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Devocionales en Español

Pasando por Alto Heridas para Perdonar

David Wilkerson (1931-2011)April 24, 2020

Si tú afirmas que no tienes enemigos, te sugiero que eches un vistazo más de cerca. Por supuesto, cada cristiano se enfrenta a un enemigo en Satanás. El apóstol Pedro nos advierte: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).

Jesús deja en claro que no tenemos nada que temer del diablo. Nuestro Señor nos ha dado todo el poder y la autoridad sobre Satanás y sus fuerzas demoníacas: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10:19). Cristo declara claramente que la batalla con Satanás ya ha sido ganada.

El significado griego de la palabra “devorar”, como se usa en el versículo 8 del inicio, es “intentar tragarte de un solo bocado”. Pedro está hablando de cualquier tema, una lucha, prueba o tentación, que podría tragarte y llevarte a la depresión, el miedo o el desánimo. Esto se refiere a nuestras pruebas con enemigos humanos: oponentes de carne y hueso, personas con las que podemos vivir o trabajar.

Es posible que tú puedas testificar que has obtenido una gran victoria en Cristo. Has resistido con éxito todas las tentaciones y los malos deseos, todas las lujurias y el materialismo, todos los amores de este mundo. Pero al mismo tiempo, puedes ser devorado por una lucha continua con alguien que se ha levantado contra ti, manifestando envidia y amargura; tergiversando tus acciones y motivos; manchando tu reputación; oponiéndose a ti en cada paso; buscando frustrar el propósito de Dios en tu vida.

Si esto te describe, estás soportando una prueba iniciada por un adversario humano, este ataque personal puede haberte robado toda la paz. Cuando lees las palabras de Jesús que nos amemos unos a otros, quizás protestes: “Señor, te serviré con todo el corazón, pero no esperes que me deshaga de este dolor. Simplemente, no puedo hacerlo”. Jesús dice: “Amad a vuetros enemigos… bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44).

Traemos gloria a nuestro Padre celestial cuando pasamos por alto las heridas y perdonamos los pecados que nos han hecho. Hacer eso crea carácter en nosotros; y el Espíritu Santo nos lleva a una revelación de favor y bendición que nunca antes hemos conocido.

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Confiando que Dios Acabará Nuestras Batallas

David Wilkerson (1931-2011)April 23, 2020

Durante años, los israelitas habían deseado ser gobernados por un rey humano y finalmente Dios lo permitió. Le dijo al profeta Samuel que ungiera a Saúl para que gobernara sobre Israel: “Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza, y lo besó, y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel?” (1 Samuel 10:1).

Samuel estaba diciendo, en esencia: “El Señor está contigo, Saúl. Eres una vasija escogida, elegida por la mano por Dios”. Además, Dios bendijo inmediatamente a Saúl con un corazón para cumplir su llamado: “Le mudó Dios [a Saúl] su corazón… y el Espíritu de Dios vino sobre él con poder, y profetizó entre ellos” (10:9-10).

¿Quién no querría que un hombre así fuera su rey? Saúl era humilde, valiente, bien parecido, favorecido por Dios. En otras palabras, el modelo de un líder piadoso. Sin embargo, increíblemente, este hombre ungido moriría en total rebelión. Entonces, ¿qué fue lo que hizo que Saúl descendiera en un espiral?

El momento crítico de Saúl llegó cuando Israel se enfrentó a los filisteos, un enemigo desalentador; y Saúl se adelantó a la dirección de Dios hacia la batalla. Actuó con miedo, no con fe; y cometió un pecado tan grave contra el Señor que resultó en la revocación de su nombramiento como rey. ¿Por qué? Como Dios sabía que desde ese día en adelante, Saúl le ofrecería una fe muerta, maquinaría y manipularía cualquier situación que surgiera. (Lee esta historia completa en 1 Samuel 13).

Dios conoce el corazón de cada persona y él nunca llega tarde para ayudarnos en nuestra batalla. La incredulidad es mortal, sus consecuencias son trágicas, esto está claro en la vida de Saúl. Desde el momento en que tomó la trascendental decisión de tomar el asunto en sus propias manos, su vida fue cuesta abajo.

Amados, ¡anímense! Hay buenas noticias para cada creyente en esta era del Nuevo Pacto. Dios nos asegura que todos los que se aferren a la fe y crean en él serán honrados, sin importar cuán desesperada parezca la situación. “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7).

