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Devocionales en Español

El Privilegio de la Aceptación

David Wilkerson (1931-2011)September 2, 2020

“Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (Efesios 2:7).

Dios nos ha mostrado su bondad amorosa y afectuosa. Por lo tanto, podemos despertar gritando: “¡Aleluya! Dios, Cristo y el Espíritu Santo quieren estar cerca de mí”.

Todo cristiano enfrentará tentaciones y dificultades, pero en medio de nuestras pruebas, podemos abundar en acción de gracias debido a su eterna bondad hacia nosotros. Pablo nos dice que esta es exactamente la razón por la que Dios nos ha hecho sentar con Cristo.

Una de las grandes bendiciones que recibimos cuando se nos sienta en lugares celestiales es que disfrutamos del privilegio de la aceptación. “Nos hizo aceptos en [Cristo]” (Efesios 1:6). La palabra griega para “acepto” aquí significa muy favorecido. Eso es diferente del uso del español, que puede interpretarse como “recibido como adecuado”. Esto significa algo que puede ser soportado, lo que sugiere una actitud de “puedo vivir con eso”. Ese no es el caso con el uso de Pablo. Su uso de "acepto" se traduce como “Dios nos ha favorecido mucho”. Somos muy especiales para él porque estamos en nuestro lugar en Cristo.

Verás, debido a que Dios aceptó el sacrificio de Cristo, ahora sólo ve a un hombre corporativo: Cristo y los que están unidos a él por la fe. En resumen, nuestra carne ha muerto a los ojos de Dios. ¿Cómo? Jesús acabó con nuestra vieja naturaleza en la cruz. Así que ahora, cuando Dios nos mira, él sólo ve a Cristo. A su vez, debemos aprender a vernos a nosotros mismos como Dios lo hace. Eso significa no enfocarnos únicamente en nuestros pecados y debilidades, sino en la victoria que Cristo ganó para nosotros en la cruz.

La parábola del hijo pródigo proporciona una poderosa ilustración de la aceptación que se produce cuando se nos da una posición celestial en Cristo. Ya conoces la historia: un joven tomó la herencia de su padre y la derrochó en una vida pecaminosa. Luego, una vez que el hijo se arruinó por completo, moral, emocional y espiritualmente, pensó en su padre y se convenció de que había perdido todo el favor de él.

El hijo regresó con su padre, arrepentido y quebrantado, esperando ser rechazado, pero su padre lo recibió con los brazos abiertos de perdón y aceptación. “Lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó” (Lucas 15:20).

¡Experimenta todas las bendiciones de su aceptación hoy!

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Alineando Nuestra Realidad Presente Con el Cielo

David Wilkerson (1931-2011)September 1, 2020

Se nos dice que Cristo mismo nos ha llevado a una posición celestial con él. Sin embargo, si eso es así, entonces muchos cristianos están viviendo muy por debajo de las promesas que Dios ha provisto. Piensa en esto: si realmente estamos viviendo en Cristo, sentados con él en el salón del trono del cielo, ¿cómo podría un creyente seguir esclavizado a su carne? Se nos ha dado un puesto en él por una razón. Pero muchos en el cuerpo de Cristo no se han apropiado de él.

Pablo dice: “La cual [Dios] operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia” (Efesios 1:20-22).

La mayoría de los cristianos no tienen ninguna dificultad para creer que Cristo está ahí. Predicamos: “Jesús está incluso ahora en el trono. Él está por encima de todos los principados y potestades, mucho más allá del alcance de Satanás”. Sin embargo, nos resulta difícil aceptar la siguiente verdad: “[Dios] juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (2:6). Podemos creer que Cristo ya está en la posición celestial, sentado con el Padre. Pero no podemos aceptar que nosotros también estemos sentados allí, en el mismo salón del trono. Sin embargo, el mismo Jesús ya nos dijo: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:2).

