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Devocionales en Español

Jesús Anhela Estar Cerca a Nosotros

David Wilkerson (1931-2011)June 11, 2020

“¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:7-10).

Sabemos que el amo es Jesús y el siervo aquí representa a cada creyente. El sirviente trabaja duro todo el día y cuando termina, necesita alimento. Él espera oír a su amo elogiarlo por su arduo trabajo y ofrecerle comida para refrescarlo. Pero en cambio, el amo ordena: “Ponte el delantal y sírveme primero. Entonces puedes comer”.

A primera vista, este mandato parece duro y exigente, pero nada más lejos de la realidad. Lo que en realidad se está diciendo es: “Pon el reino de Dios primero y luego todo te será dado”. Ya les había dicho a sus discípulos: “Os he llamado amigos” (Juan 15:15). Y ahora él dice: “Ustedes son mis sirvientes, pero los llamo amigos. Y hay una necesidad en mí que sólo su amistad puede satisfacer. Sí, sé que has estado trabajando todo el día en el campo, pero quiero que te sientes a mi mesa. Hay muchas cosas en mi corazón que quiero decirte”. Esto debería cambiar tu forma de ver la comunión y revolucionar tu vida de oración.

Claramente, esta parábola trata sobre alimentar a Cristo y, evidentemente, nuestro Señor ve este acto como nuestro llamado más alto. Tú podrás objetar: “Pensé que nuestro mayor llamado era ir a los campos de cosecha a trabajar”. Ciertamente ese es un llamado alto, pero Jesús dice que no es el más alto. El “supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”, como Pablo lo menciona en Filipenses 3:14, es tener comunión e intimidad con Cristo.

Jesús dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). Debería sentirnos profundamente honrados de que Jesús quiera estar cerca de nosotros y hablar con nosotros.

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No Hay Tiempo Para la Fe Tímida

David Wilkerson (1931-2011)June 10, 2020

Echa un vistazo a la condición actual de nuestra nación y el mundo. ¿Que ves? La profecía de Cristo se está cumpliendo ante nuestros propios ojos: “en la tierra angustia de las gentes, confundidas… desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas” (Lucas 21:25-26).

Pablo también habla de estos tiempos: “Cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina” (1 Tesalonicenses 5:3). Pablo está describiendo a un pueblo que vive con aires de suficiencia y seguridad, jactándose: “Hemos logrado el éxito y la paz. Todo está yendo muy bien”. Sin embargo, en el momento en que la gente se siente más segura, llega la destrucción. De pronto, la seguridad que apreciaban se desvanece y la sociedad se ve sobrecogida por el miedo.

Sin embargo, no debemos temer. Pablo les dijo a los tesalonicenses que ellos estaban siendo preservados en espíritu, alma y cuerpo (ver 5:23). El propósito de Dios detrás de todo esto es que se “cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder” (2 Tesalonicenses 1:11). Pablo estaba diciendo: “Ustedes están siendo llamado a cumplir una obra de fe, no una fe silenciosa, sino una que demuestre el poder de Cristo”.

¡Este no es un momento para una fe tímida! Nuestro capitán nos está llamando a ponernos de pie en medio de una sociedad temerosa y participar en la “fe de poder”. Debemos hacer la declaración: “Dios me envió delante de vosotros, para… daros vida por medio de gran liberación” (Génesis 45:7).

Nuestro Señor no está sorprendido por nada de lo que sucede hoy. Cuando el mundo se tambalea por los desastres, con dolores en aumento por todos lados, Dios convocará a soldados fieles que han sido entrenados para la batalla. Estos devotos hombres y mujeres han soportado pruebas y emergido con una fe segura. El poder de Dios descansa sobre ellos. Tal poder no puede verse a gran escala; puede verse sólo de maneras simples: un espíritu apacible, una sonrisa en medio de un mar de ceños fruncidos; un reposo de alma, mente y cuerpo mientras otros tiemblan.

Todo ministerio proviene de la comunión con el Padre, así que búscalo diligentemente en oración. Tú, verdaderamente, has sido llamado como miembro de su compañía para un tiempo como este.

