La Capacidad de ser conmovido | World Challenge

La Capacidad de ser conmovido

David WilkersonAugust 15, 2005

En los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis, Jesús habla de una iglesia que ha muerto. Su amada iglesia vibraba con vida, disfrutaba de una buena reputación, pero ahora todo eso se ha ido. He visto tales iglesias candelabros en mis viajes alrededor del mundo: congregaciones desde Europa a Sur América hasta la ciudad de Nueva York, una vez llena del Espíritu Santo, prosperando y ganando muchas almas, pero ahora sin vida alguna.

El corazón de Jesús se rompe a causa de la condición de su iglesia. Y creo que nos ha dado estos dos capítulos en Apocalipsis precisamente para enseñarnos que causa la muerte espiritual, ya sea en congregaciones, en las familias o en los individuos. Sus palabras amorosas tienen el propósito de ayudar a cada creyente y a la iglesia evitar esta trágica condición de los últimos días.

Sin embargo, tristemente, Apocalipsis 2 y 3 están entre los pasajes más abandonados en toda la Cristiandad. Son raramente predicados, y muy poco sobre ellos pueden ser encontrado en comentarios bíblicos. Aquí está el último y más solemne mensaje del Señor a su gente, poseyendo la promesa de su bendición para todos los que la leen y escuchan. ¿Por qué han sido estos capítulos ignorados? Estoy convencido que una de las razones es que el diablo odia completamente este pasaje. Después de todo, contiene el antídoto del Señor contra lo moribundo, lo seco y la apatía en su iglesia, y puedes estar seguro que el enemigo no lo quiere revelado.

Aquí está el contexto del pasaje: en Apocalipsis 1, Cristo se le aparece al apóstol Juan en una visión caminando en medio de siete candelabros y llevando siete estrellas en su mano derecha. Jesús le explica esta visión a Juan: “Las siete estrellas son las siete iglesias (en Asia)” (Apocalipsis 1:20). Casi todos los comentaristas bíblicos concuerdan en que estas eran literalmente, iglesias históricas en Asia. La mayoría de las fuentes también concuerdan en que los “ángeles” representan los pastores de esas iglesias. Cristo le estaba instruyendo a Juan a enviarle una carta a cada uno de esos pastores.

Una escuela de interpretación se llama dispencionalismo. Esta enseña que las siete iglesias representan siete fases sucesivas de la iglesia. La primera fase comenzó con la construcción en Efesio (Apocalipsis 2:1ff). Esta interpretación sugiere que estamos en la fase Laodicea.

La otra escuela de pensamiento enseña que las siete iglesias coexistían a la misma vez-ilustran condiciones que existían en cada época de la iglesia. Así que, las siete cartas eran para los pastores en todos los tiempos, desde el primer siglo hasta los últimos días.

La intención de Jesús era que estas siete cartas fueran de corrección, o reprensiones amorosas a su gente. Cada carta era de ser leída por el pastor a la congregación y era responsabilidad del ministro la de responder por la iglesia. Él era el guardián del rebaño, y si no era conmovido y cambiado por la palabra de Dios, muerte espiritual se adentraría en la congregación. Piensa por un momento quienes eran estos dos pastores: eran los hijos espirituales de Juan y el apóstol Pablo. Pensarías que por esta razón sus iglesias estarían muy despiertas y en fuego. Pero estos pastores no eran diferentes que los muchos de hoy, teniendo lapsos de celo y discernimiento.

Ahora considera las palabras de Jesús a estas iglesias. Él le dice al pastor en Efesio: “Has dejado a tu primer amor y caído en la apatía.” ¡Arrepiéntete! Al pastor en Pergamo: “Has permitido que la doctrina se adentre. Un espíritu del mundo y no cristiano está trabajando en tu medio.” Al pastor en Laodicea: “Tu y tu gente se han tornado indiferentes porque han prosperado. Están tibios ahora, sin fuego, hambre o crecimiento. “¡Arrepiéntanse! (Vea Apocalipsis 2 y 3). Todo esto es lenguaje fuerte. Sin embargo, no malinterpretes: Cristo no dictó estas cartas como mensajes de coraje, sino como cartas amorosas con el propósito de despertar a su iglesia. Está tratando de sacudir a su gente de la pereza, a enseñarles el peligro al cual se dirigen.