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Una Revelación Mayor que Nuestros Sufrimientos

David Wilkerson (1931-2011)April 21, 2020

En un punto de su caminar de fe, el apóstol Pablo dijo: “El Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones” (ver Hechos 20:23). De hecho, durante toda la vida de Pablo, sus aflicciones nunca cesaron. Tú puedes preguntarte: “¿Cómo puede ser esto? El Dios al que servimos es todopoderoso y victorioso. Él sólo tiene que decir una palabra y hace posible que pasemos por la vida en triunfo y sin ningún problema. Entonces, ¿por qué nuestro amoroso Padre permitiría que su pueblo sufriera?”

Pablo responde a dicha pregunta: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Corintios 4:17). Pablo dice, en esencia, “El sufrimiento que atravesamos en esta tierra es sólo momentáneo comparado con la eternidad”. Y ahora, mientras soportamos nuestro sufrimiento, Dios está produciendo en nosotros una revelación de su gloria que durará para siempre.

Pablo tuvo una gran revelación de Cristo, una fe increíblemente fuerte y abundante conocimiento espiritual. Y todo vino a él a través de los muchos sufrimientos. Una y otra vez fue golpeado, robado, encarcelado; naufragó e incluso fue abofeteado y frustrado por el Diablo mismo. Él escribió: “Por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó” (1 Tesalonicenses 2:18).

Pablo entendió que en todo lo que soportó, el Espíritu Santo le estaba enseñando cosas que no podía aprender de otra manera. “Yo, Pablo… ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo… para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios” (Colosenses 1:23-25). El apóstol está diciendo aquí: “Dios me está dando algo para ustedes a través de esta prueba. Él me está revelando una verdad que ha estado oculta a lo largo de los siglos; y esa verdad es Cristo en ustedes, la esperanza de gloria. Su poder está actuando poderosamente en ustedes” (ver versículo 29).

Este hombre tuvo su propia revelación plena y gloriosa de Cristo; uno de los grandes secretos de la espiritualidad de Pablo era su disposición a aceptar cualquier condición en la que se encontraba sin quejarse. Tu situación actual puede convertirse en un infierno en la tierra, drenando todas tus lágrimas. Pero si eres fiel en permanecer en él, si honras la palabra de Dios, creyendo que él de dará la resistencia, él te transformará dramáticamente en una persona verdaderamente espiritual.

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Una Visión de Esperanza

Gary WilkersonApril 20, 2020

El profeta Ezequiel se movía poderosamente en el Espíritu y el Señor le dio una visión que contiene un mensaje oportuno de despertar espiritual para la iglesia de hoy. Como sucedió con la mayoría de los profetas del Antiguo Testamento, Ezequiel servía al rey de Israel, lo que significaba viajar con el ejército del rey y presenciar los horrores de la guerra. Pero Ezequiel recibió una visión tan terrible que superó todo lo que había presenciado en la vida real.

Dios le dijo a Ezequiel: “Ponte aquí, tengo algo que mostrarte” (ver Ezequiel 37:1). La palabra hebrea para “poner”, como se usa aquí, es la misma palabra que se encuentra en Lucas 24:49 cuando Jesús instruyó a sus discípulos: “Quedaos [pónganse] vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”. El significado en ambos casos es: “Entrega tus planes y estrategias y luego espera que yo te llene de mi poder”.

En la visión de Ezequiel, éste fue conducido a un valle lleno de huesos secos: “Me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera” (37:1-2). ¡Qué escena tan terrible! Una vasta extensión de tierra llena de esqueletos hasta donde Ezequiel podía ver. Mientras Ezequiel inspeccionaba la escena frente a él, Dios preguntó: “Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?” (37:3) Y Ezequiel respondió: “Señor Jehová, tú lo sabes” (mismo versículo). La respuesta de Ezequiel fue de total confianza, justamente la respuesta que Dios estaba esperando oír.

Puede que tú estés experimentando muchas cosas difíciles en tu vida y, de ser así, Cristo te hace la misma pregunta hoy: “¿Vivirán los huesos secos de tu situación? ¿Crees que puede suceder?”

Dios le dijo a Ezequiel que profetizara sobre los huesos para que pudieran vivir y nos pide lo mismo. Una vez que nuestra fe está comprometida, él nos llama a la acción, a hablar vida a nuestras familias y a nuestros diversos desafíos. “Pondré en vosotros espíritu, y viviréis” (37:6).

Del caos, Jesús produce vida; de las cenizas, él produce belleza. Y en una situación horrible que el enemigo planeó sólo para la destrucción, ¡Jesús sopla vida nueva!

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Victoria en Tiempos de Tribulación

Carter ConlonApril 18, 2020

La Biblia advirtió que habrá una oscuridad indescriptible y una gran apostasía en los últimos días antes de que Cristo regrese, pero la mayoría de nosotros probablemente nunca pensamos que viviríamos para ver un día de decadencia moral como éste.

