Primer Amor | World Challenge

Primer Amor

David WilkersonFebruary 1, 1986

Muchos cristianos evitan el libro de Apocalipsis porque parece muy misterioso. Incluso Juan escribió “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto…” (Apocalipsis 1:3 RVR60)

Aunque fue escrita por Juan es la revelación de Jesucristo (Apocalipsis 1:1) Es el corazón de Dios revelado a Cristo y compartido por Juan.

Juan era uno de los tres pilares en la iglesia de Jerusalén. Gran parte de lo que sabemos fue registrado por Ireneo, el cual lo obtuvo de primera mano por Policarpo, un estudiante de Juan.

Sabemos que Juan sobrevivió a Pablo, quien fue martirizado por Nerón en algún lugar entre el 64 y el 69 D. C. Se cree que Pablo fundó al menos dos de las cinco iglesias de Asia y que, después de su muerte, Juan terminó sus días en Éfeso. De sus cartas a las iglesias de Asia, parece que Juan estaba dirigiendo las iglesias ahí. Probablemente él fue exiliado a Patmos por el emperador Domiciano y, después de su liberación, regresó a Éfeso.

Al escribirse Apocalipsis, el Imperio Romano estaba en confusión. Nerón era sospechoso de incendiar Roma para reconstruirla con esplendor monárquico y que llevara su nombre. Él fue depravado en su trato a los cristianos y les echó la culpa por el fiero holocausto.

En una ocasión colgó a numerosos cristianos en postes en su jardín real, los cubrió con alquitrán grasoso y les prendió fuego. Un historiador afirma que cabalgó con salvaje regocijo entre el olor a carne quemada que se elevaba en la noche con imágenes horrorosas.

En su exilio Juan compartió los sufrimientos del cuerpo de Cristo. Encerrado solo con Dios la revelación imponente de Jesucristo vino a él.

Los mensajes a las siete iglesias fueron dirigidos “al ángel” de ellas, representando a los pastores, líderes o mensajeros. Juan está diciendo, “Lo que yo comparto con ustedes es lo que cualquier ministerio de la iglesia debe saber y predicar. Es el corazón de Dios revelado contra el pecado y la apostasía- asegúrense de que ustedes oigan las palabras, préstenles atención y predíquenlas.”

Toda verdadera Revelación Comienza con una Visión del Temor y la Santidad Majestuosa de Cristo.

En Juan 13:23 leemos, “Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús.” Era el mismo Juan, íntimamente recostado en el seno del Hijo de Dios. Juan lo había conocido a Él en su calidad de humano como pocos otros lo conocieron.

Pero en Patmos, Juan ve a Cristo en su asombrosa santidad- “Su cabellos eran como blanca lana… Vestido de una ropa que llegaba hasta los pies… ceñido por el pecho con un cinto de oro… Sus ojos como llama de fuego… Sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno… Su vozcomo estruendo de muchas aguas…” (Apocalipsis 1:12-15).

Ahora Juan no puso su cabeza sobre Su seno. ¡Ahora éste no es Cristo en Su humanidad - es Cristo en Su santidad! Juan dijo, “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies...” (Apocalipsis 1:17).

Daniel tuvo la misma visión del temor de la santidad de Cristo. Esto le quitó toda fuerza humana y lo dejó con una palidez mortal. “Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino… ceñidos sus lomos de oro de Ufaz… sus ojos como antorchas de fuego… sus pies como de color de bronce bruñido… el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud…” (Daniel 10:5-6).

Daniel dijo que “se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron…quedé, pues, yo solo… no quedó fuerza en mí… mi fuerza se cambió en desfallecimiento… caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en tierra…“ (Daniel 10:7-9).

Estamos viviendo en un tiempo de ligereza evangélica y de comedia Carismática. La Palabra dice que el pueblo perece donde no hay visión. Yo tomo esto para dar significado a la visión de la majestuosa santidad de Cristo. Cuando Isaías vio a Cristo en su santidad, el exclamó, en efecto, “¡Ay de mí!... siendo hombre inmundo de labios… soy muerto… (El) pueblo… tiene labios inmundos… han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos…” (Isaías 6:1-5).

