La Exclusividad de Cristo | World Challenge

La Exclusividad de Cristo

David WilkersonOctober 29, 2001

El jueves, 20 de septiembre de 2001, el presidente de los Estados Unidos dio un poderoso discurso al Congreso y a la Casa de Representantes. Él amonestó a América que estamos ahora en guerra contra el terrorismo mundial. El presidente llamó a esta guerra una batalla entre la liberta y el terrorismo religioso. Los terroristas contra los cuales estamos ahora en guerra buscan imponer sus creencias religiosas sobre el mundo entero.

Ese es el objetivo verdadero de todos los extremistas islámicos. Ellos desean reemplazar la Biblia por el Corán. Y buscan imponer una religión sobre la tierra: el Islam.

Sin embargo, la guerra presente va mucho mas allá de este conflicto. La guerra en la cual estamos envueltos siempre ha estado y siempre estará, entre dos poderes eternos: los principados y poderes de Satanás y el Hijo unigénito de Dios, el Cristo divino. Déjeme explicar.

Esta guerra comenzó hace eones en el cielo. Una guerra real tomo lugar, con el Arcángel Miguel y un ejercito de ángeles peleando contra Lucifer y sus ángeles rebeldes quienes se habían unido a él. “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él.” (Apocalipsis 12:7-9)

Lucifer, a quien llamamos Satanás, perdió la batalla. Y fue lanzado a la tierra con otros ángeles rebeldes (que formaban un tercio de todos los ángeles en el cielo). Así, que ahora la guerra comenzó a tomar lugar en la tierra. El diablo organizó un reino subterráneo secreto con sus ángeles demonizados. Y comenzó a hacer guerra contra el pueblo de Dios poseyendo los cuerpos de seres humanos perversos.

Satanás comenzó su propia religión, uniendo a esos que él ya poseía en un cuerpo mundial. Asigno a gente poseída por los demonios para que fueran profetas, maestros y hasta gobernantes de naciones. Y los envió a extender su evangelio inicuo por toda la tierra. Pero el diablo tenia un problema. No podía ganar convertidos a través de sus enseñanzas. No podía convencer ni persuadir a nadie con su evangelio. ¿Por qué? No producía vida. No proveía paz, gozo ni poder sobre el pecado esclavizador.

Satanás entonces decidió hacer guerra y sus armas eran el temor y la fuerza. Resumidamente, el diablo levanto un ejercito de terroristas para que quebrantaran la oposición. Y uso este ejercito sediento de sangre para tomar a las naciones. Puso a sociedades bajo su mando demoníaco y desató a millones de misioneros de estas naciones para que fueran a extender su evangelio. Muchos han pagado con su vida para imponer su religión mundialmente.

La guerra que Satanás hace ha sido siempre contra el pueblo de Dios. “Y cuando el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer [la iglesia] que había dado a luz al hijo varón [Cristo]”. (Apocalipsis 12:13) Esta persecución comenzó con la iglesia de Dios en el desierto. Satanás poseyó al faraón de Egipto para así poder destruir a Israel a través de la esclavitud. El diablo sabía que Cristo vendría a través del linaje de Israel. Así, que busco destruir a Israel para entonces prevenir el nacimiento del hijo varón.

Pero la escritura dice que “un gran águila” bajo para rescatar al pueblo de Dios: “A la mujer se le dieron dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto… donde es sustentada por un tiempo y tiempos y la mitad de un tiempo”. (12:14)

El Señor sacó a su iglesia de Egipto, y la cubrió con sus alas divinas de protección. “La porción de Jehová es su pueblo… le halló en tierra del desierto… los trajo alrededor, los instruyó, lo guardó como a la niña de su ojo. Como el águila que excita su nidada, revoltea sobre sus polluelos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas; Jehová solo le guió. (Deuteronomio 32:9-12).

Que imagen tan increíble. Como una madre águila, Dios recogió a la iglesia y la ha cargado a través de cada prueba: en el Mar Rojo, en el desierto y en la tierra prometida. Solo él la guardaría y la preservaría para que llevara fruto en Cristo.

La escritura nos indica que el dragón inundó a Israel con principados demoníacos. “Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuera arrastrada por el río.” (Apocalipsis 12:15) La misión de estos poderes satánicos era seducir a la gente de Dios para que practicaran idolatrías diabólicas. Vemos suceder esto cuando las naciones alrededor de Israel lo seducían con todo tipo de sensualidades.

