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Devocionales en Español

Luchando por tus Hijos

David Wilkerson (1931-2011)April 16, 2020

Los niños de hoy están plagados de sexo, drogas, alcohol, avaricia y violencia a una edad temprana. Nuestro sistema judicial ha excluido a Dios de nuestras escuelas, pero no podemos culpar a nuestros corruptos sistemas escolares por condenar a nuestros hijos: toda nuestra sociedad está experimentando un colapso moral.

Todos los padres deben memorizar esta promesa de pacto: “Ahora pues, oye, Jacob, siervo mío, y tú, Israel, a quien yo escogí. Así dice Jehová, Hacedor tuyo, y el que te formó desde el vientre, el cual te ayudará: No temas… porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos;  y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas de las aguas” (Isaías 44:1-4).

Esta palabra de promesa a Israel también es para nosotros hoy. Sus palabras de consuelo se dan a todos los elegidos (versículo 1), lo que significa a todos los que están en Cristo. Las vinculante y gloriosas promesas del pacto de Dios son para sus justos. Las promesas son:

  • Dios proveerá agua para satisfacer nuestra sed: “Derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida” (versículo 3).
  • Dios hará que crezcas alto y fuerte en el Señor: “Mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos;  y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas de las aguas” (versículos 3-4).
  • Finalmente, Dios dice que sus hijos testificarán: “Yo soy de Jehová” (versículo 5).

Los padres de hoy necesitan más sabiduría y discernimiento que en cualquier otro momento de la historia. Satanás tiene inventos perversos y disfraces sutiles para usar contra nuestros hijos y Dios ha hecho de los padres los guardianes del hogar.

Dios dice que tus hijos testificarán: “Yo soy de Jehová” (44:5). ¡Qué promesa tan increíble! Pero estas promesas no son para todos los que simplemente dicen: “Yo soy de Cristo”. Son sólo para padres hambrientos y sedientos; aquellos que beben diariamente de la Palabra de Dios y oran regularmente, pidiéndole al Espíritu que derrame sobre ellos su poder y presencia. Reclama estas promesas hoy y luego baña tu hogar y a tus hijos en oración.

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Nunca es Demasiado Tarde

David Wilkerson (1931-2011)April 15, 2020

Dios puede revivir cualquier cosa que hayas dado por muerto. Todos estamos familiarizados con la historia en Marcos 5 de Jairo, el desesperado gobernante de la sinagoga que le pidió a Jesús que sanara a su hija. La niña de doce años estaba peligrosamente cerca de la muerte y Jairo le suplicó a Cristo que fuera a su casa y pusiera sus manos sobre ella.

Jesús aceptó ir con Jairo pero tuvo algunas interrupciones en el camino. Cuando Jesús se detuvo para ministrar a la mujer con una enfermedad de la sangre que tocó el borde de su manto (Marcos 5:25-34), llegó un mensajero con la trágica noticia de que la hija de Jairo había muerto (5:35). Por supuesto, el corazón de Jairo estaba lleno de dolor y debió haber pensado: “¡Si tan sólo hubiéramos llegado a tiempo! Ahora es demasiado tarde, ¡mi hija se fue!” Pero Jesús le aseguró: “No temas, cree solamente” (5:36).

Ellos continuaron hacia la casa de Jairo y al acercarse a la propiedad, oyeron sonidos de lamento y llanto. La familia y los vecinos de Jairo estaban afligidos y lamentándose en alta voz. Considera el contraste en esta escena: Dios en la carne, el creador del universo, se estaba acercando en todo su poder para realizar lo inimaginable. Sin embargo, los dolientes lloraban en su presencia. En resumen, estaban testificando: “Dios sólo puede ayudar mientras haya alguna señal de esperanza. Pero cuando toda la vida se va, no hay necesidad de llamarlo; ni siquiera él puede restaurar ese tipo de situación”.

¿Cuántos cristianos hoy ya no invocan al Señor porque piensan que su problema no tiene remedio? Jesús reprendió tal incredulidad cuando dijo a la multitud que lloraba en la casa de Jairo: “¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme” (5:39).

El Señor estaba diciendo: “Esta situación no es lo que ves o piensas. Tú piensas que toda esperanza se ha ido, pero yo digo que habrá restauración”. Luego fue a la habitación de la niña y con sólo una pequeña frase, él trajo de vuelta a la vida a la niña (5:41).

Esta historia en el evangelio de Marcos nos muestra que nada está demasiado “muerto” o demasiado lejos para que Jesús lo restituya a la vida. Él dice: “Confía en que yo solucionaré tu problema. Nunca es tarde para que yo obre”.