Antes de que David se convirtiera en rey, vivió en una época en que su propia nación estaba en un terrible declive espiritual. La voluntad propia y el falso espiritualismo, bajo el rey Saúl, estaban en plena exhibición, llevando a la nación hacia lo que inevitablemente se convertiría en una derrota segura sin intervención divina. David pronto se encontró siendo perseguido por un ejército que esperaba echar fuera todo lo que representaba a Dios. Por supuesto, sabemos que David finalmente terminó siendo alguien que marcó la diferencia.

¿Qué se supone que debemos hacer en estos días? Debemos orar para ser librados del espíritu de este siglo. “Líbrame, oh Jehová, del hombre malo; guárdame de hombres violentos, los cuales maquinan males en el corazón” (Salmos 140:1-2). En este salmo, David se refería a aquellos que buscaban una solución en términos humanos. David era el tipo de Cristo para su generación; y él se sintió llamado a algo más elevado que la mezquina violencia y el agravio de su generación.

Nosotros también debemos orar para ser librados del espíritu de este siglo, diciendo: “Señor, no quiero ser parte del problema sino parte de la solución. Ayúdame a volver a pensar en las cosas espirituales. Aléjame de los medios de comunicación y de cualquier cosa que pueda envenenar mi espíritu y hacer que mi discurso pierda su efectividad a volviéndose exactamente igual a cómo lo hace el mundo. ¡Dame tu Espíritu Santo! Dame tus pensamientos, tu mente, tu compasión por las multitudes. Ayúdame a amar incluso a mis enemigos”.

En lo natural, estamos en el lado más débil; pero en lo espiritual, ya somos más que vencedores. Estamos sentados a la diestra del Dios Todopoderoso, aquél que ya destruyó el poder de las tinieblas y está sentado con todo poder y autoridad. ¡Tenemos acceso directo al trono de Dios con poder para hacer retroceder las tinieblas y creer que habrá victoria y regocijo en los próximos días!

Carter Conlon se unió al equipo pastoral de la Iglesia Times Square en 1994, por invitación del pastor fundador David Wilkerson, y fue nombrado para el cargo de Pastor Principal en 2001.

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Luchando por Cada Centímetro de tu Corazón

David Wilkerson (1931-2011)April 17, 2020

Satanás ha dirigido su ira hacia la iglesia de Jesucristo y ha reservado su peor furor para los creyentes que guardan los mandamientos de Dios y confían en él. El diablo sabe que esta guerra es su última oportunidad, porque queda poco tiempo antes de que Cristo regrese por su novia: “El diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo” (Apocalipsis 12:12 )

El objetivo de Satanás es tentar al pueblo de Dios para que se rebele contra Dios, tal como lo hizo con Adán y Eva. Entonces, ¿cómo se aplica esto a ti y a mí? Satanás no está interesado en convertirnos en degenerados. Todo lo que quiere es que nos rebelemos en una sola área, lo que le permitirá tener suficiente espacio para establecerse. Él tiene sus principados y potestades en alerta para proporcionarle reportes de inteligencia sobre nosotros: ellos leen nuestras acciones y escuchan nuestras conversaciones. Y cuando se dan cuenta de una debilidad carnal, apuntan todas sus tentaciones a esa área débil.

Pablo advierte: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre… y renovaos en el espíritu de vuestra mente… ni deis lugar al diablo” (Efesios 4:22, 23, 27). El precio de una vida victoriosa no es poca cosa; significa someter nuestras vidas totalmente a la Palabra de Dios, sin lugares oscuros, lujurias ocultas o rebeliones. Hay poder en la palabra de Dios, a través de ella él creó todas las cosas y continúa produciendo vida. Por su palabra, Dios derriba reyes y levanta naciones; y a través de élla, bendice y salva, juzga y destruye.

No le des a Satanás ni un centímetro de tierra, eso es todo lo que él necesita para entrar y establecer una base de poder.

Aquí hay algunas áreas a tener en cuenta para mantener una fuerte defensa contra el enemigo:

  • Manténte en comunión con otros creyentes (Hebreos 10:25).
  • No te aferres a la falta de perdón (Mateo 6:14-15).
  • Dehazte de la amargura y la contienda (Santiago 3:14-16).

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne” (Hebreos 10:19-20). Cuando el diluvio te golpee y estés abrumado, entra en la presencia misma de Dios en su trono, porque el Cordero ha hecho un camino para ti, a través de su sangre.