Esta inundación demoníaca continuo a través de la historia de Israel, desde el tiempo de los reyes hasta los profetas. David describe como era abrumado por ríos de hombres inmundos y aguas profundas. De esa misma manera, Isaías escribe, “… porque vendrá el enemigo como río” (Isaías 59:19).

Finalmente, al final del Antiguo Testamento, la iglesia parecía estar mortalmente herida. El río de Satanás había casi derrotado al pueblo de Dios. Para entonces, la adoración de Israel estaba contaminada, mezclada con sensualidad e idolatría. Ese estado horrible causo que Dios llamara a su pueblo y le dijera, “¿Dónde está mi temor? (Malaquías 1:6). Y a los sacerdotes les habló con voz tronante, “Oh sacerdotes que menospreciáis mi nombre… en que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo… no tengo complacencia en vosotros, dijo Jehová de los ejércitos, tampoco he de aceptar la ofrenda de vuestra mano…” (Mal. 1:6-14).

Sin embargo, al final de Malaquias, el ultimo libro del Antiguo Pacto, vemos un rayo de luz. El Señor proclama en el capítulo final: “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia y en sus alas traerá salvación; y saldréis y saltaréis como becerros de la manada. Hollareis a los malos, los cuales serán cenizas bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actué, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Mal. 4:2-3).

Dios ha tenido un remedio para su iglesia herida. El Sol de justicia vendrá a traer victoria. Cuando el infierno parecía haber ganado, el cielo grito: “Viene tu socorro. No temas. Las puertas del infierno no prevalecerán contra el pueblo de Dios.”

Usted ve, Dios supo en todo momento que la inundación demoníaca vendría. Nuestro Señor jamás será sorprendido fuera de su guardia. Él conoce el principio del fin. Y él sabía que la inundación satánica en la iglesia tendría que ser impedida antes que consumiera al pueblo de Dios.

Las escrituras revelan la ayuda que había de venir. “Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y trago el río que el dragón había echado de su boca.” (Ap. 12:16). La ayuda llegó a través de la resurrección de Cristo. Cuando “la tierra abrió su boca”, abrió la tumba que aguantaba al Mesías. Satanás no pudo mantener a Jesús sellado debajo de la tierra. Dios abrió la tumba y Cristo resucito. Y su resurrección se tragó el poder del río de Satanás. La victoria de la cruz predeterminó el fin de toda oposición del infierno.

¿Qué sucedió después? “Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo. (Mal. 12:17). ¿Quién es este remanente de la semilla de la mujer? Somos nosotros, la iglesia. El diablo esta ahora en guerra con el pueblo de Dios otra vez en esto últimos días.

Los ataques de Satanás no están apuntados a lo que el mundo llama la iglesia. Su batalla no es contra sistemas religiosos. Satanás esta atacando la semilla santa, el remanente que exalta a Cristo. Esta en guerra con aquellos que creen y predican a Jesucristo como el Señor.

La controversia central de esta guerra es la divinidad de Jesús. ¿Es este el Cristo, el unigénito del Padre, Dios encarnado, el Salvador del mundo? ¿O, era Jesús tan solo otro profeta que hacia el bien? ¿Era un hombre ordinario, no divino, no el Salvador resucitado quien se sienta con Dios en gloria?

El apóstol Pedro testificó de la exclusividad de Cristo. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. (Hechos 4:12) Pedro absolutamente lo hace exclusivo; porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres que provea salvación eterna. Jesús es solo el Mesías, el hijo divino de Dios y el no compartirá su gloria con otra entidad.

Así mismo, Pablo declara, “y cuál la supereminente grandeza de su poder con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cuál operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero” (Efesios 1:19-21) Pablo entonces añade que Jesús es la cabeza exclusiva de todas las cosas. “y sometió todas las cosas bajo sus pies y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo.” (Efesios 1:22-23).

Pablo también señala que un día cada criatura reconocerá a Jesús como Señor exclusivamente: “Por lo cual Dios también le exalto hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2:9-11).

Toda lengua en la creación testificara, no que Mahoma es señor, ni Alá, ni los millones de dioses hindúes, pero que Jesucristo es el único Cordero de Dios. Esta es la controversia central de esta guerra. Sin embargo, no se equivoque: la guerra presente no es por un nombre. Es por la divinidad de Jesús, el Señor resucitado.

