CONSUELO SOBRENATURAL

David Wilkerson (1931-2011)

“Bendito sea el Dios… de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:3-4). En todo el mundo, las personas están atravesando sufrimientos y pruebas, y el Señor ha prometido consolarnos en ellas. Nota que aquí no se dice nada acerca de la liberación de la batalla; sólo se nos dice que el Espíritu Santo nos da consuelo para soportar y permanecer firmes en nuestra prueba.

Este consuelo, provisto por el Espíritu en medio de nuestros problemas, no es simplemente una suspensión temporal de la carga. No es un suspiro de alivio, un bloqueo de pensamientos o de miedos preocupantes. Más bien, es sobrenatural. Tal consuelo es el ministerio exclusivo del Espíritu Santo, realizado por fe cuando confiamos en su amor por nosotros.

La Escritura nos dice: “Consolarás a los que están en Sión. Tendrás una palabra de sanidad para aquellos que están desesperados y en temor” (ver Isaías 61:2-3). En respuesta a nuestra fe, el Espíritu de Dios promete crear algo en nosotros que traerá consuelo en cada problema concebible y cada circunstancia atemorizante. Él pondrá en nosotros una palabra que pueda sanar, consolar y animar a otros.

El Espíritu dijo a través de Isaías: “He visto sus caminos; pero le sanaré, y le pastorearé, y le daré consuelo a él… produciré fruto de labios: Paz, paz” (Isaías 57:18-19). Esta es una de las promesas más alentadoras en la Palabra de Dios. El Señor dice que expulsará de nosotros el espíritu de temor e implantará en nosotros su espíritu sobrenatural de paz. Isaías repite la palabra “paz” aquí para enfatizar que es una paz continua. En pocas palabras, el Espíritu Santo promete: “Crearé paz en ti”.

Mientras las nubes que se acumulan causan temor en el mundo, que tú puedas caminar según esta palabra de Pablo: “La paz de Dios gobierne en vuestros corazones” (Colosenses 3:15). ¡Amén!