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Luchando por tus Hijos

David Wilkerson (1931-2011)April 16, 2020

Los niños de hoy están plagados de sexo, drogas, alcohol, avaricia y violencia a una edad temprana. Nuestro sistema judicial ha excluido a Dios de nuestras escuelas, pero no podemos culpar a nuestros corruptos sistemas escolares por condenar a nuestros hijos: toda nuestra sociedad está experimentando un colapso moral.

Todos los padres deben memorizar esta promesa de pacto: “Ahora pues, oye, Jacob, siervo mío, y tú, Israel, a quien yo escogí. Así dice Jehová, Hacedor tuyo, y el que te formó desde el vientre, el cual te ayudará: No temas… porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos;  y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas de las aguas” (Isaías 44:1-4).

Esta palabra de promesa a Israel también es para nosotros hoy. Sus palabras de consuelo se dan a todos los elegidos (versículo 1), lo que significa a todos los que están en Cristo. Las vinculante y gloriosas promesas del pacto de Dios son para sus justos. Las promesas son:

  • Dios proveerá agua para satisfacer nuestra sed: “Derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida” (versículo 3).
  • Dios hará que crezcas alto y fuerte en el Señor: “Mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos;  y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas de las aguas” (versículos 3-4).
  • Finalmente, Dios dice que sus hijos testificarán: “Yo soy de Jehová” (versículo 5).

Los padres de hoy necesitan más sabiduría y discernimiento que en cualquier otro momento de la historia. Satanás tiene inventos perversos y disfraces sutiles para usar contra nuestros hijos y Dios ha hecho de los padres los guardianes del hogar.

Dios dice que tus hijos testificarán: “Yo soy de Jehová” (44:5). ¡Qué promesa tan increíble! Pero estas promesas no son para todos los que simplemente dicen: “Yo soy de Cristo”. Son sólo para padres hambrientos y sedientos; aquellos que beben diariamente de la Palabra de Dios y oran regularmente, pidiéndole al Espíritu que derrame sobre ellos su poder y presencia. Reclama estas promesas hoy y luego baña tu hogar y a tus hijos en oración.

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Nunca es Demasiado Tarde

David Wilkerson (1931-2011)April 15, 2020

Dios puede revivir cualquier cosa que hayas dado por muerto. Todos estamos familiarizados con la historia en Marcos 5 de Jairo, el desesperado gobernante de la sinagoga que le pidió a Jesús que sanara a su hija. La niña de doce años estaba peligrosamente cerca de la muerte y Jairo le suplicó a Cristo que fuera a su casa y pusiera sus manos sobre ella.

Jesús aceptó ir con Jairo pero tuvo algunas interrupciones en el camino. Cuando Jesús se detuvo para ministrar a la mujer con una enfermedad de la sangre que tocó el borde de su manto (Marcos 5:25-34), llegó un mensajero con la trágica noticia de que la hija de Jairo había muerto (5:35). Por supuesto, el corazón de Jairo estaba lleno de dolor y debió haber pensado: “¡Si tan sólo hubiéramos llegado a tiempo! Ahora es demasiado tarde, ¡mi hija se fue!” Pero Jesús le aseguró: “No temas, cree solamente” (5:36).

Ellos continuaron hacia la casa de Jairo y al acercarse a la propiedad, oyeron sonidos de lamento y llanto. La familia y los vecinos de Jairo estaban afligidos y lamentándose en alta voz. Considera el contraste en esta escena: Dios en la carne, el creador del universo, se estaba acercando en todo su poder para realizar lo inimaginable. Sin embargo, los dolientes lloraban en su presencia. En resumen, estaban testificando: “Dios sólo puede ayudar mientras haya alguna señal de esperanza. Pero cuando toda la vida se va, no hay necesidad de llamarlo; ni siquiera él puede restaurar ese tipo de situación”.

¿Cuántos cristianos hoy ya no invocan al Señor porque piensan que su problema no tiene remedio? Jesús reprendió tal incredulidad cuando dijo a la multitud que lloraba en la casa de Jairo: “¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme” (5:39).

El Señor estaba diciendo: “Esta situación no es lo que ves o piensas. Tú piensas que toda esperanza se ha ido, pero yo digo que habrá restauración”. Luego fue a la habitación de la niña y con sólo una pequeña frase, él trajo de vuelta a la vida a la niña (5:41).

Esta historia en el evangelio de Marcos nos muestra que nada está demasiado “muerto” o demasiado lejos para que Jesús lo restituya a la vida. Él dice: “Confía en que yo solucionaré tu problema. Nunca es tarde para que yo obre”.

