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Devocionales en Español

Bendiciones Divinas

Gary WilkersonMay 18, 2020

Las escrituras dan testimonio de que, por todo el mundo, existe hambre por una genuina gracia de Cristo. Lucas escribe que cuando Jesús predicó el Sermón del Monte, miles vinieron “para oírle, y para ser sanados de sus enfermedades” (Lucas 6:17). Estas multitudes vinieron porque habían oído hablar de un hombre de gracia que los sanaría.

“Una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón” (6:17). Las multitudes adoloridas no viajaron esas distancias porque querían escuchar a un predicador instarlos a esforzarse más. Ellos ya estaban desgastados por el desánimo, la enfermedad y la desesperación debido a sus esfuerzos por seguir siendo piadosos. Muchos probablemente eran marginados, personas que fueron puestas a un lado por su condición quebrantada. Cualquiera que sea el caso, obedecer la ley no les había traído vida.

Para estos viajeros hambrientos, la reputación de la gracia de Jesús resultó ser cierta. No sólo predicaba la gracia, sino que la demostraba al sanarlos a todos: “Poder salía de él y sanaba a todos” (6:19). ¡Imagínate! De todos esos miles, ninguno fue a su casa sin haber sido sanado. Ninguna vida quebrantada quedó intacta; y ninguna de las almas presentes se fue sin haber sido afectada por la poderosa gracia de Jesucristo.

Según el relato de Lucas, Jesús prosiguió directamente, después esas sanidades, a presentar las bienaventuranzas: “Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis” (6:20-21). Otros relatos del evangelio incluyen bendiciones adicionales: los humildes heredarán la tierra; los puros de corazón verán a Dios; al misericordioso se le mostrará misericordia.

Jesús miró a la multitud y vio que ya eran pobres de espíritu, entonces, ¿qué hizo? ¡Habló bendiciones! Así como el Padre creó todo a partir del vacío de la oscuridad total, Jesús pronunció bendiciones divinas sobre los pecadores devastados, personas golpeadas por la vida.

Muchos cristianos creen que la gracia de Dios es demasiado buena para ser verdad, por lo que se aferran a su sentido de las obras. Pero la nueva vida que se nos ha dado, la vida de Cristo mismo, nos resucita para servirle en libertad, paz y gozo.

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Venciendo la Tentación del Temor

Carter ConlonMay 16, 2020

Nadie necesita convencerte de que los días que vienen serán más difíciles que nunca, eso ya lo sabes. Algo dentro de tu corazón lo percibe, a pesar del más profundo optimismo que muchos intentan generar. Todo lo que se puede sacudir está a punto de ser sacudido.

A medida que la cultura mundial se está convirtiendo rápidamente en algo que está fuera de nuestro control, podemos estar agradecidos de que nunca está fuera del control de Dios. Los discípulos de Jesús una vez le preguntaron: “¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:3). En Mateo 24:4-11, Jesús no sólo predijo las guerras, los terremotos, las hambrunas y los brotes de enfermedades que se desarrollan ante nuestros ojos, sino que también advirtió que en los últimos días, el engaño religioso alcanzaría proporciones épicas.

La estrategia del fin de los tiempos de Satanás es clara: Desviar a aquellos que están tratando de encontrar refugio durante tiempos calamitosos presentando una miríada de falsas opciones de Cristo a lo largo del camino. Satanás mismo es el autor de gran parte del caos en el mundo, y cuando el caos comience a crecer, él colocará señales falsas en todo el mundo que afirmen señalar el camino a Cristo. El objetivo de Satanás será confundir al pueblo de Dios, así como a los pródigos que están tratando de regresar a casa, a la seguridad de la presencia del Señor.

Las Escrituras dan testimonio de que las batallas que enfrentamos son comunes a todos los hombres. No existe una tentación que sea exclusivamente para ti. (ver 1 Corintios 10:13), incluida la tentación de ceder ante el temor. Incluso el apóstol Pablo expresó esta lucha común cuando dijo: “De fuera, conflictos; de dentro, temores” (2 Corintios 7:5).

