Payasos entreteniendo cabras | World Challenge

Payasos entreteniendo cabras

Gary WilkersonJanuary 16, 2017

Cuando Pablo escribió su epístola a Tito, él nos dejó poderosas instrucciones a nosotros relacionadas a la Gran Comisión de Cristo para predicar el evangelio. Él acababa de abandonar la isla de Creta, donde él y Tito ministraron juntos. Pablo enfrentó persecución en Creta, y cuando partió a evangelizar en otras ciudades, él dejó a cargo a Tito y algunos otros líderes. Ahora aquellos hombres jóvenes también querían irse. Como Pablo, encontraron que Creta era un lugar muy duro para ministrar.

Su dilema es similar al nuestro hoy en día. Cualquier persona que haya vivido en los Estados Unidos en los últimos 15 años ha visto una declive en la fe religiosa. En menos de dos décadas la transformación de Estados Unidos ha sido dramática: Ya no somos una sociedad Cristiana que se ha movido hacia el secularismo, sino peor aún; ahora somos una sociedad secular que se ha movido rápidamente hacia el paganismo.

Esto se parece mucho a lo que los Cristianos tenían que enfrentar en Creta. La ciudad era malvada, repleta de sensualidad, y los corazones de los jóvenes líderes los impulsaban a irse de la ciudad. Pero Pablo les instruyó para que se quedaran, explicándole a ellos que era por buenas razones: “Por esta causa te dejé en Creta” (Tito 1:5).

Estos jóvenes habían sido entrenados por Pablo. Ellos habían ido a Creta para levantar una iglesia, nombrar ancianos y establecer una presencia Cristiana — todo lo cual ellos lograron con gran dificultad. Pablo reconoció su dureza, escribiendo, “Uno de ellos, su propio profeta, dijo: ‘Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos.’ Este testimonio es verdadero” (Tito 1:12-13). Cuando Pablo se fue, él debió saber que sus jóvenes pupilos sufrirían persecución. ¿Por qué los dejaría en una cultura tan llena de tinieblas y malvada?

Cristo nos ha dejado en un mundo caído y perverso con un propósito.

Si nuestra única misión en la vida es tener una relación íntima con Jesús, deberíamos entonces ir al cielo ahora mismo. Podríamos empezar inmediatamente a tener intimidad con Él por siempre. Pero Jesús nos dejó en el mundo con otro propósito en mente. ¿Cuál es ese propósito?

Dios siempre tiene un remanente en una cultura en tinieblas. Incluso en los peores tiempos, Él continuamente levanta un testimonio de luz en medio de esas tinieblas. Como dice Jesús, somos llamados a ser sal, un agente que preserva la vida en una sociedad caída. “Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” (Mateo 5:13).

Amigo, nosotros somos el pueblo que Dios ha señalado para ser luz en un tiempo y lugar de tinieblas. Quizás usted no quiera vivir en una cultura tan llena de pecado como lo es Estados Unidos o criar a sus hijos en una sociedad que se levanta cada vez más en contra de Dios. Pero Jesús tiene un plan para tu vida en este tiempo y lugar. Tiene que ver con más que una prominente carrera profesional o el proveer una vida confortable para tu familia. La razón por la que estás aquí ahora mismo — la razón por la que existes — es para Su gloria! Estamos aquí para ser Sus testigos, para hacer una diferencia, para ser Sus epístolas vivientes a un mundo desesperadamente sediento de amor.

Pero existe un gran problema en la iglesia hoy en día en lo que se refiere a nuestra misión. Mucha de la cultura de los Estados Unidos — incluida la exaltada búsqueda de la felicidad — se ha filtrado en la cultura de la iglesia. Adoramos y nos comportamos como si Dios existiera para y por nosotros en lugar de nosotros existir para y por Él. Pensamos que nuestra obediencia a su Palabra se reduce a sólo ganar su favor y sus bendiciones en vez de una relación de amor. Eso es idolatría, así de simple; pues pone las ganancias materiales y la satisfacción de la carne antes que a un Dios que es santo y amoroso.