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En Paz Delante de tus Enemigos

David Wilkerson (1931-2011)April 14, 2020

“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando” (Salmos 23:5).

Nos encanta la promesa de que nos sirvan un banquete en presencia de nuestros enemigos mientras ellos observan. Pero, ¿quiénes son estos enemigos? En términos bíblicos, están los demonios y los humanos. En el Salmo 23, David se refiere a enemigos demoníacos; estos representan al diablo y todos sus principados y potestades infernales.

Según Jesús: “El enemigo… es el diablo” (Mateo 13:39). Sin embargo, muchos de nuestros enemigos no son del infierno. Cuando Jesús nos dice que amemos a nuestros enemigos (Mateo 5:44), no está hablando del diablo y sus hordas. Él está hablando de personas en nuestras vidas que se han convertido en herramientas utilizadas por Satanás para hacernos miserables. Fueron los enemigos carnales de David los que lo hicieron clamar: “Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio” (Salmos 143:9).

Puedes tener sólo unos cuantos enemigos humanos o puedes tener una abundancia, dependiendo de tu esfera de influencia. En cualquier caso, si tu corazón está determinado en seguir a Jesús, serás una ofensa para algunos. Y la gente te va a evitar; tanto los inconversos, como los cristianos carnales, por igual.

Serás marcado como objetivo por el diablo y sus espíritus malignos; tu adversario, el diablo, te atacará física y espiritualmente. Y si puede, provocará problemas entre tus enemigos humanos. La fiesta sobrenatural del Señor se vuelve aún más sorprendente porque ambas clases de enemigos tienen que sentarse y observar cómo el Señor te sirve.

La Palabra de Dios dice de los justos: “A sus enemigos vestiré de vergüenza, mas sobre él florecerá su corona” (Salmos 132:18). Dios está diciendo, en esencia: “Tus enemigos carnales pensaron que estabas acabado, pero ahora sólo pueden mirar maravillados mientras te alimento y te bendigo”.

Cuando le has fallado y sientes que Satanás ha tomado ventaja en tu vida, el Señor te invita: “Ven a la fiesta. Siéntate y prueba mi misericordia. Quiero que festejes en mi mesa en presencia de tus enemigos”.

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Siempre hay Esperanza

Gary WilkersonApril 13, 2020

Algunas cosas en la vida están completamente fuera de nuestro control. Por ejemplo, no puedes traer de vuelta a un hijo pródigo y obligarlo a volver a su relación con Cristo. No importa cuánto ayunes y clames por él a Dios, la decisión es suya. Muchas otras cosas en la vida presentan desafíos similares, pero si conoces a Aquel que puede mover montañas, siempre hay esperanza.

Lo maravilloso de la vida en Cristo es que podemos involucrarnos en cosas increíbles que no podríamos hacer por nuestra cuenta. De hecho, Jesús nos llama a participar con él para lograr lo que no podemos hacer por nosotros mismos: Ver a los seres queridos perdidos venir a la fe; ver matrimonios rotos, restaurados y sanados; ver a personas no inconversas en nuestra comunidad rescatadas de una eternidad sin esperanza. A través de nuestra fe en Jesús, podemos ver, e incluso participar, de cosas logradas por su poder, majestad y autoridad.

En Hebreos 11, hay una lista de personajes bíblicas que agradaron a Dios: Abraham y Sara, Isaac, David, Samuel y muchos otros. Se les elogia no por sus talentos o logros, sino por confiar en que Dios haría lo que estaba más allá de sus capacidades. Juntos, ellos forman parte de la “grande nube de testigos de la vida de fe” (ver Hebreos 12:1).

Para alcanzar esa vida de fe, se nos insta a despojarnos de todo peso que nos impida confiar (12:1). Muchos cristianos son aplsatados por la incredulidad porque miran más sus circunstancias que al Dios que controla todas las circunstancias. Ten la seguridad de que lo que Dios ha prometido nunca podrá ser frustrado.

Cuando Dios le prometió a Abraham que sería padre de todas las naciones, Abraham sabía que él y su esposa Sara eran demasiado viejos para tener hijos. Sin embargo, “tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios” (Romanos 4:20). De hecho, según la Palabra de Dios, su fe se hizo aún más fuerte. Cuanto más se imaginaba Abraham: “No puedo hacerlo”, más se fortalecía su fe en la capacidad de Dios. Y a través de la muerte de su carne vino un poder que no era de sí mismo: el poder del Espíritu Santo.