¿Cuántos pastores hay en estos tiempos quienes llegan al púlpito con una palidez de muerte, habiendo pasado horas con su cara en tierra porque han vislumbrado el temor de la santidad de Jesucristo? Sí, hay una belleza en esa visión de temor – pero debe de producir en nosotros lo que produjo en Juan, en Daniel, en Isaías, y en todo servidor de Dios que alguna vez ha visto esa visión. Debe producir un verdadero temor a Dios, un temor de tomar Su nombre a la ligera, un temor de ser superficial y comédico en Su santa presencia, un temor de no santificarlo ante los ojos de la gente.

Lo que algunos están llamando intimidad hoy, yo lo llamo descaro. Cuán groseros y temerarios se han hecho a ser algunos cristianos en Su casa. Cuán descarados son algunos predicadores ahora – sacando su hábil estupidez, sus tontos sueños, sus bromas sacrílegas - del púlpito sagrado. Hemos rebajado a Cristo a nuestro bajo nivel, dando a entender que Él es uno de los nuestros. Lo que necesitamos desesperadamente es una mirada a Sus ardientes ojos – una devastadora visión de Su santidad abrasadora – y nunca más podremos ser arrogantes o tontos en su presencia.

Una Verdadera Visión de Su Santidad Exhibe Nuestra Falta de Amor

En su carta a las sietes iglesias, Juan trata primero que nada con la condición de Éfeso. “Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: ‘Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos… Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco.’” (Apocalipsis 2:1, 2, 6 RVR 1960)

La condición de Éfeso es una que el Señor elogia parcialmente. Aquí hay un cuerpo de creyentes que trabajan duro y perseveran por el evangelio; ellos no pueden aguantar la maldad; ellos tienen discernimiento y no son guiados por falsos profetas; ellos resisten por el amor de Dios; ellos no se han cansado; y sobre todo, Dios podría decir de ellos, “(Tú) aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco.”

Dios tomó nota del odio de ellos a las obras y a la doctrina de los nicolaítas. Dos veces en la carta de Juan, Cristo habla del odio de Dios a las enseñanzas de estos apóstatas [ver Apocalipsis 2:15].

Nicolás es introducido por primera vez en Hechos 6:5, como uno de los siete hombres elegidos para supervisar la provisión diaria de las viudas.” Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: ‘No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.’ Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos” (Hechos 6:2-6). [El énfasis es nuestro.]

La iglesia lo vio a él como a un hombre espiritual, lleno del Espíritu y de sabiduría. Manos fueron puestas en él por el apostolado. ¿Qué pasó con Nicolás y sus seguidores que se rebajaron tanto, hasta un anatema divino sobre su enseñanza y manera de vida?

Los padres de la iglesia tenían dos reglas cardinales – no comer carne ofrecida a los ídolos y evitar la fornicación. Nicolás evidentemente engendró una doctrina que llevaba a la idolatría y a la fornicación. La sociedad de aquel día toleraba a la promiscuidad sexual. Nicolás y sus seguidores inventaron una doctrina de falsa seguridad que resultaba en una mezcla con el mundo y una tendencia de sensualidad en su enseñanza.

Clemente de Alejandría dice de los nicolaítas, “Elllos se abandonaron a los placeres como cabras, en una vida desvergonzada de indulgencia.”¡Ellos perdieron su temor a Dios; se negaban a separarse del mundo; y cubrían el altar con lágrimas mientras cometían adulterio y fornicación! Ellos podían hablar muy suavemente acerca de su amor por Cristo, mientras todo el tiempo sus manos y sus corazones estaban contaminados con pecado.

El espíritu nicolaítas está aún con nosotros. Es la doctrina de los llamados rockeros y punkers cristianos quienes arrastran por el suelo el santo nombre de Jesucristo a través del estiércol y del fango del mundo de la música demoniaco - controlada. Ellos me escribieron con suaves y piadosas palabras acerca de cuánto amaban a Cristo, acerca de llevar a Jesús donde ningún otro puede llevarlo. Pero ellos están tan cegados por el orgullo, la fama y la sensualidad; ellos o no saben o rechazan admitir que Cristo no irá con ellos a los lugares que Él mismo ha prohibido. La letra sólo mata – es el Espíritu de Dios quien da vida. Si ellos van al territorio del demonio, llevando una palabra muerta, una palabra que el Espíritu Santo rehúsa ungir – ellos están ministrando muerte. Y un día todos ellos deben estar de pie ante el santo Rey, cuyos ojos como llama de fuego penetrarán su arrogante orgullo, y responderán por usar lo propia Palabra de Dios por matar a muchos con una letra muerta.