Vemos en las Escrituras que, a pesar de cierta inquietud, Pablo se negó a retirarse de lo que le esperaba: “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo” (Hechos 20:24). Es posible que tú tengas un profundo presentimiento debido a los eventos mundiales, pero aquellos que conocen a Dios verán lo que el mundo ve como una catástrofe y podrán abrazarlo en cierta medida como una oportunidad para que Dios nos dé su gracia para resistir. En medio de todo, debemos poder escuchar la palabra del Señor a su iglesia: “¡No temas!”

Carter Conlon se unió al equipo pastoral de la Iglesia Times Square en 1994, por invitación del pastor fundador David Wilkerson, y fue nombrado para el cargo de Pastor Principal en 2001. En mayo de 2020, él pasó al cargo de Supervisor General de la Iglesia Times Square Inc.

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Dejando Nuestras Necesidades en las Manos de Dios

David Wilkerson (1931-2011)May 15, 2020

“En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza” (Isaías 30:15).

El Espíritu Santo nos da fuerza cuando soltamos todas nuestras necesidades en las manos de Dios y confiamos en su poder. Vemos un ejemplo de este tipo de confianza en una mujer moabita llamada Rut. Después de la muerte de su esposo, Rut viajó de regreso a la tierra de Judá con su suegra, Noemí, que era bastante mayor y también viuda. Las dos mujeres vivían juntas en un entorno humilde; y Naomi se preocupaba por el bienestar de Rut.

Rut fue a trabajar en los campos de un hombre rico llamado Booz que resultó ser pariente de su difunto esposo. De acuerdo con la ley judía, Booz podía para casarse con ella y continuar con el linaje del esposo; y Noemí alentaba esto. Dios orquestó un plan maravilloso para que Booz tomara a Rut como su esposa, le diera un hijo y proveyera para a ella y para Noemí.

Esta fascinante historia se detalla en el libro de Rut, y vemos la hermosa manera en que Dios llevó a cabo su plan. Después de trabajar todo el día en el campo, una noche, Ruth le dijo a Booz: “Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano” (Rut 3:9). En resumen, ella le estaba preguntando: “¿Quieres casarte conmigo?” Ahora bien, esta no era una estrategia manipuladora. Rut y Noemí habían hecho todo en el orden divino. Podemos estar seguros de esto porque el linaje de Cristo llegó a través de Rut (Mateo 1:5).

Después de que Rut le hiciera esta pregunta a Booz, ella le contó a su suegra piadosa lo que había sucedido; y Noemí aconsejó: “Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto” (Rut 3:18). Ella estaba segura de que ella y Rut habían hecho su parte; y era hora de quedarse quietos y confiar en que Dios cumpliera lo que había prometido.

Rut y Noemí se relajaron y alabaron al Señor mientras observaban a Dios llevar a cabo su plan divino de maneras sorprendentes. Del mismo modo, cuando tú depositas tu total confianza en Dios en silencio y confianza, él nunca te fallará.

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Revelaciones en Tu Hora Más Oscura

David Wilkerson (1931-2011)May 14, 2020

A lo largo de las Escrituras, Dios nos da su gracia a través de revelaciones durante nuestras pruebas; revelaciones que nunca podríamos entender en los buenos tiempos. La bondad de Dios llega a su pueblo en tiempos de problemas, calamidades, aislamiento y dificultades. Por ejemplo, el discípulo Juan estuvo “en el seno de Jesús” durante tres años. Fue un tiempo de descanso absoluto, paz y gozo. Sin embargo, en todo ese tiempo, Juan recibió muy poca revelación. Él conocía a Jesús solo como el Hijo del Hombre. Entonces, ¿cuándo recibió Juan su revelación de Cristo en toda su gloria? Sucedió sólo después de que él fue arrastrado de Éfeso encadenado.

Juan fue exiliado a la isla de Patmos, donde fue sentenciado a trabajo forzoso. Aislado, sin compañerismo, familia o amigos para consolarlo, Juan soportó un tiempo de desesperación absoluta en el punto más bajo de su vida. Sin embargo, ahí fue cuando recibió la revelación de su Señor que se convertiría en el elemento final de las Escrituras: el libro de Apocalipsis. En medio de esa hora oscura, la luz del Espíritu Santo vino a él; y él vio a Jesús como nunca antes lo había visto.