Todos estamos llamados a hacer lo que podamos por el reino de Cristo; y más. Para ver los propósitos de Dios realizados en tu vida, él sólo te pide que confíes en él viviendo una vida de fe.

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El Propósito de Dios en Tu Naufragio

Claude HoudeApril 11, 2020

Puede que estés en una tormenta en este momento, pero al otro lado de ese mar tumultuoso hay un banco de bendiciones de Dios y un milagro más profundo. Vemos el secreto de esto en el libro de los Hechos al mirar la vida del apóstol Pablo.

Pablo no había hecho nada malo. El rey Agripa dijo: “Ninguna cosa digna ni de muerte ni de prisión ha hecho este hombre” (Hechos 26:31); sin embargo, fue hecho prisionero. “Entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio” (27:1) y, a pesar del consejo de Pablo de retrasar su partida, navegaron hacia Roma, donde Pablo iría a juicio ante César. En el camino, se encontraron con numerosas tormentas que les causaron muchas dificultades. Durante este tiempo, Pablo se puso de pie en medio de ellos y dijo: “Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave” (26:21-22). Un ángel se le apareció a Pablo y le aseguró que todos estarían a salvo.

A pesar de que se estrellaron en la isla de Malta, destruyendo su barco, no se perdió una sola vida, tal como Pablo había declarado. Hacía frío y llovía, y estaban encadenados en una cultura extraña con un idioma extraño. Pero se encontraron con una amabilidad inusual y se les hizo sentir bienvenidos (ver Hechos 28:1-2).

Un naufragio nunca es una experiencia agradable, pero Dios usó este evento para demostrar su bondad y traer las buenas nuevas de Jesús a esta isla. “En aquellos lugares había propiedades del hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó solícitamente” (28:7). El padre de este dignatario local estaba enfermo y Dios usó a Pablo para sanarlo (28:8). Esta demostración del amor y el poder de Dios abrió el camino para un avivamiento en la isla.

Todo el dolor y las presiones que Pablo soportó en su viaje lo estaban preparando para Malta y los milagros que ocurrieron allí. ¡Naufragó bajo la soberanía de Dios! Pero al otro lado de ese naufragio estaba lo milagroso.

Entrega tu Malta a Jesús hoy: ¡Dios tiene un propósito para ti allí! Mientras te aferras a sus promesas, él te usará, te preparará, te moldeará y te cambiará para su gloria. 

Claude Houde es el pastor principal de Eglise Nouvelle Vie (Iglesia Vida Nueva) enMontreal, Canadá. Bajo su liderazgo, la Iglesia Nueva Vida ha crecido de unos cuantos asistentes a más de 3500, en una parte de Canadá en la que hay muy pocas Iglesias protestantes exitosas.

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¿Puedo Yo Cambiar?

David Wilkerson (1931-2011)April 10, 2020

Muchas personas responden bien a la consejería cristiana como un medio para ayudar a sanar matrimonios y hogares. De hecho, la consejería se ha convertido en un ministerio importante en la iglesia hoy. Pero cada vez más cristianos con problemas no responden a la orientación que reciben. ¿Por qué? Porque un velo espiritual se ha asentado sobre sus ojos, una ceguera a su propia culpa y a su necesidad de cambiar. Y ese velo debe ser quitado antes de que cualquier cambio sea posible en sus vidas.

“Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:16-17).

La Biblia habla claramente a todos los que obedecerían al Señor: “No puedes ser cambiado si permaneces voluntariamente ciego a la Palabra de Dios”. En el versículo 16, “convertir” significa “cambiar el rumbo”. En resumen, Pablo dice: “Debes admitir que el curso que estás tomando te ha llevado al vacío, a la ruina, a la desesperación”.

El cambio es exclusivamente obra del Espíritu Santo: “¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu?” (2 Corintios 3:8). Simplemente no podemos cambiarnos a nosotros mismos; sólo el Espíritu de Dios puede conformarnos a la gloriosa imagen de Cristo. Pablo experimentó este tipo de cambio cuando todavía era conocido como Saulo, viajando por el camino a Damasco para perseguir a los cristianos allí. El Señor lo interceptó y creó una crisis para cambiar completamente el curso de su vida (ver Hechos 9).

Para poder ver el cambio, deben suceder varias cosas. Primero, debes crecer en el conocimiento de la misericordia de Dios, seguido de la seguridad de que no te rendirás, no importa cuán mal se pongan las cosas. “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos” (2 Corintios 4:1). Y luego, debes abandonar por completo todas las cosas ocultas en tu vida: “Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios” (4:2).