Para muchos, esto suena como una fantasía, una ilusión teológica: “¿Quieres decir que no tengo que vivir mi vida siendo caliente y frio, estando arriba y abajo? ¿Puedo mantener intacta mi intimidad con Cristo?”

¡Si, absolutamente! Pablo declara: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). Nota que Pablo dice que todas las bendiciones espirituales se otorgan en el salón del trono. Allí tenemos todas las riquezas de Cristo: perseverancia, fuerza, reposo, mucha paz.

Pablo lo deja muy claro: para que las bendiciones de Cristo fluyan a través de nosotros, ¡debemos estar sentados con Cristo en el salón del trono del cielo! El único camino a la vida del trono es por medio de un sacrificio vivo: “Presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1).

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Poder para Resistir al Diablo

Gary WilkersonAugust 31, 2020

Mientras yo iba creciendo, nunca aprecié del todo el manto que mi padre, David Wilkerson, usaba en su papel de "atalaya". Él pasaba horas luchando con Dios por los duros sermones que él daba sobre el tema del juicio. Cuando era joven, yo no entendía el propósito de los mensajes proféticos. Mi Biblia estaba llena de pasajes subrayados sobre la gracia, la paz y la unidad de los cristianos, no el juicio, la ira ni el caos social.

Como cristianos, sabemos que nuestra esperanza no descansa en este mundo. En este momento, el enemigo está avivando la violencia y los problemas han llegado a nuestras ciudades de manera más visible que nunca. Una parte de esto es racial; otra parte, es económica. Satanás se ha afianzado a través de la violencia, pero nunca se conforma con eso; siempre busca patear la puerta y tomar el control por completo. Y yo creo que él quiere una guerra total en las calles.

Tiemblo cuando digo esto. Sin embargo, este es sólo uno de los resultados de las sociedades que se entregan a la impiedad. Cuando a lo malo llaman bueno y a lo bueno llaman malo, Dios permite que caiga el juicio. Él no hace esto para destruir, sino para que podamos reconocer el mal que hemos permitido y volvamos nuestros corazones y esperanzas a él.

Entiende esto, que “en los postreros días vendrán tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3:1). Pablo no dice esto para asustarnos. Él lo atribuye todo al pecado del corazón humano: “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (3:2-5).

Esa es una gran lista de pecados. Sin embargo, Pablo se está dirigiendo no sólo al mundo, sino también a los cristianos: “que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella”.

Satanás continuará arrojando muerte y sólo una cosa podrá resistir su infierno en la tierra: una iglesia que sea capaz de levantarse y hablar la Palabra de Dios con valentía e integridad. Sin una presencia santa en este mundo cada vez más oscuro, el mundo nunca conocerá una alternativa. Nuestra misión es predicar el evangelio de la paz y la justicia, traer esperanza donde hay miedo y restaurar la vida donde ha sido destruida.

Es hora de buscar el rostro del Señor e invocar al cielo para ver un despertar espiritual en nuestra sociedad. 

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Distinguiendo la Voz de Dios de Ias Otras Voces

David Wilkerson (1931-2011)August 28, 2020

“Bendeciré a Jehová que me aconseja; Aun en las noches me enseña mi conciencia. A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido” (Salmos 16:7-8). Básicamente, David está declarando: “Dios siempre está presente ante mí y estoy decidido a mantenerlo presente en mis pensamientos. Él me guía fielmente día y noche. Nunca entro en confusión”.

Algunos cristianos dicen: “El Señor nunca me habla. Nunca escucho su voz”. Yo, sinceramente cuestiono esto. ¿Cómo podemos afirmar que el Espíritu de Dios vive y obra en nosotros, pero no nos habla? Si decimos que vivimos y andamos en el Espíritu, si él está siempre presente en nuestro corazón, siempre a nuestra diestra, listo para dirigir nuestras vidas, entonces él quiere conversar con nosotros. Quiere un diálogo; escuchar de nosotros y hablar en nuestras vidas.