Juan nunca había recibido esta revelación mientras estaba con los otros apóstoles o incluso durante los días de Jesús en la tierra. Sin embargo, ahora, Juan vio a Cristo en toda su gloria, el cual declaraba: “Yo soy… el que vivo, y estuve muerto, mas he aquí, que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:17-18). Esta increíble revelación puso a Juan sobre su rostro, pero Jesús lo levantó y le mostró el juego de llaves que tenía en la mano mientras le aseguraba: “No temas” (1:17).

Esta revelación llega a cada siervo que ora, que está herido en su momento de necesidad. El Espíritu Santo dice: “Jesús tiene todas las llaves de la vida y la muerte. Satanás nunca podrá llevarte a ti ni a ningún miembro de tu familia. Sólo Cristo determina nuestro destino eterno. Entonces, si él gira una llave, hay una razón para ello y esa razón es conocida sólo por él, el Padre y el Espíritu Santo”.

Amado, pídele al Señor que te permita tener una vision de Jesús de pie delante de ti, asegurándote: “Ten paz. Tengo todas las llaves y traeré paz a tu corazón”.

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Cosechando Vida Eterna

David Wilkerson (1931-2011)May 13, 2020

Todos hemos oído: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7); y generalmente se habla con una connotación negativa, pero también hay un lado positivo en la siembra: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (6:9).

Una parábola es una historia que ilustra una verdad y en la parábola de los talentos, Jesús se enfoca principalmente en el lado bueno de la siembra, que es sembrar en el Espíritu para cosechar vida eterna.

“Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos.  Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos” (Mateo 25:14-19).

Brevemente, la parábola trata de un hombre que les confió a tres sirvientes, diferentes cantidades de dinero para administrar durante su viaje. Cuando regresó, descubrió que dos de sus sirvientes habían invertido su dinero y habían obtenido ganancias, mientras que el tercero simplemente había enterrado su dinero para su custodia. El amo estaba satisfecho con los dos primeros y muy disgustado con el tercero.

Jesús es “el hombre yéndose lejos” (25:14), y nosotros somos los sirvientes con los talentos que representan nuestra medida de gracia y revelación de Jesús. Se nos ordena salir y sembrar esta revelación. Esta parábola muestra que Dios tendrá una cosecha fructífera y gloriosa al final. Dos de los tres siervos vendrán al juicio cargados de frutos y llenos de gozo, siervos buenos y fieles, y el tercero será desterrado.

¡Amado, te animo a que examines tu corazón y luego te conviertas en parte del ejército de los últimos días de Dios! Él tendrá una cosecha de los últimos días; y sólo los siervos fieles y dispuestos del Señor serán parte de esta gran reunión.

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Una Medida del Glorioso Espíritu de Dios

David Wilkerson (1931-2011)May 12, 2020

“Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís.  Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará” (Marcos 4:24-25).

Jesús sabía que sus palabras sonarían extrañas para los oídos no espirituales, así que introdujo el mensaje diciendo: “Si alguno tiene oídos para oír, oiga” (4:23). Estaba diciendo, en esencia, “Si tu corazón está abierto al Espíritu de Dios, entenderás lo que tengo que decirte”. Jesús está hablando de la gloria de Dios en nuestras vidas, la presencia manifiesta de Cristo. En resumen, el Señor mide su gloriosa presencia en diversas cantidades, ya sea para iglesias o para individuos.

Sólo a Jesús se le dio el Espíritu Santo sin medida: “Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla, pues Dios no da el Espíritu por medida” (Juan 3:34). El Señor ya nos ha asignado a cada uno de nosotros una medida de su Espíritu. Pablo escribe: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7) y “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3).

¿Cuál es el objetivo de Dios al medir su Espíritu, su gloria y presencia, en cantidades variables? Él tiene un único propósito: “... que todos lleguemos a la unidad de la fe… a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).

Hoy, clama a Jesús: “Yo no quiero perder lo que tú estás a punto de hacer en tu iglesia”. Al darle a tu Salvador una mayor medida de ti mismo, verás evidencia en todas partes de su presencia, gloria y amor. Él ha prometido derramar su Espíritu sobre su pueblo en estos últimos días; y él será fiel en venir a ti y darte más de sí mismo.

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Planes y Programas, pero sin Lugar para Jesús

Gary WilkersonMay 11, 2020

En Juan 2, Jesús entra al templo para un acto que señalaría el comienzo de su ministerio público. Lo que ocurre a continuación es bastante dramático:

“Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas;  y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume” (Juan 2:13-17).