Ahora mismo, la iglesia ecuménica apartada esta corriendo hacia los brazos de la estrategia de Satanás para una iglesia mundial. Eventualmente, esta iglesia unificada va a incluir a todas las religiones mayores del mundo: catolicismo, griega ortodoxa, islamismo, budismo, hinduismo y hasta el protestantismo. Y Satanás llevara a cabo un simple conformismo entre las religiones para traer esta unidad. ¿Qué los unirá? El nombre de Jesús.

Desde luego, que el Jesús que une a estos grupos será un Cristo diferente, de un evangelio diferente. Sin embargo, este mismo nombre causara que las denominaciones evangélicas se unan a otras religiones diciendo, “Podemos estar de acuerdo en una cosa: Jesús fue un maestro y profeta. Y él es un espíritu de bondad humana en todos nosotros. Todos podemos aceptarlos como un hombre santo.

Imagínate al creador del universo siendo reducido a esto. Jesús no será ya aceptado como el Cristo, el Señor divino. La iglesia ecuménica negara la idea de su resurrección y su poder salvador. En cambio, lo usaran para unir a otros en la religión mundial de Satanás.

El hecho es, que el mundo completo abrazará a Jesús como que es solo un hombre. Satanás no tiene problema con eso. Él puede aceptar la admiración mundial y alabanza a un Jesús humano. Ciertamente, muchos escritores han exaltado las obras humanas de Jesús pero se han burlado de su divinidad. Muchas palabras bien adornadas han sido escritas sobre él por ministros agnósticos.

Cuando la trompeta del mensaje de la iglesia mundial del diablo finalmente suene a través de la tierra, millones de cristianos tibios serán engañados. Ellos razonaran, “Esta unión de todas las iglesias debe estar bien. Sus lideres hablan tanto sobre Jesús. Cualquiera que hable de Jesús tanto debe tener una fe cristiana legitima.”

No podrán estar más equivocados. La misma trampa de la unión diabólica de Satanás será, “Jesús, Jesús, Jesús”. Hoy mismo lideres evangélicos están preguntando, “¿Por qué los grupos no pueden ser uno en Jesús? Después de todo, los judíos reconocen a Jesús como un profeta. Los musulmanes lo ven como un hombre bueno y un gran maestro. Hasta los sikas y los hindúes respetan a Jesús.”

Déjeme detenerme aquí y hacer algo claro: “Estoy agradecido por la unión nacional que se han desarrollado desde la tragedia del 11 de septiembre. Agradezco que los americanos de varias fe han podido levantarse unidos como nación. Oro que esta unidad permanezca mucho después que nuestra tristeza termine.

Pero la unidad de las religiones que estamos a punto de ver involucrará algo muy diferente. Lo que veo esta contenido en la profecía de Jesús: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” (Mateo 7:22).

Casi todas las religiones practican exorcismo. Y varias iglesias proclaman grandes logros en echar fuera demonios. Pero muchas de esas iglesias hacen sus exorcismos, enseñanzas y buenas obras en el nombre de un Jesús diferente. Como Cristo señala, estas gentes reclamaran en el juicio, “Señor, hicimos todas estas cosas en tu nombre. Éramos gente de Jesús.” Pero el Señor le contestará, “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (7:23).

Jesús les dirá, “No les conozco. Y ustedes ciertamente no me conocen a mí. Yo era el Hijo del Dios Viviente pero ustedes le dijeron a todos que soy solo un hombre. Ustedes trataron de quitarle el poder a mi evangelio. Ustedes tienen a un Jesús erróneo. Ahora, apártense de mí. Ustedes no tienen parte en mi reino.

Pablo nos advierte que no nos alejemos ni nos corrompamos de “la simplicidad que es en Cristo” (2 Corintios 11:3). La palabra griega para simplicidad en este verso quiere decir individualidad y exclusividad. En otras palabras, “Cristo no es una entidad compleja. La verdad sobre él es bien sencilla: Jesús es Dios. Él es divino, nacido de una virgen, crucificado y levantado de los muertos. Pero temo que ustedes están siendo corrompidos y alejados de esta sencilla y exclusiva verdad.” “Temo, que así como la serpiente engaño a Eva con su astucia, así también sus mentes pueden estar extraviadas de esta sencillez (la exclusividad que es en Cristo)” (11:3)

Pablo advierte de ministros que predican a un Jesús diferente: “Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis (11:4). Pablo, en esencia, le estaba diciendo a los corintios, “Ustedes están escuchando a otro evangelio, no el evangelio de Cristo. Están escuchando sobre otro Jesús, no el que les salvo. Y me temo que ustedes se han extraviados detrás de este Jesús, quien no es el Cristo verdadero.”