Pero Satanás ha logrado mayormente el esconder este mensaje poderoso de la gente de Dios. Estoy convencido que este logro en recientes años ha sido para engañar a multitudes con un evangelio diferente, uno que no es de sacrificio, no provoca y que aplaca la carne. Este evangelio mata toda convicción al pecado y ciega los ojos de todos los que deben ser despiertos. En resumen, le está robando a muchos la capacidad de ser conmovidos.

Isaías describe a lo que este estado espiritual conduce: “(Ellos”) no oirán la ley del Señor: (Ellos) dicen a los videntes, no vean; y a los profetas, no profeticen ante las cosas correctas, háblenos cosas fáciles, profeticen engaños: muévanse del medio, desvíense de la ruta, causando que el Santo de Israel se aparte de nosotros” (Isaías 30:9-11). Isaías esta diciendo, “La gente ya no quiere el mensaje de santidad. Han sido adormecidos por su decepción, ahora odian la ley de Dios. Solamente buscan un evangelio calmante y no convincente.”

“Ante el ángel [pastor] de la iglesia de Sardis, escribe…Conozco tus obras, tienes un nombre, vives, y estás muerto” (Apocalipsis 3:1). Cómo pastor, tengo que preguntarme, “¿Es esta una acusación contra nuestra iglesia y contra mi ministerio?” Puedo honestamente responder: “Absolutamente no.” La Iglesia Times Square sí tiene la reputación de tener vida y esa reputación esta anclada en la realidad. Todos los pastores y nuestros empleados están muy vivos en Cristo y caminando en el Espíritu.

Sin embargo, sí creo que Dios nos está haciendo una pregunta crucial en este pasaje: “¿David, tienes la capacidad de ser conmovido por tal carta mía a tu iglesia hoy?” Simplemente, la muerte espiritual le puede ocurrir hasta a una iglesia en fuego. Le pasó a las iglesias de reputación en Apocalipsis 2 y 3 y no nos atrevamos a pensar que no nos puede pasar a alguno de nosotros hoy.

Amados, si Jesús llama a una congregación muerta, está muerta. El pastor esta letárgico, la gente hace las mociones, el Espíritu ya no se mueve. Esto definió a los creyentes en Sardis: deshonrados, decaídos, sin poder ser conmovidos. Cristo nos dice que también había en esa iglesia un remanente santo y despierto, y dice que todavía tiene esperanza en ellos. “Ustedes tienen unos cuantos nombres aún en Sardis que no han deshonrado sus vestimentas” (Apocalipsis 3:4).

Cuando Jesús habla de “vestimentas deshonradas” aquí, esta describiendo muerte espiritual. Sin embargo, ¿qué causó esta deshonra de aquellos creyentes en Sardis? Pasó porque algo tenía poder de sus corazones, un “interés especial.” En una vez, el centro de la atención de todos eran los intereses de Dios: obras caritativas, una mente fija en las misiones, la fiel congregación de su cuerpo. Simplemente, el trabajo de Cristo era su mayor preocupación. Pero ahora, todos estaban corriendo detrás de sus propios intereses.

Ves, Sardis era un pueblo prospero, conocido por derretir oro y la fabricación de vestimentas finas. Estaban ganándose la vida, construyendo sus negocios y cuidando a sus familias. Pero todas estas cosas los consumieron a tal punto que comenzaron a abandonar los trabajos de Dios. Así que Jesús les dio una advertencia al remanente fiel allí: “Estén vigilantes y fortalezcan las cosas que quedan, que están por morirse; pues no he visto sus trabajos perfectos [terminados] ante Dios. Acuérdense como han recibido y manténganse firmes, y arrepiéntanse” (Apocalipsis 3:2-3).

¿Qué quiere decir Jesús aquí cuando habla de cosas que “están por morirse?” Está diciendo, “Cuidado. El entusiasmo que una vez tenían por mi casa—su pasión por mi Palabra, su gozo por la adoración publica, su amor el uno por el otro—ha estado muriéndose. El letargo está cayendo sobre sus ojos, y están tornándose tibios. ¡Despiértense! Si no lo hacen, pueden terminar espiritualmente muertos.”