Quizás tengas miedo de escuchar las “voces interiores”. Crees que terminarás siendo engañado por tu carne, o peor aún, por el enemigo. Esta es ciertamente una preocupación válida para todo siervo de Jesús. Después de todo, el diablo le habló a Cristo mismo. Y hoy, él le habla al más santo del pueblo de Dios.

Pero con demasiada frecuencia, tal cautela se convierte en un miedo paralizante que impide a muchos cristianos lanzarse con fe, confiando en que el Espíritu de Dios guiará fielmente sus pasos. La verdad es que aquellos que pasan tiempo en la presencia de Dios aprenden a distinguir su voz de todas las demás. Jesús dijo de sí mismo: “Las ovejas le siguen [al pastor], porque conocen su voz… Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Juan 10:4, 27).

Tenemos una salvaguardia: Jesús, el Buen Pastor, nunca permitirá que Satanás engañe a ningún santo que confíe plenamente en su presencia permanente. Él promete hablar con claridad a todos los que tienen comunión diaria con él. Por el contrario, si no damos un paso de fe, si nos negamos a confiar en la presencia que nos guía del Señor, es seguro que caeremos en el engaño. ¿Por qué? Porque si no permitimos que su Espíritu nos hable, la única voz en la que confiaremos será la de nuestra carne.

Dios quiere hablarte hoy. Él puede hacerlo a través de su Palabra, a través de un amigo piadoso o mediante la voz suave y apacible del Espíritu que susurra: “Este es el camino, camina en él”.

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El Señor está Presente para Ti

David Wilkerson (1931-2011)August 27, 2020

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos” (Salmo 46:1). ¡Qué palabra tan maravillosa, es simplemente abrumadora! Dios nos está diciendo: “Debido a mi Palabra, nunca tendrás que temer. Puedes tener paz como un río y un corazón lleno de alegría”.

El Señor sabe que todos enfrentamos necesidades y problemas profundos. Todos nos encontramos con turbulencias, tentaciones, tiempos de confusión que sacuden nuestras almas. El mensaje de Dios para nosotros aquí en el Salmo 46 está destinado precisamente a esos momentos. De todas sus maravillosas promesas, el Salmo 46 es la única palabra que necesitamos para obtener su paz como un río.

Dios nos ha prometido: “En tu tiempo de angustia, cuando te enfrentes a un mal latente y persistente, seré tu ayuda presente”. La frase “pronto auxilio” significa “siempre aquí, siempre disponible, con acceso ilimitado”. En resumen, la presencia permanente del Señor está siempre con nosotros. Y si él está presente en nosotros, entonces él quiere un diálogo continuo con nosotros. Él quiere que hablemos con él sin importar dónde estemos: en el trabajo, con la familia, con los amigos, incluso con los inconversos.

La Escritura dice: “Vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él” (Isaías 59:19). No importa lo que el diablo traiga contra nosotros, el poder de Dios en su pueblo siempre será mayor que los ataques de Satanás.

Este versículo de Isaías en realidad se refiere al que lleva la bandera, que cabalgaba delante del ejército de Israel. El Señor siempre dirigía a su pueblo a la batalla detrás de su propio poderoso estandarte. De la misma manera hoy, Dios tiene un glorioso ejército de huestes celestiales que cabalgan bajo su estandarte, listos para ejecutar sus planes de batalla en favor nuestro.

¿Cómo nos ayuda Dios en nuestros problemas? Su ayuda viene en el don de su Espíritu Santo, que habita en nosotros y obra la voluntad del Padre en nuestras vidas. Pablo nos dice una y otra vez que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Somos la morada del Señor en la tierra.

No es necesario que tú produzcas alguna emoción para oír de Dios. El Señor dice: “Yo permanezco en ti; Estoy presente para ti, día y noche”.