Lo mismo sucedió en la iglesia de Creta. Pablo dijo que los Cristianos allí eran “contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión, a los cuales es preciso tapar la boca; que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene” (Tito 1:10-11). En Creta, la iglesia se había convertido en lo mismo que la cultura carnal que dominaba la ciudad.

Pablo tuvo que confrontar estas falsas doctrinas, las cuales complacían los deseos carnales del pueblo en vez de mostrarles el camino hacia Dios. Él le recordó a Tito, “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:3-7).

No nos equivoquemos, los Cristianos de Creta se habían convertido a una fe viviente. Pero permanecían inmersos en una cultura repleta de carnalidad que enfatizaba los apetitos físicos en vez de las cosas de Dios. Esta es la clara instrucción de Pablo a Tito: “Repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe” (Tito 1:13).

Me quebranta el corazón al considerar todos los Cristianos que asisten a la iglesia cuyas vidas no han sido transformadas por el evangelio.

Si nosotros creemos algo tan precioso como lo son las Buenas Nuevas de Cristo pero no lo practicamos, no somos mejores que los Fariseos que Jesús criticó. Aquella alta esfera religiosa competía por hacer nuevos convertidos pero nunca los retaban a conformar sus vidas de acuerdo a la Palabra de Dios. Jesús confrontó a estos líderes hipócritas, diciendo, “Porque recorren mar y tierra para hacer un prosélito y una vez hecho, le hacen dos veces más hijo del infierno que ustedes” (Mateo 23:15).

¿Te has preguntado por qué la iglesia no opera con poder hoy en día? ¿Por qué tenemos un testimonio tan débil en un mundo desesperado por escuchar las Buenas Nuevas? ¿Y por qué la iglesia frecuentemente se ve más parecida al mundo que diferente a él? Es porque hemos aceptado un evangelio mezclado, un evangelio que está enfocado en metas carnales en lugar de metas divinas. Lo que veo que está sucediendo me lleva a postrarme sobre mis rodillas, y orar, “Jesús, vuélvenos hacia ti nuevamente. Tócanos, cámbianos, moldéanos. Purifícanos, haznos diferentes y santos. Apartarnos para tus propósitos gloriosos.”

En 1974, más de una generación atrás, mi padre, David Wilkerson, escribió un libro profético titulado La Visión. Le fue dada una revelación de cosas que al principio parecían extravagantes incluso para él mismo, pero al pasar los años casi todo lo que él predijo se hizo realidad. Pienso en dos predicciones específicas que él hizo que nadie creyó que iban a suceder nunca: Primero, que la pornografía se colaría en los hogares. Y segundo, que los Estados Unidos experimentarían otra depresión económica. Estos eventos sucedieron décadas después, pero Dios fue fiel advirtiendo que ambos eventos iban a ocurrir.

Yo era un adolescente cuando Papá lanzó La Visión. Recuerdo otras dos revelaciones de ese libro que yo mismo desestime por ser demasiado increíbles para ser ciertas. En los últimos meses, he visto ambas revelaciones llevarse a cabo. Las menciono ahora porque las veo como señales de advertencia para una iglesia que rápidamente está decayendo.

La primera predicción se refería a que la brujería y la adoración a Satanás tomaría lugar en las iglesias. No hace mucho tiempo, observé un vídeo de una obra de teatro referente a Semana Santa que se llevó a cabo en una iglesia prominente. Incluía bailarinas vestidas en forma seductora haciendo movimientos sensuales al pie de la Cruz, según ellos para así demostrar lo que los seguidores de Satanás hicieron en la crucifixión de Cristo. Me quedé horrorizado al ver esta escena tomando lugar bajo los pies de Jesús mientras Él estaba colgando de la Cruz mirando todo a su alrededor. Me di cuenta que lo que yo estaba viendo no era exactamente una adoración a Satanás, pero le daba gran peso y énfasis a algo realmente vergonzoso. Ello revela la inhabilidad de los ministros para distinguir entre el entretenimiento excitante y la adoración pura.