Estos nicolaítas modernos tienen la audacia de sugerir que un Cristo terriblemente santo bendecirá sus pequeñas cancioncillas tímidas, sus sermones camuflados, sus invitaciones gratuitas y fáciles. ¡Nunca! ¡Ellos se avergüenzan de mi Señor! ¡Avergonzados de proclamar un claro, inconfundible mensaje de arrepentimiento y del absoluto señorío de Cristo! Ellos están escupiendo en la cara de nuestro amado Señor – ellos están engañados y están engañando a una generación completa de creyentes jóvenes. Dios dice, “Si ellos fueran mis siervos le enseñarían a la gente sus pecados.”

Ellos me dijeron a mí que son los nuevos profetas de ésta época. Pero Jeremías dijo de ellos, “…de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra…” (Jeremías 23:15).

Me asusta saber que la mayoría se estos rockeros y punks son miembros de las iglesias Pentecostales, y son bendecidos y animados por estos pastores. ¿Se han hecho tan ciegos nuestros pastores – pueden excluir el estruendoso mensaje de Ezequiel a los ministros, “Y enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio” (Ezequiel 44:23)?

¡Pastores despierten! Ésta es la doctrina nicolaíta que Dios odia. ¡Debemos de odiarla también!

Es Posible Perder el Primer Amor – Incluso Luchando Contra el Pecado y Trabajando Duro por la Causa del Señor.

Los efesios clamaban contra el pecado; exhibían todo lo que era falso; ni una vez abrigaron un pensamiento de abandonar su fe en Cristo. Pero Dios tenía algo en contra de ellos, “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor… (Apocalipsis 2:4).

Dios toma el asunto del primer amor my seriamente, Él amenazó con quitar su unción de ellos si no se arrepentían y volvían.

Esta es una de las más malentendidas Escrituras en toda la Biblia. Hemos fallado en darnos cuenta de que Cristo está hablando acerca de Su iglesia.

Cristianos gastan una vida tratando de hacer revivir experiencias anteriores con el Señor. Ellos creen equivocadamente que volver al primer amor es volver al celo, al fervor y al entusiasmo de cuando fueron inicialmente salvos. Ellos se lamentan de haber perdido algo del entusiasmo juvenil para el Señor. Es verdad, algunos cristianos se han vuelto fríos y secos – pero volver a tiempos más inocentes no es suficiente y no expresa el profundo significado de este texto.

Algunos nunca deberían volver a lo que ellos eran al principio. Algunos se salvaron por intereses egoístas – para escapar de la ira de Dios o para obtener bendición o sanarse o simplemente porque quieren paz mental. Yo no quiero regresar a mis primeros días. Mi amor era inmaduro; carecía de sabiduría y de experiencia; y mi celo causaba mucha pena. Era más la emoción que la devoción. No desearía regresar a nada excepto a lo que ahora tengo, por su gracia.

¿Por qué los efesios volverían a lo una vez eran? Cristo dijo que ellos no se habían cansado. No habían perdido su perseverancia. No habían perdido su celo, respeto a Su nombre tampoco habían disminuido su trabajo para el Señor.

Es la Iglesia que Había Perdido Su Amor Apostólico por Cristo

Cristo está revelando a su iglesia qué tan lejos había caído de su amor de la primera iglesia apostólica. Él está diciendo, “Tienen la doctrina correcta; son cumplidos en hacer Mi obra; están fundamentados en la Palabra para no ser engañados por lo falso; han retenido mis ordenanzas; han hecho obras recomendables, caritativas- ¡pero han perdido su amor por Mí!

Nos hemos agarrado a todas las obras de la primera iglesia pero hemos perdido el amor apasionado por Cristo que lo motiva. Ese primer amor estaba manifestado en varias maneras prácticas.

El amor de la primera Iglesia se manifestó en el anhelo por la pronta venida de Jesucristo. Ellos anhelaban la perfecta unión con Él en una vida de inmortalidad y gloria. Era un anhelo espiritual por Su regresoasí que esto les traería esa semejanza santa a Él y la comunión perfecta en Su presencia. ¡Ellos oraban para estar “con Él, y contemplar Su gloria!“

Ahora vemos un gradual olvido de las promesas del Señor en lo que se refiere a su rápida venida y una pérdida de fe en su cumplimiento. Hemos dejado a un lado las advertencias de no involucrarnos con la mundanalidad, y hemos olvidado velar y orar.