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Perdiéndonos de Bendiciones Espirituales

David Wilkerson (1931-2011)August 26, 2020

Según el apóstol Pablo, los que creemos en Jesús hemos sido resucitados de la muerte espiritual y estamos sentados con él en un reino celestial. “Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:5-6).

Entonces, ¿dónde está este lugar celestial donde estamos sentados con Jesús? No es otro que el propio salón del trono de Dios, el trono de la gracia, la morada del Todopoderoso. Dos versículos después, leemos cómo fuimos llevados a este maravilloso lugar: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (2:8).

Este salón del trono es el sitio de todo poder y dominio; es el lugar donde Dios gobierna sobre todos los principados y potestades; y reina sobre los asuntos de los hombres. Aquí, en el salón del trono, él monitorea cada movimiento de Satanás y examina cada pensamiento del hombre.

Cristo está sentado a la diestra del Padre. La Escritura nos dice: “Todas las cosas por él fueron hechas” (Juan 1:3), y “en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). En Jesús reside toda la sabiduría y la paz, todo el poder y la fuerza, todo lo necesario para vivir una vida victoriosa y fructífera. Y se nos da acceso a todas esas riquezas que están en Cristo.

Pablo nos dice: “Tan ciertamente como Cristo resucitó de entre los muertos, nosotros también fuimos resucitados por el Padre. Y, tan ciertamente como Jesús fue llevado al trono de gloria, nosotros hemos sido llevados con él al mismo lugar glorioso. Debido a que estamos en él, también estamos donde él está. Ese es el privilegio de todos los creyentes. Significa que estamos sentados con él en el mismo lugar celestial donde él habita”.

Muchos cristianos bien intencionados se están perdiendo de estas verdades. No tienen ninguna dificultad para creer que Cristo está allí, pero se pierden las bendiciones espirituales que se otorgan en el salón del trono: firmeza, fuerza, reposo, creciente paz.

Tú puedes tomar tu posición en el lugar celestial con Cristo y hacer que sus bendiciones fluyan a través de ti a diario. 

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Acceso Sin Obstáculos al Padre

David Wilkerson (1931-2011)August 25, 2020

“Nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre” (Juan 8:28). Cuando Cristo ministró en la tierra, él disfrutó de acceso pleno al Padre. Él dijo: “No puedo hacer nada por mi cuenta. Hago sólo lo que el Padre me dice y me muestra” (ver también Juan 5:19, 30). Además, Jesús no tuvo que escabullirse a la oración para obtener la mente del Padre. Por supuesto, él oraba con frecuencia e intensamente, pero ello era para tener comunión con el Padre.

Era un asunto diferente en sus actividades diarias, ya fuera enseñando, sanando o echando fuera demonios. Jesús sabía en todo momento que él estaba en el Padre y que el Padre estaba en él. Él no tenía que “subir” al Padre para saber qué hacer. El Padre ya habitaba en él, dándose a conocer. Y Jesús siempre oía una palabra detrás de él, diciendo: “Este es el camino… esto es lo que hay que hacer”.

Hoy, se nos ha dado el mismo grado de acceso al Padre que tuvo Cristo. Tú estarás pensando: “Espera un minuto, eso es alucinante. ¿Tengo el mismo acceso al Padre que tuvo Jesús, el Creador y Señor del universo?”

No te equivoques: Así como Jesús, nosotros debemos orar a menudo y con fervor. Debemos ser buscadores de Dios, esperando en el Señor. Pero en nuestro caminar diario, nuestras idas y venidas, nuestras relaciones, nuestra vida familiar, nuestro ministerio; no tenemos que escabullirnos para rogarle a Dios por una palabra de fuerza o dirección. Tenemos el mismo Espíritu de Dios viviendo en nosotros. Y el Espíritu Santo nos revela la mente y la voluntad del Padre. Su voz siempre está detrás de nosotros, diciendo: “Este es el camino, camina por él”. La verdad sobre nuestra unión con Cristo era un misterio oculto para la iglesia hasta que Pablo entró en escena. El Espíritu Santo usó a Pablo para abrir este misterio, que es Cristo en ti, la esperanza de gloria (ver Colosenses 1:27).