¿Cómo podemos presentar un evangelio de luz cuando la oscuridad es presentada como el evangelio? Nosotros no somos la primera generación que ve esto. C.H. Spurgeon, el famoso predicador del siglo 19, vio cómo la misma tentación sacudió las iglesias de su tiempo. Él escribió:

“El Diablo ha introducido astutamente una cosa dentro de la iglesia incitándoles y haciéndoles creer que parte de su misión es proveer entretenimiento al pueblo con la excusa de ganarles para Cristo…. La iglesia ha suavizado su testimonio para entretener al pueblo, luego ha aceptado como algo bueno el ser así y se ha excusado por no tomar las cosas con seriedad cada día. Luego la iglesia toleró su actitud ligera y dada a divertirse… ahora han adoptado ese estilo de vida bajo el pretexto de así alcanzar a las masas.

“Mi primera objeción es que el proveer entretenimiento al pueblo no se encuentra en las Escrituras como una función de la iglesia. Si eso fuera un trabajo Cristiano, ¿por qué Cristo no habló de ello? ‘Vayan ustedes, por lo tanto, por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura.’ Si, está muy claro; entonces qué hubiera pasado si Él hubiera añadido ‘y lleven diversión para aquellos que no disfrutan el evangelio’…No le escucho decir a sus discípulos, ‘Corran tras ese pueblo que se está yendo. Pedro, diles que tendremos un servicio totalmente diferente mañana; algo corto y atractivo con muy poca predicación….’

“Finalmente, la misión de entretenimiento no logra el fin deseado… Deja que los negligentes y los burladores que agradecen a Dios porque la iglesia se reunió con ellos a la mitad del camino, hablen y testifiquen… Déjalos que se pongan de pie — pero no hay nadie que responda al llamado. La misión de entretenimiento no produce ningún convertido.”

El sermón de Spurgeon incluye una frase que me dio el título para este mensaje: “El tiempo vendrá cuando en lugar de haber pastores alimentando las ovejas, habrán payasos entreteniendo las cabras.”

Amigo, Pablo no dejó a Tito y a sus hermanos en Creta para entretener al pueblo. Y Jesús no nos dejó en esta tierra llena de tinieblas para entretenernos ni entretener a nadie. Estamos aquí con un propósito divino: para escuchar la voz de Dios, y para vivir y hablar su santa palabra y así impactar la cultura con convicción y poder.

Pablo dice que nosotros tenemos que hacer tres cosas mientras permanecemos en Creta.

La palabra “sana” aquí significa algo inconmovible, indiscutible, sólido como una roca. Dios diseñó la doctrina para que nosotros fundamentemos nuestras vidas confiadamente sobre ella. Eso significa que no puede ser algo frívolo o que simplemente fascine a nuestros oídos. Esa clase de doctrina que se levanta hoy aquí y luego desaparece por los vientos de antojos carnales el día de mañana. Para algunos en la iglesia, esto significa cambiar la Palabra de Dios, la cual él ha provisto para nuestro beneficio eterno, por el último libro cristiano de más venta y el más popular del momento.

Segundo, somos llamados a vivir con un testimonio santo. “Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres” (Tito 3:8). Y tercero, somos llamados a compartir el evangelio en palabra y en obras: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).

Te pregunto: Como luces vivientes de Dios en una cultura llena de tinieblas — como su sal que está puesta en este mundo para preservar la vida — ¿estamos practicando estas cosas? ¿O hemos perdido nuestro sazonador santo? ¿Hemos reducido el poder que tiene la Palabra de Dios para resucitar vidas para usarla solamente como un manual de consejos de cómo vivir mejor? Si de verdad creemos que el evangelio de Cristo son las Buenas Nuevas — que él murió por los pecadores — tenemos que hablar de ello a otros sin excusas. Y ellos conocerán su poder por el testimonio que nosotros vivimos. Amén.

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