“Ustedes no lo saben, pero se les está apartando de la divinidad de Cristo. Y no puedo creer como ustedes lo aceptan. Están tolerando a estos maestros que los están corrompiendo. Ustedes no examinan lo que ellos dicen, para ver si está en las escrituras. Ahora mismo, están perdiendo su discernimiento. Están sentados bajo un evangelio diabólico con otro Jesús que esta siendo exaltado. Y ustedes no saben hacia dónde esto los está llevando.”

La unión ecuménica de Satanás de las iglesias traerá esta gran persecución. Y la unión precisamente será la fuerza perseguidora. Aun ahora, la iglesia rusa ortodoxa esta presionando al gobierno ruso para que cierre las iglesias evangélicas en esa nación. Ellos desean sacar la cristiandad evangélica completamente de sus medios.

Aquí en América vemos los principios de esa misma clase de presión. Me entregaron un video de una entrevista de una estación de televisión con un evangelista bien conocido. El entrevistador le pregunto al evangelista directamente: “¿Serán los musulmanes salvos? ¿Y los judíos serán salvos aunque no crean en Jesús?”

Claramente, el evangelista estaba siendo presionado contra una esquina. El sabia que si contestaba con el mensaje de Pedro, “No hay otro nombre en el cual el hombre pueda ser salvo excepto en Jesucristo, el hijo de Dios”, él hubiera sido despreciado. Las noticias lo hubieran crucificado.

En cambio, el evangelista fue aplaudido por su respuesta: “Los musulmanes aman a Jesús. Y los judíos tienen el espíritu de Jesús en ellos. Si, todos ellos serán salvos.” Yo no podía creer lo que escuché de este líder cristiano supuestamente comprometido con el evangelio.

Es imposible ser aceptado por el mundo si tú tomas una posición con la divinidad de Cristo. Serás rechazado y esquivado y te harán objeto de burla. Por otro lado, cualquier ministro que sea alabado por el mundo y por otras religiones ha transigido con el evangelio de Cristo. Una persona así predica a otro Jesús.

Yo creo que el mundo entero hará de esta la pregunta definitiva en los días futuros: “¿Cree usted en la exclusividad de Jesucristo? ¿Habrá personas yendo al infierno porque ellos no creen que él es el único camino a la salvación? Seremos confrontados con nuestros amigos incrédulos, compañeros de empleo y jefes futuros. Ellos no lo preguntaran en términos literales pero la pregunta estará presente de todas formas. Si nos paramos firmes, contestando, “Si, yo creo que solo Jesús salva”, nos mirarán como fanáticos religiosos. Nos burlaran y perseguirán como que estamos políticamente incorrectos e intolerantes.

Como cristianos evangélicos, nosotros en la iglesia de Times Square no somos anti-judíos, anti-islámicos o anti-cualquiera. Creemos que Dios ama al mundo entero. El ama a los judíos, musulmanes, homosexuales y ateos. Pero como cristianos, estamos obligados a estar en desacuerdo de fe con cada unos de estos porque nos amparamos en la Biblia como la palabra de Dios.

Usted pensara que la persecución no vendrá hasta el futuro distante. Pero ahora mismo, varios grupos ecuménicos están redactando declaraciones para una iglesia unida mundialmente. Y ellos están trabajando con lo que ellos llaman el “tema de Jesús.”

La Unión Europea de las naciones ha preparado leyes prohibiendo cualquier critica de sus actividades. Pronto, nadie podrá públicamente cuestionar la unión. Creo que este tipo de clima levantara la iglesia unida mundial. Las leyes de la Unión Europea están a solo un paso de prohibir “la superioridad religiosa” y esta llamando ilegal todo lo que sea convertir en el nombre de cualquier religión.

En mi opinión, todo esto es parte de la ira de Satanás contra la semilla santa de Cristo aquí en la tierra. El esta batallando haciendo que las multitudes se airen, no importa su creencia, contra los cristianos. Mas y más, veremos como el diablo moviliza muchedumbres a confrontar cualquiera que cree que solo Jesús tiene el poder de salvar. De repente, todos los que nos ignoraron anteriormente nos preguntaran apuntándonos, “¿Crees que Jesús es el único camino al cielo? Yo soy una buena persona, pero no creo en nada. ¿Me estas diciendo que yo voy para el infierno porque no creo que Jesús es Dios?”