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Un Gozo Que Se Encuentra al Rendirse

David Wilkerson (1931-2011)June 9, 2020

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento… Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Timoteo 6:6, 8).

Cuando un creyente elige ir más profundo con Dios y vivir una vida totalmente rendida, lo más probable es que encuentre dificultades. Incluso podría experimentar ser derribado de su gran caballo, lo que literalmente le sucedió al apóstol Pablo (también llamado Saulo). Él iba confiado por su camino seguro, cabalgando hacia Damasco, cuando una luz cegadora vino del cielo. Golpeado y cayendo suelo, escuchó una voz del cielo que decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4).

Estas palabras llevaron a Pablo de vuelta a un evento que había sucedido meses atrás, cuando él estuvo de pie mientras Esteban estaba siendo apedreado. Desde aquel entonces, él soportó largas noches de agitación, plagado de inquietud y confusión, porque había visto algo que lo sacudió hasta la médula: el rostro de Esteban mientras enfrentaba la muerte. Su semblante era celestial, lleno de una presencia santa; y sus palabras tuvieron gran poder cuando proclamaba: “He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios… Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hechos 7:56, 59). Este hombre humilde claramente no tenía miedo a la muerte.

Pablo, el más devoto de los fariseos, se dio cuenta de que Esteban poseía algo que él no poseía, algo que faltaba en su propia vida. Ahora, derribado en tierra, clamó: “¿Quién eres, Señor” y Jesús le dijo: “Yo soy Jesús, a quien a quien tú persigues” (9:5). En ese momento, Pablo tuvo una revelación sobrenatural y así comenzó su transformación milagrosa para convertirse en un devoto seguidor de Jesús e “instrumento escogido” (9:15).

Toma nota de esta escena. Aquí está el patrón para la vida entregada. Cuando decidas ir más profundo con Cristo, Dios pondrá a Esteban en tu camino. Te confrontará con alguien cuyo semblante brilla con Jesús. Esta persona no está interesada en las cosas del mundo. No le importan los aplausos de los hombres. Sólo desea complacer al Señor. Y su vida expondrá su complacencia y compromiso, trayendo profunda convicción a tu vida.

Que tu corazón sea como el de Pablo mientras buscas la rendición y devuelves a Jesús la vida que te ha concedido.

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Creyéndole a Dios Más Allá de Nuestras Limitaciones

Gary WilkersonJune 8, 2020

Es posible que hayas tenido un sueño relacionado con tu llamado, pero en algún momento surgió un obstáculo y perdiste impulso. Pronto te desviaste por completo y te diste cuenta de lo fácil que es hacer que tus sueños se descarrilen. Comenzaste con energía, pero las cosas cambiaron a medida que se establecía la dura realidad.

Al principio del ministerio de Jesús, su reputación de sanidades y maravillas atrajo a grandes multitudes. “Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos… Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud…” (Juan 6:3, 5).

Los estudiosos de la Biblia estiman que esta multitud era de entre 10,000 y 15,000. Sin embargo, cuando la multitud se reunió, los discípulos reconocieron un dilema: “[Jesús] dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” (6:5). Después de la euforia inicial de los discípulos al ver a la gente, ¡la realidad se estableció con bastante rapidez!

Piensa en la emoción de tu primer trabajo. Estabas ansioso por ir a trabajar, pero a los pocos días, viste que tu jefe no era quien parecía ser, que tu colega más cercano estaba resentido contigo; y las exigencias de tu tiempo eran mucho mayores de lo que te habían dicho. Te diste cuenta: “No tenía idea de que sería tan difícil”. Felipe debe haberse sentido de esa forma al responder a Jesús: “Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco” (6:7). Esa era una gran cantidad de dinero en aquellos días.

Jesús había llamado a Felipe a una gran victoria, pero Felipe simplemente no podía verla. Lo mismo puede ser cierto para nosotros: Dios nos ha llamado a esperar grandes cosas en nuestro caminar con él, pero requiere fe. ¿Seremos descarrilados por nuestras limitaciones o creeremos que Dios hará un milagro?