Cuando Jesús estaba en la tierra, él testificó, “Estoy consumido por el celo por la casa de mi Padre.” (Vea Juan 2:16-17).

Ahora su mensaje a los Cristianos en Sardis, y a nosotros hoy, es este; “Disfrutaron de mi favor, con una buena reputación por doquier. Fueron bendecidos con adoración poderosa y predicación apostólica. Pero en vez de moverse hacia adelante en esas bendiciones, comenzaron a pensar, ‘Hemos llegado.’ Así que se relajaron. Ya no estaban vigilantes y la indiferencia comenzó a adentrarse. Ahora se han fijado en una zona espiritual cómoda. Les digo, no han terminado la carrera. No han cumplido con la misión que les he dado. Y los amo demasiado como para dejarlos desencaminarse. Ahora, arrepiéntanse, y regresen al celo que una vez tenían por la casa de mi Padre. Permitan que su alma sea conmovida por mis palabras a ustedes.”

La palabra de Dios nos enseña que sucede cuando abandonamos su casa y le damos primer lugar a nuestros propios intereses. Está todo ilustrado en el libro de Hageo. Tengan en mente, el pastor en Sardis conocía este libro profético, y estoy convencido que debía de haber estado predicando sus advertencias a su iglesia. Ciertamente, el mensaje de Hageo contenía el antídoto necesario para curar esta condición. Sin embargo, tengo que aplicar la misma norma a mí mismo: Yo también tengo la profecía de Hageo. ¿Tengo la capacidad de escucharla?

Cuando Hageo profetizó, Dios había sacado a su gente de Babilonia y los había guiado de regreso a Jerusalén para reconstruir su casa. El Señor deseaba una “iglesia candelabro, “donde pudiese manifestar visiblemente su presencia entre su gente. Quería que la nación vea transformadas las vidas de los Israelitas y una tierra llena de su bendición y su gloria. Así que le ordenó a Israel, “Enfocate en mi iglesia—esa es tu primer misión. Si eres fiel en cuidar de mi casa, yo cuidaré de la tuya.”

La gente comenzó haciendo lo que el Señor les instruyó, comenzando a reconstruir su templo. Pero después de un tiempo, dijeron: “El tiempo no ha llegado, el tiempo que la casa del Señor debe ser construida” (Hageo 1:2). La interpretación aquí es, “No tenemos tiempo para hacer ese trabajo. Estamos muy ocupados.” En realidad, se consumieron en construir sus propias casas finas y negocios.

¿Cuál fue la respuesta del Señor? Les dijo a través de Hageo, “Es tiempo para ustedes, habitan en sus casas y esta [mi] casa es desperdiciada” (1:4) “Mi casa [se encuentra] desperdiciada, y todo hombre corre hacia su propia casa. Pero están tan ocupados construyendo sus propias casas que han abandonado la mía. Las preocupaciones de Jesús ya no son su enfoque. Están consumidos por sus propios intereses.”

Creyente, pregúntate: ¿eres culpable de la misma deshonra? ¿Tienes la energía para correr a todas partes a atender tus propias preocupaciones—tus hijos, tu familia, tu entretenimiento—pero no tienes energía para los intereses del Señor? ¿Tienes tiempo para tu propia casa, pero solo unas horas el domingo por la mañana para la casa del Señor? ¿Haces tiempo para ir de compras o ver la TV, pero tienes poco o ningún tiempo para la oración? Más importante, ¿tienes la capacidad para ser conmovido por estas palabras del Señor?”

Ahora Dios dice a través de Hageo, “Déjame enseñarte lo que les sucede a aquellos que abandonan mi casa y que “corren hacia su propia casa”: El profeta declaró “Aquel que ha ganado sueldo, gana sueldo para echarlo en una bolsa con agujeros…Buscaron mucho, y, encontraron poco, y cuando lo llevaron a su casa, lo soplé….llame una sequía’ (1:6, 9, 11). Hageo estaba diciendo: “Se esforzarán y esforzarán, pero no echarán hacia adelante. Todo el dinero que hagan desaparecerá. A pesar de todo tu trabajo duro y tu esfuerzo, no tendrás suficiente.”

