." Cristo estaba diciendo, en otras palabras, "Me vas a negar Pedro. Sin embargo, te digo ahora, vas a ser restaurado. Y después de esto, tendrás algo valioso para darle a otros. Serás una bendición a través de lo que has aprendido."

Esta es la razón por la cual Dios permite que seamos cernidos. El apóstol Pablo escribió: "Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación. El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios…Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestro consuelo, que obra al soportar las mismas aflicciones que nosotros también sufrimos. Y nuestra esperanza respecto de vosotros está firmemente establecida, sabiendo que como sois copartícipes de los sufrimientos, así también lo sois de la consolación." (2 Corintios 1:3-7).

Claramente; Dios permite a sus siervdos pasar por aguas profundas, soportando crisis que ellos no pueden comprender, para que ellos puedan ser testimonio y consuelo a otros. De esta manera los cristianos que han sido cernidos pueden ayudar a restaurar esas partes de la casa de Dios que han caído.

Piense en esto, la cernida de Pedro no tenía nada que ver con tentaciones carnales, tales como lujuria, codicia, o envidia. No, el ataque de Satanás fue para desvalidar las promesas de Dios para este hombre. El quiso convencer a Pedro de que no era merecedor de las promesas de Jesús en el cielo. Y por un tiempo Satanás tuvo éxito. Después de que Jesús miró a Pedro, éste salió y lloró amargamente. Imaginese las mentiras que Satanás estaría gritándole a este quebrantado hombre:

"¿Así que eres la roca de Jesús? ¿Eres el que va a restaurar la iglesia en ruinas? Mírate Pedro, eres un debilucho, un llorón, un blasfemo. Has negado a quién te llamó y te amó. Si piensas que vas a sentarte a la mesa de Jesús en el paraíso, olvídalo. Has pecado contra la luz del mundo. No mereces sus promesas. Eres perverso y estás acabado. Tu vida a terminado."

Sin embargo, Pedro no tenía idea que estaba siendo equipado con un mensaje vital para la nueva iglesia: "Yo he estado en profunda desesperación y desesperanza como ustedes nunca sabrán. Y mi Señor me levantó para que yo les traiga consuelo."

En Juan 21, Jesús ya había resucitado de los muertos y había aparecido a sus seguidores varias veces. Sin duda, cuando Cristo entró al aposento alto a través de las paredes, los miró uno a uno, incluyendo a Pedro, con el tierno amor del Padre.

A pesar de todo, Pedro evidentemente seguía tambaleándose por su experiencia. Un día les declaró a los otros; "Voy a pescar" (Juan 21:3). En otras palabras, el regresaba a su profesión de pescador. El no se veía a si mismo apto para ser un líder espiritual. El probablemente pensó, "Dios no puede usar un hombre como yo. He pecado como ninguna otra persona en la historia de la humanidad. No queda nada para mí."

Quizás recuerdas la historia desde este punto. Pedro convenció a algunos de los otros de los discípulos a ir con él. Pescaron toda la noche pero no sacaron nada. Entonces en las tempranas horas de la mañana, una figura los llamó desde la orilla. El les dijo que lanzaran sus redes al otro lado de la barca. Cuando lo hicieron sacaron tantos peces que la red comenzaba a romperse.

Pedro sabía que esa figura tenía que ser Jesús. E inmediatamente se lanzó al agua y comenzó a nadar hacia la orilla. Allí encontró a Cristo preparando desayuno para todos ellos. Cuando los otros llegaron, Jesús los invitó, "Vengan y coman" (Juan 21:12). El Señor estaba extendiendo sus brazos hacía sus elegidos, deseando traerlos nuevamente a una plena comunión con él. Y tenía a Pedro en mente, especialmente.

Durante la comida, Jesús le preguntó al discípulo tres veces, "¿Pedro me amas?" Y las tres veces Pedro le respondió, "Señor sabes que te amo" (Juan 21:15-16). Tiene que entender que Jesús no estaba preguntando para convencerse de la devoción de su discípulo. Tampoco estaba haciéndolo por el bien de los otros. Era solamente por el bien de Pedro. En esencia, Cristo estaba diciéndole a Pedro, "Se que estás seguro de mi amor por ti. Estas convencido que te amo completa e incondicionalmente, a pesar de tus fallas. Pero quiero que te convenzas de algo más y eso es de que YO SÉ QUE ME AMAS.