Parándonos en la verdad nos puede costar nuestros trabajos, nuestras carreras, amistades. En algunas naciones, ya esta costando la vida de los cristianos. Sin embargo, Jesús es nuestro ejemplo de cómo vamos a responder. Cuándo el sumo sacerdote preguntó, “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?” Jesús contestó sin titubear, “Yo soy”. (Marcos 14:61-62).

Pronto el mundo entero nos pedirá que aceptemos a otro Jesús. Nos presionaran a que pongamos nuestra fe en Jesús como Salvador y Señor a un lado. Querrán que neguemos su nacimiento de una virgen, su poder supernatural, sus milagros, su muerte expiatoria, su resurrección, su segunda venida. Sin embargo, como sus seguidores, sabemos que estas son verdades en las cuales la eternidad esta fundamentada. Y debemos estar dispuestos a morir por ellas.

Ya yo he decidido como voy a contestar. A cualquiera que me plantee estas preguntas, yo le diré con amor y compasión: “Usted tiene el derecho de creer como usted escoja. O usted tiene el derecho de no creer. Usted puede adorar a cualquier dios o puede adorar a nada. Yo no interfiero con el camino que usted escoja. Pero yo también tengo el derecho de creer lo que yo escoja. Y creo que no hay otro nombre debajo del cielo en quien podamos ser salvos sino en Jesucristo. Mi Dios ama a toda la gente. Y la cruz de Cristo es la prueba de ese amor”.

El libro de Daniel nos brinda una mirada profética de como la guerra presente va a terminar. El rey Nabucodonosor tuvo un sueño y Daniel lo interpretó:

“Tu, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido”. (Daniel 2:31-33)

El rey había soñado con una imagen gigante de forma humana, brillante y terrible. Su cuerpo completo estaba hecho en metal. Sin embargo, sus pies estaban hechos de barro. Daniel le señala que esta imagen representaba los reinos del mundo y el barro significaba la debilidad de los últimos poderes del mundo. Estos reinos serian menos brillantes y terribles mientras se acercaba el fin. Entonces Daniel continuó:

“Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido y los desmenuzo. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro y fueron como tamo de las eras del verano y se los llevo el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que lleno toda la tierra”. (Daniel 2:34-35)

La piedra que Daniel describe aquí no es ninguna otra que Jesucristo. Él es la Roca de la Eternidad. Y él bajara del cielo y aplastara todos los reinos del mundo. Cuando el mundo vea esto ocurrir, la divinidad de nuestro Señor será innegable. Toda rodilla se doblará delante de él y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor.

No vamos a derribar terroristas con nuestras armas, bombas o mísiles. No podemos librar al mundo de tal maldad vil por fuerza humana. Dios dice que el reino de su hijo finalmente quebrantara y consumirá todos los imperios malvados. Si, habrá justicia pero vendrá del Padre Celestial.

Que día será ese cuando todos los terroristas del mundo despertaran delante del trono de juicio de Jesús. Ellos pensaran, “A nosotros nos prometieron el paraíso por nuestro sacrificio. Se nos dijo que tendríamos preciosas mujeres, y mucha comida y bebida deliciosa por toda la eternidad.” Pero entonces de repente se darán cuenta que el mismo nombre que trataron de borrar completamente ahora esta delante de ellos como su Juez.

Mi mensaje a usted aquí se resume a un solo verso: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6) Esta declaración de Jesús es absolutamente exclusiva. Ningún Musulmán, ni Hindú, ni Judío, ni gentil, ni nadie puede venir al Padre sino es a través de Cristo.

Así como Jesús les pregunto a sus doce discípulos, él nos pregunta hoy: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?” (Marcos 8:27) Los discípulos respondieron: “Juan el Bautista, pero algunos dicen Elías y otros alguno de los profetas.” (8:28) Pero la pregunta real de Jesús a sus seguidores vino luego: “Entonces, él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? (8:29)

Nuestra respuesta debe ser la misma que la de Pedro: “Tú eres el Cristo” (8:29) Que esta sea nuestra confesión delante del mundo, ahora y siempre.

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