Lo que Jesús hace aquí es más que radical. Dime, si quisieras anunciar tu ministerio, ¿entrarías en una megaiglesia y comenzarías a voltear las mesas y a echar a la gente? Acá, Jesús estaba haciendo más que sólo mostrar su autoridad. Estaba demostrando que estaba a punto de voltear las cosas en todos los sentidos.

Sin embargo, cuando Jesús comenzó esta agitación, él estaba volcando más que el comercio de los cambistas. Estaba volcando un sistema religioso que durante milenios había dependido de sacrificios de animales para agradar a Dios. Cristo estaba diciendo en esencia: “Tu relación con el Padre ya no se basará en sacrificios de ovejas, cabras y palomas. Se basará en mi sacrificio de una vez por todas por ti”.

Esa escena en el templo ofrece una analogía para nuestro tiempo. Muchas congregaciones de hoy están llenas de ruido y actividad. Tienen muchos programas en marcha, desde viajes misioneros en el extranjero hasta campañas locales y docenas de pequeños grupos de compañerismo. Los servicios de adoración pueden estar llenos de luces brillantes, sonido potente y energía increíble. Sin embargo, a veces, en medio de toda esta actividad animada, algo falta en el centro: Jesús mismo.

No estoy sugiriendo que empecemos a volcar las mesas de los libros en los vestíbulos de la iglesia. Pero sin Cristo como foco de nuestras actividades, nuestra iglesia está muerta. No importa cuánto trabajemos para hacer cosas que sirvan y honren su nombre, ninguno de nuestros “sacrificios” en sí mismos puede lograr verdaderos resultados del reino. Por fuera, nuestra comunión puede parecer justa, pero si no nos enfocamos en Jesús, seremos una iglesia llena de huesos de hombres muertos.

Cuando Jesús volcó todas esas mesas, él alzó su voz: “Quitad de aquí esto” (Juan 2:16) Del mismo modo hoy, nuestros templos deben ser limpiados de todo lo que tome el lugar de su señorío legítimo. Dios envía a Jesús para deshacernos de esas cosas, para preparar lugar para las cosas con las que él quiere llenarnos. Él quiere que nuestro templo vuelva a ser una casa de oración, fe y victoria del reino.

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La Fuerza para Volver Nuevamente

Claude HoudeMay 9, 2020

“Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados” (Mateo 8:5-9).

La escritura continúa describiendo cómo Jesús se maravilló de la gran fe de este hombre. De hecho, le dijo al hombre que nunca había visto tanta fe, tanta convicción, persuasión y confianza. Entonces Jesús le dijo: “Ve, y como creíste, te sea hecho” (8:13). ¡El criado del hombre fue sanado en la misma hora!

En el Antiguo Testamento, vemos a Elías, un hombre con una gran fe y compasión como las de Cristo. Había habido una sequía en Israel durante mucho tiempo, y Elías comenzó a clamar al Señor para que envíe lluvia sobre la tierra. Él estaba tan seguro de que Dios enviaría lluvia que proclamó: “Una lluvia grande se oye” (18:41). Entonces Elías le dijo a su criado: “Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces” (18:43). Todo el tiempo, Elías contendía en oración hasta que “hubo una gran lluvia” (18:45).

Pasamos por temporadas de sequía, momentos en que Dios dice: “¡Vuelve otra vez; ora de nuevo; ponte de pie de nuevo; libera de nuevo; ama de nuevo; confía de nuevo; ríndete de nuevo; adora de nuevo; alábalo de nuevo!” La verdadera fe celebra las gotas de lluvia antes de que llegue la abundancia de lluvia.

Jesús se maravilló con asombro y gozo por la fe del centurión en Capernaum. Dios recompensó la fe y la paciencia de Elías con un poderoso aguacero. Así que no renuncies a las promesas de Dios para ti. Pídele a Dios fuerzas para “volver” una y otra vez hasta que llegue tu respuesta.

Claude Houde es el pastor principal de Eglise Nouvelle Vie (Iglesia Vida Nueva) enMontreal, Canadá. Bajo su liderazgo, la Iglesia Nueva Vida ha crecido de unos cuantos asistentes a más de 3500, en una parte de Canadá en la que hay muy pocas Iglesias protestantes exitosas.