Dios te cambiará cuando te sometas a su Palabra y al poder transformador de su Espíritu. Ríndete a su voluntad hoy y permítele a él convertirte en un vencedor. Permanece en su Palabra, invoca su nombre diligentemente y confía en que el Espíritu Santo te cambiará.

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Dios Tiene un Plan para tu Batalla

David Wilkerson (1931-2011)April 9, 2020

Multitudes de cristianos enfrentan problemas indescriptibles todos los días: dolor físico, sufrimiento emocional, luchas económicas. Se preocupan: “Esto es demasiado para mí. ¿Cómo voy a lograrlo?” La verdad es que ninguna de estas cosas terribles ha sorprendido a Dios. Él ha previsto cada cosa terrible que le sucederá a la humanidad, incluidas todas las crisis y problemas que enfrentamos hoy. Y la Biblia nos dice que Dios quiere mostrarnos cómo enfrentarlos todos.

Dios nos ordena no temer a ninguno de nuestros enemigos. “No tengas temor de ellas; acuérdate bien de lo que hizo Jehová tu Dios” (Deuteronomio 7:18). Dios se refería a las naciones paganas fuertes y bien armadas que Israel enfrentó. Para nosotros hoy, esto se aplica a cada problema y dificultad abrumadora que enfrentamos en la vida.

Nuestro Padre celestial ve cada paso de nuestras vidas y, a pesar de nuestras crisis, nos ordena una y otra vez en las Escrituras: “¡No temas!” No debemos creer que nuestros problemas nos destruirán, porque él es nuestro fuerte escudo.

“Bienaventurado tú, oh Israel. ¿Quién como tú, pueblo salvo por Jehová, escudo de tu Socorro, y espada de tu triunfo? Así que tus enemigos serán humillados, y tú hollarás sobre sus alturas” (Deuteronomio 33:29). Dios nos dice: “Es mentira que yo te haya abandonado. ¡Es mentira que yo esté enojado contigo y que haya dejado de defenderte de tus enemigos!”

Si tienes una lucha con un pecado perturbador y habitual que permanece en tu corazón, Dios lo sabe todo. Él sabe cómo lo aborreces y quiere que escuches esta palabra: “¡No temas! Yo soy tu escudo, tu protector, tu defensa, tu espada de santidad contra todos tus enemigos. Yo conozco la salida de la tentación para ti y te enseñaré a luchar. David sabía esto y por eso podía decir: “No temeré mal alguno” (Salmos 23:4).

Tu Padre celestial ve cada detalle de tu sufrimiento y te hace muchas promesas maravillosas: “Porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 13:5-6).

¡No importa lo que se te presente, Dios tiene más que suficiente gracia y consuelo para ti!

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El Gran Ministerio de la Oración

David Wilkerson (1931-2011)April 8, 2020

Piensa con qué frecuencia nuestras oraciones se enfocan en nuestras propias necesidades: Nuestro propio crecimiento espiritual y las necesidades de nuestra familia y amigos. Podemos pasar gran parte de nuestro tiempo de oración buscando al Señor acerca de nuestro caminar personal con él: para ser santificados; tener dominio sobre el pecado; recibir dirección para la vida; tener su unción. Y disfrutamos de una dulce comunión con él, adorando en silencio y refrescándonos en su presencia.

Pero según la Palabra de Dios, la dulce comunión no es suficiente. Sí, es el secreto del crecimiento espiritual, pero si nos dirigimos al trono de Dios sólo para nuestra edificación y necesidades personales, estamos siendo egoístas. Pablo nos da un ejemplo de esto: “Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” (2 Corintios 1:8). Pablo les decía a estos santos: “Nuestra crisis fue tan grave que casi fui aplastado más allá de mi resistencia”.

Él continuó: “Cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo… de fuera, conflictos; de dentro, temores” (2 Corintios 7:5). Aunque Pablo era un poderoso hombre de oración y tenía una gran confianza en el Señor, soportó tiempos difíciles. Se volvió hacia el Señor y sus promesas, pero también fue apoyado en oración por “ayudadores”: “Él [Dios] nos rescató… y él seguirá rescatándonos, y ustedes nos están ayudando al orar por nosotros” (2 Corintios 1:10-11, NTV).

Una de las mayores necesidades en el Cuerpo de Cristo hoy es el ministerio de ser un ayudador de oración. Pablo a menudo pedía, incluso rogando, oraciones: “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, para que sea librado” (Romanos 15:30-31).