¿Estamos ahora “firmes de pie, con los lomos ceñidos y lámparas encendidas, como siervos esperando a su señor”? No – Su venida no es más nuestro principal deseo – estamos tan absortos en nuestro océano de materialismo. Hemos olvidado Su Palabra que un cambio viene “en un abrir y cerrar de ojos.”

Estamos cansados de llevar la cruz – impacientes acerca de Su venida. Habiendo puesto Su regreso fuera de nuestras mentes o muy lejos en el futuro, no sentimos necesidad de velar, para vigilar. Consecuentemente, todas las vírgenes duermen. ¿Es alguna maravilla que veamos mucha idolatría y descuido entre los cristianos?

No discutiré con nadie sobre la doctrina del rapto. Todo lo que sé es que yo tiemblo cuando Cristo llama siervo malvado a quien dice, “Mi señor tarda en venir” (Mateo 24:48). Yo le creo cuando dice que Él viene de repente, como un ladrón en la noche. Yo sé que hay una corona de justicia esperando a aquellos que “aman su venida” (2 Timoteo 4:8).

Yo creo que el pueblo de Dios va a sufrir mucho por Cristo; creo que una gran tristeza y tribulación vienen y el pueblo de Dios necesita estar advertido y preparado. Pero también creo en el inesperado regreso de Cristo en una nube de gloria para recibir para Él mismo a su novia.

La iglesia ha perdido ese primer amor que causó que un clamor estallara en ellos, “Amén; sí, ven, Señor Jesús” (Apocalipsis 22:20). La primera Iglesia predicaba, “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42). Nosotros oímos ahora el mensaje “El Señor retarda su venida, Él no va a venir a cualquier hora, inesperadamente”. Pero de los labios de Cristo mismo oímos, “Por tanto, también vosotros estad preparados… porque el Hijo del Hombre… a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44).

El que tenga oídos para oír, permítase oír lo que el Espíritu está diciendo – ¡regresa al amor apostólico por la llegada de Cristo! Vive rectamente, expectante, anhelante, vigilante - y si el pueblo de Dios pasa o no pasa a través de la gran tribulación no importará, ya que estarás listo en cualquier momento para todas las cosas.

La más auténtica prueba del amor apostólico fue puesta a Pedro por el Señor mismo. “Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.” (Juan 21:15-17 RVR).

Ser Apasionadamente Devotos a Cristo Es Alimentar a las Ovejas

Jesús no estaba hablando acerca de enseñar o predicar a las ovejas. Yo pienso que Jesús le estaba diciendo a Pedro, “Tu negación hacia mí quitó algo de tus hermanos. Los desconcertó ver tu falta de devoción, tu cobardía. Ahora, permite que tu amor por Mí sea tal que los alimente. Permite alimentar sus esperanzas, sus necesidades.”

La Iglesia necesita más ejemplos de amantes totalmente devotos de Cristo con los cuales alimentarse. Yo me alimento con el ejemplo de hombres y mujeres santos de Dios. Esa clase de amor es tan bello que me impresiona; alimenta algo muy adentro de mí; alimenta mi hambre de Dios. Su absoluta devoción y amor por Cristo crea esperanza en mí. Tanto que yo obtengo más comida espiritual de alguien que vive santa y devotamente que de todos los predicadores y maestros que predican una cosa y viven otra.

Algunos cristianos me dejan vacío y seco – su falta de amor por Cristo me hace sentir deprimido. Ellos son tibios; afectan mi espíritu como un vaso de agua helada en un día frío. Sus espíritus marchitos quitan algo de mí. Ellos no tienen nada que dar – no alimentan a nadie.

Jesucristo es el Pan de Vida. Cuando tú lo amas con todo lo que está en ti – tú eres de la clase que alimenta. El que realmente me ama como un hermano es el que ama al Señor con todo su corazón. Amo al perdido amándolo a Él al máximo. Su amor en nosotros se convierte en un faro de luz – una esperanza – una invitación - un ejemplo de vida entregada.

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