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Amando a Otros a Pesar de Sus Pecados

David Wilkerson (1931-2011)May 8, 2020

Una de las marcas supremas de un creyente maduro es el amor por toda la humanidad perdida. Tal cristiano muestra amor por igual para judíos y palestinos, para bosnios y serbios, para todos.

Sólo un creyente adulto y maduro puede aceptar estas palabras de Jesús: “Ama a tus enemigos. Ora por los que te persiguen y te usan con rencor. Si tu enemigo tiene hambre, aliméntalo”. Te pregunto: ¿te imaginas pasar un mes en un hospital de campo palestino, cuidando y alimentando a soldados que quieren destruir a Israel? ¿Puedes mantener tus prejuicios bajo control mientras lees informes de noticias inflamatorias en los próximos días? ¿Tendrás el mismo espíritu que estaba en Cristo, quien dijo, cuando fue crucificado: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”?

Si quieres andar como Jesús anduvo, no puedes permitir que tus pasiones humanas se inflamen por los titulares. ¡Cristo murió por cada alma perdida en esta tierra! En este momento, nuestras cárceles están llenas de convictos que se han convertido en testigos poderosos del amor salvador de Jesús, todo porque alguien los amó a pesar de sus pecados.

¿Estás amando a los demás a pesar de cómo pueden haberte lastimado, a alguien que te importa o simplemente porque pueden ser diferentes a ti? Hay pocas cosas que te hacen más como Cristo que cuando amas sacrificialmente a alguien, especialmente a alguien que no está en tu círculo o que es fácil de llevar.

Puedes saber que estás creciendo en gracia si puedes orar por aquellos a quienes el mundo aborrece. Al escuchar que suceden cosas terribles, debemos enfrentarnos a todos los prejuicios que surgen en nosotros y declarar: “Tomo la autoridad de Cristo sobre esto. Amaré a la humanidad como lo hizo mi Señor”.

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Un Corazón que Puede Dicernir los Tiempos

David Wilkerson (1931-2011)May 7, 2020

Cuando la economía colapse, se pierdan los empleos y se acumulen las facturas, ¿qué necesitará la gente? ¿Ser parte de una iglesia agradable y de rápido crecimiento, oyendo mensajes sobre cómo disfrutar la vida? No, ellos necesitarán respuestas. Necesitarán a alguien con autoridad que pueda interpretar lo que está sucediendo a su alrededor, alguien que pueda leer los tiempos. Y necesitarán una palabra del cielo para mantener sus corazones y sus mentes en la paz de Dios.

Jesús, aunque era Dios en carne, enfrentó al diablo como un hombre con poder del Espíritu. Él no luchó contra Satanás de ninguna otra forma. Los discípulos de Jesús tenían el mismo poder: “Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia” (Mateo 10:1) “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo” (Lucas 10:19).

El apóstol Pedro era hecho de carne y hueso, al igual que el resto de nosotros, pero ejercía autoridad espiritual sobre el diablo. Le dijo al hombre cojo en la puerta del templo: “En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hechos 3:6). El hombre fue sanado instantáneamente y los líderes religiosos de la época reconocieron un gran poder en Pedro. Le preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?” (4:7).

En ninguna parte de la Biblia vemos alguna sugerencia de que este mismo poder no sea para nosotros hoy. ¿Qué clase de Dios daría poder a su pueblo en el desierto cuando lo necesitaran y daría tal valor a las multitudes en Pentecostés y luego lo retendría de su iglesia de los últimos días, cuando lo necesitamos más que cualquier generación?

Dios confía su autoridad divina sólo a lo que Pedro llama “el [atavío] interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible” (1 Pedro 3:4). Pablo dice: “El [hombre] interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16). Aunque el hombre externo siempre está expuesto delante de los demás, el hombre interior es conocido sólo por Dios. El Espíritu Santo está constantemente obrando en él, fortaleciéndolo y preparándolo para recibir autoridad espiritual.

Amado, tú estás siendo entrenado y madurado en la misericordia de Dios y estás aprendiendo a crecer en tu hombre interior. Confía en su palabra en cada crisis, y camina en tu autoridad espiritual.

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