Amado, este no es un asunto complicado. Simplemente pregúntate si has recibido a Jesús no sólo como tu Salvador, sino como el Señor entronado en el cielo. ¿Y has aceptado que el Señor entronado vive en ti? Se nos ha dado el cielo aquí en nuestras almas. Nuestro Salvador Jesucristo vino para darnos mucho más que redención. Él vino para que tengamos plenitud de vida todos los días.

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Despejando el Escenario de Nuestros Corazones

Gary WilkersonAugust 24, 2020

El libro de Apocalipsis nos brinda imágenes poderosas de ángeles adorando en la presencia de Dios. Se cubren el rostro mientras caen ante él clamando: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir” (Apocalipsis 4:8). Estos seres poderosos despejan el escenario en el cielo para Aquel que es alto, enaltecido y correctamente exaltado como el nombre sobre todo nombre.

Esta representación de la adoración revela que la presencia de Dios está destinada a alumbrar nuestros ojos. Nos muestra la diferencia entre el trigo y la cizaña en nuestras vidas. Por eso a la Palabra de Dios se le llama fuego purificador: purifica (ver Malaquías 3:2). También se le llama espada, un instrumento que perfora y corta (ver Hebreos 4:12). Estas herramientas se utilizan para separar las cosas, dividiendo lo puro de lo impuro.

Por definición, estas no son cosas agradables; de hecho, son incómodas y nosotros naturalmente nos resistimos. Clamamos por comodidad y placer en nuestra vida, nuestro trabajo, nuestras actividades, nuestro hogar. Como dice la Biblia, nuestro corazón se inclina a clamar: “Decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras” (Isaías 30:10). Y el mundo material siempre está a la expectativa de saciar nuestros deseos.

La Biblia advierte sobre el peligro de buscar sólo mensajes que consuelen en lugar de aquellos que desafíen. A los israelitas les encantaba tolerar sus ídolos y no renunciar a ellos. ¿Y la consecuencia? Perdieron su discernimiento.

El primer mandamiento de Dios es: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). La frase: “delante de mí” en este versículo en realidad significa “en mi presencia”. Dios está diciendo: “No traigas a ningún dios a mi presencia, tus ídolos de placer, tu ambición, tus habilidades humanas. No toleraré nada de eso”. Dios nos está diciendo que despejemos el escenario para que Cristo pueda ser central una vez más.

Demasiados creyentes se están alejando de la adoración verdadera por un espíritu que no es el de Dios. El enfoque se ha desplazado lenta y sutilmente de Cristo y su cruz a las cosas de la carne: “Levanto mis manos; canto tus alabanzas; glorifico tu nombre”. “Asegúrate de que cuando adoras a Dios, realmente glorifiques y exaltes el nombre de Jesús. “Santo, santo, santo, Señor, tú ciertamente estás en este lugar”.

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El Dolor de Decidir sin Orar

Tim DilenaAugust 22, 2020

Dejar a Dios fuera de tu toma de decisiones es peligroso y conduce a dificultades que podrían haberse evitado. En el Antiguo Testamento, vemos a Josué tomando una decisión que llevó a Israel a estar en guerra con enemigos a los que no habrían tenido que enfrentar si Josué hubiera sido más prudente.

“Los hombres de Israel los examinaron, aceptaron la evidencia, pero no preguntaron a Dios al respecto” (ver Josué 9:14). ¡No buscaron el consejo del Señor! Josué fue considerado uno de los generales judíos más grandes que jamás haya vivido en la historia de Israel: un buen hombre que cometió un gran error de juicio. No hubo una mancha en su historial, excepto en este caso. El capítulo 9 de Josué cuenta la historia y el capítulo 10 cuenta el milagro. Es una fascinante historia: el pueblo de Gabaón haciéndose pasar por viajeros hambrientos, cansados y mintiendo sobre quiénes eran y qué querían. Josué hizo un pacto con ellos y en unos pocos versículos encontramos que sus batallas se convirtieron en las de Josué debido a ese pacto mal aconsejado.

