Tratando con Sentimientos de Decepción con Dios | World Challenge

Tratando con Sentimientos de Decepción con Dios

Gary WilkersonJune 22, 2020

“De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará” (Juan 6:26-27).

Jesús había alimentado milagrosamente a una multitud de miles, asombrando e impresionando a la gente. Estaban listos para seguir ansiosamente a este Mesías que hace maravillas, hasta que él los desafió sobre lo que realmente buscaban. Entonces su adulación se convirtió en desprecio; y se volvieron y multitudes lo dejaron.

Una pregunta que todo cristiano enfrenta al principio de su caminar con el Señor es: “¿Quién está a cargo de mi vida, yo o Jesús?” ¿Permitimos que Dios tenga una dirección total de nuestras vidas o tratamos de determinar por nosotros mismos lo que Dios quiere de nosotros?

Las personas en esta escena fueron rápidas en seguir a Cristo pero fueron igual de rápidas en rechazarlo. Jesús sabía que esto sucedería, por eso, justo después de hacer un gran milagro para esas multitudes, él los confrontó: “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (ver 6:26).

¿Es lo mismo cierto para nosotros hoy? ¿Qué sucede con nuestro compromiso de fe si las cosas no se cumplen como anticipamos? ¿Seguimos a Jesús principalmente por quién es o por su bendición? El Señor no se doblegará a nuestros deseos para darnos todo lo que queramos, cuando lo queramos. Su deseo es tener una relación con nosotros, una relación continua a largo plazo que dé frutos duraderos. Sus bendiciones son señales de su fidelidad y compasión.

Cuando las multitudes comenzaron a irse, Cristo se volvió hacia los doce discípulos y les preguntó: ¿Queréis acaso iros también vosotros?” (ver 6:67) Esta es una pregunta para todos los cristianos adoloridos de hoy: todos aquellos cuyas oraciones no han sido respondidas de la manera que quisieron; en otras palabras, todos los que están decepcionados con Dios. En esos momentos, todos estamos tentados a rendirnos y alejarnos.

Alabado sea Dios, nuestro compromiso de fe no se basa en lo que Dios nos da, sino en nuestra relación con él y en aquello que sabemos que él es: compasivo, misericordioso y fiel. Y lo mejor de todo, esta relación no depende de nuestro desempeño sino de su fidelidad. ¡Amigo, aférrate a tu fe! Tu Padre celestial está continuamente obrando en favor tuyo.

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