Ahora pregúntate: ¿está Dios “soplando” en tus finanzas? ¿Te preguntas porque trabajas tan duro pero todavía sigues quedándote atrás? ¿Encuentras curioso el que no encuentres satisfacción en lo que adquieres? Hageo nos dice por que todo esto esta ocurriendo “¿Por qué? Dice el Señor de loe Ejércitos: Porque de mi casa que es desperdicio [abandonada]” (1:9)

Los creyentes en los tiempos de Hageo pudiesen haber tenido suficiente. Podían haberse regocijado en las bendiciones de su propia casa, bendiciones provistas por un Dios amoroso. Ciertamente, el Señor les dijo, “Todo este tiempo, les pude haber bendecido sus pasos, trayendo cosechas en las tierras y frutos en las viñas, bendiciendo sus hogares y sus familias. Pero como estaban tan consumidos por sus propios intereses, y abandonando mis preocupaciones, he causado que en sus vidas haya insuficiencia.” Así, que leemos: “Los ataco con una destrucción y con moho y con hiel en todas las labores des sus manos; si no me buscan, dice el Señor” (2:17)

El Señor simplemente no aceptará estar en segundo lugar en ninguna de las vidas de su gente. Y a pesar del egoísmo y el abandono de Israel, el Señor no perdió la esperanza en ellos. Considera sus palabras a ellos a la altura de sus búsquedas egoístas: “Entonces habló Hageo, el mensajero del Señor…. Diciendo, estoy contigo dijo el Señor” (1:13). el mensaje de Dios era el mismo que las palabras de Jesús a la iglesia en Sardis: “Tengo un propósito para ti. Y los amo demasiado para dejarlos desencaminarse.”

Agraciadamente había un pequeño remanente en Israel que tenía la capacidad de ser conmovida por la palabra de Dios. La Escritura nos dice que Zerubabel, Josué el sumo sacerdote y todos los ancianos respondieron al mensaje de Hageo: “El Señor movió el espíritu de Zerubabel, el hijo de Sheatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué…y el espíritu de todo el remanente de gente; cuando fueron a hacer el trabajo del Señor de los ejércitos, su Dios’ (1:14)

Aquí esta el resultado de su obediencia; ahora que la casa de Dios ocupaba el primer lugar en sus corazones, les prometió bendecirlos, y hasta le puso fecha a ello. “Considera en este día en adelante, desde las cuatro y veinte del noveno mes…aunque como tu, la viña el árbol de higo, y la granada, y el árbol de oliva, no ha dado fruto: desde este día te bendeciré” (2:18)

Hageo les dijo: Aunque no has visto una bendición fresca a primera instancia. Sin embargo estás en plenitud como nunca habías visto. Aún antes de verlo ocurrir, puedes ahora estar seguro: desde este día en adelante, el Señor te bendecirá.”

Así como la iglesia en los tiempos de Hageo—y después, la iglesia en Sardis—el Señor no se dará por vencido de una iglesia candelabro, aunque haya caído en el egoísmo y el abandono. Y el primer trabajo de tal cuerpo y sus pastores es el preguntarse; “¿Tengo la capacidad para escuchar la palabra del Señor para nosotros, sin importar cuan duro suene?”

Una vez Israel fue conmovido, y regresó a construir la casa de Dios, comenzaron a darle a Dios lo que merecía. Estaban dando el diezmo, sirviendo y ofreciendo sus servicios a cada trabajo que lo necesitaba. También comenzaron a adorar corporalmente una vez más, trayendo a sus familias de nuevo al respeto hacia la casa del Señor, y dejando de desamparar la asamblea de su cuerpo. Entonces, tres meses desde el día que fueron conmovidos y retornaron al plan de Dios, comenzaron a ver las bendiciones que el Señor les había profetizado.

Así, que querido santo, ¿tienes la capacidad de escuchar la palabra del Señor a través de Hageo, y de Dios mismo en Apocalipsis 2 y 3? ¿Puedes honestamente decir, “O, Dios, mi corazón está abierto. Por favor, Jesús, enséñame--¿tengo el celo que tenía por tu casa? ¿Tengo el gozo que una vez tenía en ti? ¿Tengo todavía el hambre de caminar en intimidad contigo? ¿O, tengo mis propias intenciones echando a un lado tus preocupaciones?

Déjale hablarte de sus preocupaciones. Y camina en las bendiciones que él ha prometido proveerte, a la misma vez que cumples con su casa.

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