Tú puedes comenzar el ministerio de ser un ayudador de oración hoy. Confía en que el Espíritu Santo te sensibilizará sobre las necesidades de los demás y comienza a pedirle a Dios que sacie sus necesidades.

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Profundizando en el Amor de Dios para Ti

David Wilkerson (1931-2011)April 7, 2020

“Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna” (Judas 20-21). La Biblia está llena de la verdad del amor de Dios, pero a veces podemos preguntarnos cómo el Señor podría amarnos.

Millones de creyentes que han probado el amor de Dios nunca han aprendido a entrar en la plenitud de su amor. Conocen la doctrina de su amor, la han oído siendo predicada a menudo, pero no saben lo que significa conservarse, mantenerse en su amor.

Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. La revelación del amor de Dios viene en parte por el poder del Espíritu Santo cuando nacemos de nuevo. Es un momento maravilloso cuando entiendes esta verdad y te das cuenta: “Dios me amó cuando yo era un perdido, un deshecho, un extraño; y demostró su amor al sacrificar a su propio hijo por mí”.

Después de esta revelación inicial, los cristianos deben aprender cómo mantenerse en el amor de Dios. El Padre ama a su pueblo con el mismo amor que tiene por Jesús, quien está sentado a su diestra. En su oración final en la tierra, Jesús dijo: “Me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24). ¡Qué pensamiento tan increíble! Cristo fue muy amado por el Padre antes de la creación, antes de que se formara cualquier planeta, antes de que el sol, la luna o las estrellas vinieran a la existencia, antes de la creación del hombre.

Entonces Jesús siguió con esta oración extraordinaria: “Para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos” (17:26). Él decía: “Padre, yo sé que tú vas a amar a los que estoy treyendo a mi cuerpo tal como me has amado a mí”. Como puedes ver, según Jesús, a los ojos de Dios, Cristo y su Iglesia son uno.

Mantente en el gran amor de Dios por ti y será tu fortaleza a través de todas las cosas que experimentarás en la vida.

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Los Vastos Recursos de nuestro Padre Celestial

Gary WilkersonApril 6, 2020

Imagina un banco celestial donde el Espíritu Santo se sienta listo para entregar todos y cada uno de los recursos del cielo. Los creyentes tienen la capacidad de acercarse a la ventanilla del cajero y retirar infinitas reservas de gracia, poder, fe y esperanza de Dios.

Muchos en la iglesia hacen muchos depósitos, pero no hacen casi tantos retiros. En cambio, se acercan a la ventana y piden una simple miseria. “Señor, no quiero molestarte, pero necesito un poco de gracia para superar este problema actual. Si tú pudieras ayudarme a empezar, yo me encargaría del resto”. ¿Qué? ¿No quieren molestar a su Padre celestial? Bueno, Dios no quiere que ellos “se encarguen del resto”, él quiere hacerlo por ellos.

Dios quiere que le depositemos todo a él: nuestras ansiedades, luchas, pecados y angustias. Y luego quiere que retiremos sus recursos infinitos, que están almacenados para nosotros en sus bóvedas. Él anhela que digamos: “Señor, ya me cansé de pedir tan sólo una pequeña cantidad de fe para ayudarme a superar un problema. ¡Necesito tu gracia en abundancia! Y necesito más de tu vida, tu aliento, tu mover dentro de mí”.

El profeta Zacarías veía a través de la historia hasta nuestros días al escribir estas palabras.

“En aquel día Jehová defenderá al morador de Jerusalén; el que entre ellos fuere débil, en aquel tiempo será como David; y la casa de David como Dios, como el ángel de Jehová delante de ellos” (Zacarías 12:8).

Debido a la obra de Cristo para nosotros, incluso el cristiano más débil será tan fuerte como David, el más grande rey de Israel. Y el creyente más fuerte será “como Dios”, es decir, como Cristo. Suena extravagante, pero en esta profecía Dios nos da una imagen de los recursos que él ha puesto a disposición de su iglesia. Las reservas del banco del cielo están destinadas a derramarse sobre nosotros, para su gran gloria, especialmente durante nuestros tiempos de prueba.

No importa cuán grande sea tu necesidad, te insto a que vayas a la ventanilla del cajero y hagas un retiro. Pídele a Dios que te suministre su poder sanador y restaurador; y luego sigue pidiendo. Él está complacido con tu fe y será fiel para dar a conocer su gloria en tu situación, asombrando al mundo que te rodea.

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