Has regresado a mi completamente, Pedro. Y se que nunca más me traicionarás. Conozco tu corazón, y sé que me amas con todo tu ser. Así que no permitas que Satanás te robe esa seguridad. Es obvio que estás seguro en mi amor por ti. Ahora, está seguro en tu amor por mí. Esto te preparará para el trabajo que he preparado para tu futuro. Y esto es "apacienta mis ovejas" (Juan 21:17).

Amados, nuestro cernimiento termina cuando le podemos decir al diablo: "Mi salvador me ama incondicionalmente, a pesar de todos mis pecados, porque he regresado a su amor. Además, él me ha convencido que aunque yo le he fallado, él sabe que yo le amo con todo mi corazón. Así que, diablo, no puedes robarme nunca más esta seguridad. No permitiré que me digas lo contrario. Amo a Jesús y él lo sabe."

Como Pedro, yo he sentido ese toque especial de Jesús en mi vida. Me he apropiado de una promesa preciosa que él me dio, que mis últimos días serían los más productivos. También de él he recibido, el pan de vida en dulce comunión. Y he creído su promesa de que una corona me espera en gloria.

Pero al igual que Pedro, también me he encontrado inesperadamente en batallas espirituales que estaban más allá de mi comprensión. He soportado persecución diabólica y acusaciones falsas. Y en cada situación, no he sabido si la causa era mi propia carne, el demonio, o la disciplina de Dios para purificarme de alguna iniquidad desconocida. Me he identificado con Job, el cual le preguntó a Dios: "Hazme entender por qué contiendes conmigo" (Job 10:2). Job estaba diciendo, "Señor, no se que está pasando. ¿Cuál es el propósito de esta profunda prueba en mi vida?"

Yo creo que nuestras experiencias de cernimiento aparecen entre tiempos de poderosa revelación y periodos de grandiosa utilidad para el reino. Considere lo que Pablo aprendió en sus tribulaciones: "Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para la iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo" (2 Corintios 4:5-6).

Pablo está diciendo que durante sus tribulaciones el aprendió a predicar no a si mismo sino a Cristo únicamente. Para ese momento en su vida, él dejó de enfocarse en si mismo. Ahora toda su enseñanza, testimonio y vida fueron dedicadas completamente a exaltar a Jesús. Además, Pablo estaba recibiendo aún más profunda revelación. Él nos dice que el Espíritu Santo iluminó su corazón, trayendo aún más luz con la cual él podría revelar a Cristo a otros. Que maravillosa vivencia, totalmente humillado, mas lleno de revelación, luz y con la visión de la gloria de Dios.

Finalmente, Pablo explica que siguió a toda esta revelación: "Que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, mas no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos….De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida. (2 Corintios 4:8-12).

Note todas las palabras fuertes que usa Pablo aquí: atribulados, en apuros, perseguidos, derribados, llevando en el cuerpo la muerte de Jesús. Sencillamente, Pablo está describiendo el proceso del cernimiento. Al principio, él no podía entender por que cada obra maravillosa del Espíritu de Dios en su vida, estaba seguida por una turbulenta sacudida. Finalmente el Espíritu Santo le reveló la razón: No era para descubrir pecado en él, o para disciplinarlo o corregirlo. Mas bien, Pablo dice que fue por el bien de otros: "Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios….y eterno peso de gloria." (2 Cor. 4:15-17).

Pablo supo claramente porque algunos creyentes sufren más tribulaciones, soportan más sacudidas, enfrentan mayores pruebas: "Es por el bien del cuerpo de Cristo. Y al final, es para la gloria de Dios. Veras, mientras otros observan como usted responde en el fuego mas caliente, entenderán que Dios no los abandonará tampoco a ellos en sus tiempos de prueba."

Amado hermano en Cristo, el proceso de cernimiento por el que usted está pasando ahora mismo es para que su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo, la gente a su alrededor que ama al Señor. Asi, que no tenga temor en su tribulación. Jesús conoce el resultado. Y él está diciéndole, como le dijo a Pedro, "Resiste, amigo. Yo estoy orando por ti. Cuando toda la polvoreda aclare, serás restaurado. Y yo te voy a usar para la reconstrucción de mi iglesia. Tengo un propósito eterno con esta sacudida. Es todo para mi gloria."

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