El desafío de Jesús a Felipe tenía un propósito: “Pero esto decía para probarle [a Felipe], porque él sabía lo que había de hacer” (6:6). La confianza de Cristo se basó en su sentido de la realidad de Dios detrás de cada situación, cuando instruyó a los discípulos: “Hagan que la gente se siente, porque el Padre está a punto de suplir esta necesidad” (ver 6:10).

Dios te pide que confíes en su versión de la realidad más allá de lo que puedas ver. Tu situación no depende de tus recursos, depende de los recursos de Dios. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

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Un Deseo Creciente de ser Santo

Jim CymbalaJune 6, 2020

Ya no se predica mucho sobre la vida santa y apartada, porque tememos que pueda ofender y que no sea amigable para con los visitantes. Pero cuando el Espíritu comienza su obra, siempre tendremos un nuevo deseo de santidad y una búsqueda de la semejanza de Cristo. “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;  sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:14-16).

La palabra santo habla de separación y pureza. Debe ser importante para Dios, porque él nos dice que “…la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). La santidad no es una lista de lo que se debe y no se debe hacer; más bien, es semejanza a Cristo. A medida que el Espíritu obra, tendremos un mayor deseo de ser santos como Cristo. ¿Qué más haría el Espíritu Santo sino impartir su propia naturaleza en nuestras vidas?

Una vez que confiamos en Cristo para la salvación, Dios comenzará a formarnos y moldearnos. Muchos experimentan un cambio radical cuando llegan a conocer a Cristo, pero con el tiempo se desarrolla una batalla entre la carne y el Espíritu. El apóstol Pablo escribió: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:17). Pablo estaba escribiendo a los santos en Galacia, pero el reconocía que ellos, así como él, tenían que vencer una inercia carnal desde el interior  que se oponía a los propósitos del Espíritu.

Pablo no fue el único que advirtió sobre las prácticas pecaminosas en la vida de los creyentes. Juan nos recordó esta verdad: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1). La intención de Juan era clara: inspirar al pueblo de Dios a no practicar la injusticia sino a practicar la vida cristiana. El Espíritu Santo nos trae nueva sensibilidad y convicción si realmente estamos viviendo bajo su control. El comportamiento, las palabras y las actitudes que no son santas causan una reacción del Espíritu, que es santo.

Cuando rindes tu vida a Cristo, el Espíritu Santo enviará amorosamente advertencias, señales y alertas rojas para que sigas su ejemplo. 

Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson.

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La Preocupación de Dios por Ti en los Últimos Días

David Wilkerson (1931-2011)June 5, 2020

En Apocalipsis 9 vemos una advertencia que describe una invasión mundial de langostas: “Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra” (Apocalipsis 9:3).

Satanás mismo está detrás de este aterrador enjambre de langostas. Por supuesto, estas langostas no son insectos reales, son hombres poseídos por demonios y controlados por Satanás: “Sus caras eran como caras humanas” (9:7). Las langostas se describen como hombres de guerra: “Tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla” (9:9).

La imagen aquí es de un ejército de atormentadores demoníacos, brincando como caballos ansiosos por luchar. Sus “alas” implican que pueden picar desde el aire y hay un poder mortal en su picadura: “Tenían colas como de escorpiones, y también aguijones; y en sus colas tenían poder para dañar a los hombres durante cinco meses” (9:10). En resumen, cada uno de estos hombres poseídos por demonios tiene la capacidad de picar, o envenenar, desde el suelo o el aire. Esta no es una alegoría mística, es un ejército real.

Los hombres langosta tienen un tiempo limitado para hacer su trabajo atormentador (ver 9:5), lo cual nos dice dos cosas: (1) Los terroristas no podrán destruir Estados Unidos y (2) necesitamos estar preparados para las calamidades en curso . El mundo entero está envuelto en una nube de miedo y, lamentablemente, se pondrá peor para aquellos que no conocen al Salvador.

El enfoque de Dios en este momento está en su propio pueblo; él esta interesado en su iglesia aquí en la tierra. Su pregunta es: “¿Mi pueblo está teniendo más paz y reposo, incluso cuando la ira de las langostas continúa?” El deseo de Dios para ti es que vivas todos tus días sin miedo. “Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; en ti se regocijen los que aman tu nombre” (Salmos 5:11).

