¿Quién Puede Encontrar un Hombre Piadoso?

Jim Cymbala

¡Las personas que son impías encuentran su placer en las cosas de este mundo, que cambian! Recientemente leí sobre cómo Elon Musk pasó de ser el hombre más rico del mundo al número dos. El hombre más rico es ahora un tipo en Francia. Musk perdió entre 20 y 30 mil millones de dólares. Si tu mundo es solo dinero, ¡uf! Te espera una montaña rusa, pero así es como viven los impíos.
 
Los impíos no sólo viven para las cosas malas, sino que también se burlan de Dios. A veces hay personas impías que salen furiosas mientras estoy predicando las buenas nuevas de Jesucristo. No oran; esa es una de las señales. La Biblia habla mucho sobre los impíos. Dios va a juzgar a los impíos. No sólo no les importan las cosas espirituales, sino que se burlan de aquellos a quienes sí les importan.
 
Una de las señales de las personas piadosas es que corren hacia la oración y hacia el trono de la gracia. Sus prioridades son Dios y las cosas de Dios. Sí, tienen una vida, un trabajo, vacaciones, criar hijos, todas esas cosas; pero también se dedican a adorar con otros, leer la Biblia, servir a Dios. Aman lo que Dios ama; odian lo que Dios odia. Son devotos de Dios. Es una cuestión del corazón, no necesariamente todas estas acciones. Tú puedes ser un predicador y no ser devoto de Dios. Puedes hacerlo por dinero o atención o simplemente para ganarte la vida. 
 
“Piadoso” ya no es una palabra que usamos mucho. Cuando leías libros de hace cien o doscientos años, decían cosas como “Oh, ese hermano, es piadoso; esa hermana, ella es piadosa”. Deberíamos querer eso. Las Escrituras dicen: “Los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición… Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre” (1 Timoteo 6:9,11).
 
Si estás diciendo: “¡Prometo ser más piadoso este año!” Detente. En lugar de ello, pídele a Dios la gracia de la consagración a una vida piadosa. Pide constantemente a Dios que reorganice tus prioridades. Es algo cotidiano.