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En Paz Delante de tus Enemigos

David Wilkerson (1931-2011)April 14, 2020

“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando” (Salmos 23:5).

Nos encanta la promesa de que nos sirvan un banquete en presencia de nuestros enemigos mientras ellos observan. Pero, ¿quiénes son estos enemigos? En términos bíblicos, están los demonios y los humanos. En el Salmo 23, David se refiere a enemigos demoníacos; estos representan al diablo y todos sus principados y potestades infernales.

Según Jesús: “El enemigo… es el diablo” (Mateo 13:39). Sin embargo, muchos de nuestros enemigos no son del infierno. Cuando Jesús nos dice que amemos a nuestros enemigos (Mateo 5:44), no está hablando del diablo y sus hordas. Él está hablando de personas en nuestras vidas que se han convertido en herramientas utilizadas por Satanás para hacernos miserables. Fueron los enemigos carnales de David los que lo hicieron clamar: “Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio” (Salmos 143:9).

Puedes tener sólo unos cuantos enemigos humanos o puedes tener una abundancia, dependiendo de tu esfera de influencia. En cualquier caso, si tu corazón está determinado en seguir a Jesús, serás una ofensa para algunos. Y la gente te va a evitar; tanto los inconversos, como los cristianos carnales, por igual.

Serás marcado como objetivo por el diablo y sus espíritus malignos; tu adversario, el diablo, te atacará física y espiritualmente. Y si puede, provocará problemas entre tus enemigos humanos. La fiesta sobrenatural del Señor se vuelve aún más sorprendente porque ambas clases de enemigos tienen que sentarse y observar cómo el Señor te sirve.

La Palabra de Dios dice de los justos: “A sus enemigos vestiré de vergüenza, mas sobre él florecerá su corona” (Salmos 132:18). Dios está diciendo, en esencia: “Tus enemigos carnales pensaron que estabas acabado, pero ahora sólo pueden mirar maravillados mientras te alimento y te bendigo”.

Cuando le has fallado y sientes que Satanás ha tomado ventaja en tu vida, el Señor te invita: “Ven a la fiesta. Siéntate y prueba mi misericordia. Quiero que festejes en mi mesa en presencia de tus enemigos”.

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Siempre hay Esperanza

Gary WilkersonApril 13, 2020

Algunas cosas en la vida están completamente fuera de nuestro control. Por ejemplo, no puedes traer de vuelta a un hijo pródigo y obligarlo a volver a su relación con Cristo. No importa cuánto ayunes y clames por él a Dios, la decisión es suya. Muchas otras cosas en la vida presentan desafíos similares, pero si conoces a Aquel que puede mover montañas, siempre hay esperanza.

Lo maravilloso de la vida en Cristo es que podemos involucrarnos en cosas increíbles que no podríamos hacer por nuestra cuenta. De hecho, Jesús nos llama a participar con él para lograr lo que no podemos hacer por nosotros mismos: Ver a los seres queridos perdidos venir a la fe; ver matrimonios rotos, restaurados y sanados; ver a personas no inconversas en nuestra comunidad rescatadas de una eternidad sin esperanza. A través de nuestra fe en Jesús, podemos ver, e incluso participar, de cosas logradas por su poder, majestad y autoridad.

En Hebreos 11, hay una lista de personajes bíblicas que agradaron a Dios: Abraham y Sara, Isaac, David, Samuel y muchos otros. Se les elogia no por sus talentos o logros, sino por confiar en que Dios haría lo que estaba más allá de sus capacidades. Juntos, ellos forman parte de la “grande nube de testigos de la vida de fe” (ver Hebreos 12:1).

Para alcanzar esa vida de fe, se nos insta a despojarnos de todo peso que nos impida confiar (12:1). Muchos cristianos son aplsatados por la incredulidad porque miran más sus circunstancias que al Dios que controla todas las circunstancias. Ten la seguridad de que lo que Dios ha prometido nunca podrá ser frustrado.

Cuando Dios le prometió a Abraham que sería padre de todas las naciones, Abraham sabía que él y su esposa Sara eran demasiado viejos para tener hijos. Sin embargo, “tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios” (Romanos 4:20). De hecho, según la Palabra de Dios, su fe se hizo aún más fuerte. Cuanto más se imaginaba Abraham: “No puedo hacerlo”, más se fortalecía su fe en la capacidad de Dios. Y a través de la muerte de su carne vino un poder que no era de sí mismo: el poder del Espíritu Santo.

Todos estamos llamados a hacer lo que podamos por el reino de Cristo; y más. Para ver los propósitos de Dios realizados en tu vida, él sólo te pide que confíes en él viviendo una vida de fe.

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