En medio de la batalla, Josué clamó a Dios por un milagro y el Señor intervino de una manera dramática: ¡Él hizo que el sol se detuviera! “Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel” (Josué 10:14).

En Proverbios, Dios nos invita muchas veces a pedir su consejo antes de tomar decisiones. “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5-6). “Hijo mío, está atento a mi sabiduría, y a mi inteligencia inclina tu oído. Para que guardes consejo” (Proverbios 5:1-2).

Las decisiones sin oración añadirán batallas que podrían haberse evitado. Existe un gran peligro cuando dejas a Dios fuera de tu toma de decisiones y decides ir por tu cuenta.

Tres cosas que hacer cuando tienes que tomar una decisión:

·      Empieza con oración

·      Anda a la Palabra

·      Consulta con personas sabias en tu vida

Ya sea que se trate de tomar una decisión difícil o lidiar con las consecuencias de una mala decisión, el Dios que es lo suficientemente grande como para hacer que el sol se detuviera hace miles de años, aún sigue haciendo que todas las cosas obren para bien, para aquellos que lo aman. Confía en su amor y sabiduría en tu vida hoy.

Después de pastorear una congregación en el interior de Detroit durante 30 años, el pastor Tim sirvió en el Tabernáculo de Brooklyn en la ciudad de Nueva York por cinco años; y pastoreó en Lafayette, Luisiana por cinco años. Él fue nombrado pastor principal de la Iglesia Times Square en mayo de 2020.

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Acceso al Padre A Través de Jesús

David Wilkerson (1931-2011)August 21, 2020

“Porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Juan 14:19-20). Ahora estamos viviendo en “aquel día” del que habla Jesús; en resumen, debemos entender nuestra posición celestial en Cristo. Por supuesto, la mayoría de nosotros conocemos nuestra posición en él, que estamos sentados con él en lugares celestiales, pero sólo como un hecho teológico. Lo conocemos por experiencia.

¿Qué se entiende por “nuestra posición en Cristo”? Muy simple, la posición es donde uno está ubicado, donde uno se encuentra. Dios nos ha ubicado donde estamos, que es en Cristo. A su vez, Cristo está en el Padre, sentado a su diestra. Por lo tanto, si estamos en Cristo, entonces estamos sentados con Jesús en el salón del trono, donde él está. Eso significa que estamos sentados en presencia del Todopoderoso.

Esto es a lo que se refiere Pablo cuando dice que se nos hizo “sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:6). Esto no es algo que tú puedas lograr, es lo que Dios dice de ti. Si estás en Cristo, entonces, a los ojos del Padre, tú estás sentado cerca de él, a su diestra.

En el momento en que depositas tu confianza en Jesús, eres puesto en Cristo por fe. Dios te reconoce en su Hijo y te sienta con él en los lugares celestiales. Esto no es simplemente un punto teológico sino una verdad, una posición objetiva. Por supuesto, estar “en Cristo” no significa que dejes esta tierra. No se puede fabricar alguna emoción o sentimiento que te lleve a un cielo literal. No, el cielo ha descendido a ti. Cristo el Hijo y Dios el Padre entraron en tu corazón e hicieron su morada allí: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23).

Sí, Jesús está en el paraíso y su Espíritu se mueve sobre toda la tierra. Pero el Señor mismo mora en ti y en mí específicamente. Él nos ha hecho su templo en la tierra, su morada, lo que significa que tenemos acceso sin obstáculos al Padre celestial. “Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18). “Tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (3:12).

¡Tu Padre celestial se regocija sobre ti, así que deja atrás tus actividades mundanas y toma tu posición en Cristo hoy!

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