Aquellos que confían que Dios cumplirá sus promesas, pueden regocijarse y hallar verdadero repososo. 

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Preservados para el Propósito de Dios

David Wilkerson (1931-2011)June 4, 2020

“Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado” (Salmos 16:1).

El Señor está con nosotros dondequiera que estemos: en casa, en el trabajo, en la iglesia, mientras estamos de compras. Él está con nosotros en nuestros autos, en aviones, en el metro. David dice que Dios nos está preservando del mal, manteniéndonos a salvo de ataques y enfermedades; en resumen, Dios ha prometido frustrar todas las armas posibles forjadas contra sus hijos.

“Líbrame, oh Jehová, del hombre malo… Guárdame, oh Jehová, de manos del impío; líbrame de hombres injuriosos, que han pensado trastornar mis pasos… Yo sé que Jehová tomará a su cargo la causa del afligido, y el derecho de los necesitados. Ciertamente los justos alabarán tu nombre; los rectos morarán en tu presencia” (Salmos 140:1, 4, 12-13).

Al comienzo de este salmo, David le pide a Dios que sea preservado de los hombres violentos. La palabra que David usa para preservar aquí significa proteger de lo que está escondido, oculto, secreto. Dios nos dice: “Tengo cubiertas todas las áreas de tu vida, incluso las cosas que no puedes ver. Con certeza puedes descansar en mí”.

Si tienes problemas para aceptar el deseo de Dios de preservarte, lee el Salmo 37: “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, Y él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, Porque Jehová sostiene su mano” (37:23-24).

Dios te está preservando porque tiene un propósito para ti. Él ha presentado una obra divina por delante que sólo un creyente probado y aprobado puede lograr. Los ataques al Centro Financiero el 11 de septiembre de 2011 envolvieron nuestra sociedad en el miedo y resultó que cristianos tibios clamaban a Dios como nunca antes. Hoy nos enfrentamos a nuevos problemas que hacen que la gente ore: “Señor, pon un cerco a mi alrededor. Camina conmigo, protégeme, vigila todos mis pasos”. ¡Y Dios, en su fidelidad, está haciendo exactamente eso!

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Tienes Acceso a Dios Hoy

David Wilkerson (1931-2011)June 3, 2020

Pablo nos dice que Dios nos adoptó simplemente porque nos ama: “Según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:5-6).

Tú podrás decir: “Yo sé que la Palabra de Dios dice que soy aceptado y sé que Jesús me dio acceso directo al trono de gracia. Pero me da mucha vergüenza acercarme. Todavía lucho con tentaciones poderosas y todavía peco en ocasiones. La única oración que puedo pronunciar es: Dios, ayúdame”.

Responde a esta simple pregunta: ¿Amas a Jesús? ¿Eres su hijo? ¿Es él tu sumo sacerdote que intercede por ti? Si es así, la Escritura dice que no importa lo que hayas hecho. Tienes derecho a entrar en su presencia, a obtener toda la misericordia y gracia que necesitas. De hecho, es justo en dichos momentos que él actúa como tu sumo sacerdote.

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:15-16).

Cristo nos dice: “Yo puedo discernir cada uno de tus pensamientos, buenos o malos. Veo cada ambición secreta, cada lujuria y obra oculta. Sin embargo, aún asi, te invito a que confiadamente vengas a mi trono. Anhelo darte toda la gracia y la misericordia que tan desesperadamente necesitas”.

Algunos cristianos piensan que sus oraciones no serán aceptadas porque han dejado de orar por demasiado tiempo. Durante meses, incluso años, el Espíritu de Dios los ha instado a acercarse, pero han acumulado un depósito de culpa que les ha hecho descuidar la oración.

“Descienden a los abismos… Entonces claman a Jehová en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego… Luego se alegran” (Salmos 107:26-30).

Tú puedes confiar en que Dios te amará, te perdonará y te cuidará aunque tú lo hayas descuidado. Si tú puedes perdonar a un ser querido que te ha lastimado, ¡cuánto más nuestro amoroso Salvador te perdonará y bendecirá, su amado hijo!

