¡SATANÁS NO PODRÁ TENERTE!

David Wilkerson (1931-2011)

Fue necesario que Jesús tomara forma humana para que pudiera pasar por todo lo que hacemos en la tierra: rechazo, dolor, tristeza, tentación. De hecho, aunque era Dios en carne, él soportó toda la experiencia humana no como Dios, sino como humano, con toda nuestra fragilidad. Esto permite a Jesús orar por nosotros con tremenda simpatía: “Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:18).

Considera a una querida hermana en una lucha. Ella ama a Jesús pero está desanimada, abatida, rechazada. Parada en vergüenza, ella piensa: “He estado tan dolida y nadie parece entenderme”. A punto de darse por vencida, está completamente desesperada.

Además de eso, Satanás se para junto a ella, acusándola: “¡Mírenla! Ella prácticamente no tiene fe. ¿Qué clase de cristiana es ella?”

¡Es entonces cuando entra Jesús! Él ve su dolor y sabe que su fe es débil, por lo que se presenta ante el Padre en favor de ella comienza a interceder por ella. ¡Él se convierte en su Abogado! “Padre, yo sé lo que siente esta amada hija. He estado allí, rechazado; burlado; escupido. Desesperado, clamé: “¿Por qué me has abandonado?”. Me solidarizo con esta mujer, Padre, pero he lavado sus pecados y ella todavía tiene un corazón para mí”.

Aquí es donde entran las oraciones de Jesús por nosotros: “Padre, quisiera que se le diera una nueva provisión de gracia desde lo alto. Que el Espíritu Santo venga sobre ella con una renovación especial de ánimo. Dale paz y descanso en el Espíritu Santo. ¡Ella es mía y Satanás no puede tenerla!”

De pronto, aparentemente de la nada, la mujer se siente alentada porque se le ha dado la gracia a través de las oraciones de nuestro Sumo Sacerdote. Él es conmovido por los sentimientos de nuestras enfermedades y actúa en misericordia.