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A Jesús Nada lo Toma por Sorpresa

David Wilkerson (1931-2011)June 2, 2020

“Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron… Y fue lanzado fuera el gran dragon… fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12:7-9).

Estamos en una guerra entre dos poderes eternos: los principados y potestades de Satanás, y el único Hijo de Dios, Jesús. Esta guerra comenzó hace eones en el cielo con el arcángel Miguel y un ejército de ángeles que luchaban contra Lucifer y los ángeles rebeldes que se habían alineado con él.

Satanás perdió la batalla y fue arrojado a la tierra con los otros ángeles insubordinados (que constituían un tercio de todos los ángeles del cielo) y comenzó a librar una guerra contra el pueblo de Dios. Él nombró a personas poseídas por demonios para que fueran profetas, maestros, incluso gobernantes de naciones, y los envió a difundir su impío “evangelio”. Pero el diablo tenía un problema. Él no podía ganar conversos a través de sus enseñanzas ni persuadir a nadie de su evangelio porque éste no producía vida ni proporcionaba paz, gozo o poder sobre la esclavitud del pecado. Entonces tuvo que recurrir a la guerra.

La guerra que Satanás libra, siempre ha sido en contra del pueblo de Dios, aquellos que creen y predican a Jesucristo como Señor. Pero nuestro Señor nunca es tomado por sorpresa. Él conoce el final desde el principio y sabía que el diluvio de Satanás contra la iglesia tenía que ser frustrado antes de que los consumiera.

El Señor proclama: “Nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación… Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies” (Malaquías 4:2-3). Cuando el infierno pareciera haber ganado, el cielo clamará: “La ayuda está en camino. ¡No temas! Las puertas del infierno no prevalecerán contra el pueblo de Dios”.

¡Qué día será cuando los hombres malvados se den cuenta de que el mismo nombre que intentaron borrar por completo ahora se presenta ante ellos como su Juez! ¡La divinidad de nuestro Señor será innegable y toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor!

Jesús les preguntó a los doce discípulos: “¿Quién decís que soy?” y Pedro respondió: “Tú eres el Cristo” (Marcos 8:29). Que nuestra respuesta sea la misma que la de Pedro, y que esa sea nuestra confesión ante el mundo entero, ahora y para siempre. ¡Jesús ha ganado la guerra!

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La Luz de Dios lo Cambia Todo

Gary WilkersonJune 1, 2020

“Por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba” (Juan 8:2).

La reputación de Jesús se había extendido por todas partes porque él pronunciaba palabras profundas y realizaba poderosas obras de Dios. Sin embargo, tan pronto como se reunió esta multitud de plebeyos, aparecieron los líderes religiosos.

“Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?” (8:3-5). Estos líderes vieron a Jesús como una amenaza a su autoridad porque él exponía sus prácticas rígidas y auto justificadas e intentaban tenderle una trampa. (ver 8:6).

La escena se desarrolló dramáticamente. Jesús se agachó y escribió en el polvo con el dedo y, mientras ellos continuaban exigiendo una respuesta, él se puso en pie y dijo: “Muy bien, ¡que el que nunca ha pecado arroje la primera piedra!” Luego se agachó de nuevo y escribió en el polvo; y los acusadores se fueron escapando uno por uno.

“Enderezándose Jesús… le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (8:10-11).

Mientras Jesús desactivaba una situación altamente cargada, él aprovechó el momento para dar una de sus enseñanzas más famosas: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (8:12). ¡La luz de Dios en ese momento alteró todo!

Jesus transformed every heart present — what an amazing moment. The powerful love behind Jesús transformó cada corazón presente, ¡qué momento tan asombroso! El poderoso amor detrás de la gracia de Dios se reveló y, a los ojos de la multitud, fue un milagro que los transformó de inmediato. Jesús usó ese momento asombroso para enseñar sobre la cruz: “Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo… Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él” (8:28-30).

Cada vez que actúas como lo hizo Jesús, extendiendo gracia a los marginados por el pecado, participas en una gran transformación. ¡Todo a través de la asombrosa gracia de nuestro Salvador!

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