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Devocionales en Español

¿Estás Caminando en Arrepentimiento?

David Wilkerson (1931-2011)August 7, 2020

La iglesia de Jesús es un lugar donde los pecadores se arrepienten de sus pecados, con su corazón y su boca. De hecho, el apóstol Pablo atestigua: “Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:8-10).

En pocas palabras, somos llevados a la salvación a través de nuestra abierta confesión de arrepentimiento. Jesús declara: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:13). Y, él dice, el arrepentimiento es cómo somos sanados y restaurados: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:31-32).

¡Amados, estas son buenas noticias! Jesús nos está diciendo: “En mi iglesia, todos son sanados mediante el arrepentimiento. No importa quién seas: los quebrantados físicamente, los enfermos mentales, los enfermos espirituales. Todos deben venir a mí de la misma manera y todos hallarán sanidad”.

El arrepentimiento estaba en el corazón del primer sermón después de la resurrección de Cristo cuando Pedro le dijo a las multitudes reunidas en Pentecostés: “Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros… prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole” (Hechos 2:22-23). Cuando la gente oyó esto, cayeron bajo una poderosa convicción. La Palabra predicada atravesó sus corazones, porque el Espíritu Santo había venido con todo su poder. Y según Jesús, esa es precisamente la obra del Espíritu. Él dijo que el Espíritu Santo “convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).

Las multitudes se conmovieron tanto cuando oyeron esto, que no podían moverse. De pronto, ante ellos estaban los mismos asuntos de la vida y la muerte. Cuando clamaron a Pedro y le preguntaron qué debían hacer, él respondió: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados… Sed salvos de esta perversa generación” (Hechos 2:38, 40).

Como cristianos, debemos estar inmensamente agradecidos por la presencia del Espíritu Santo y debemos permitirle que haga su obra verdadera en nosotros. Jesús quiere que camines en su paz mientras vives el arrepentimiento.

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Dios nos Llamó, nos Probó Y nos Dio un Propósito

David Wilkerson (1931-2011)August 6, 2020

El apóstol Pablo dice de Dios: “quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Timoteo 1:9).

En pocas palabras, cada persona que está “en Cristo” es llamada por el Señor. Y todos tenemos el mismo mandato: escuchar la voz de Dios, proclamar su Palabra, nunca temer al hombre y confiar en el Señor ante cada prueba concebible. De hecho, las promesas de Dios se aplican a todos sus siervos. Es decir, no necesitamos tener un mensaje preparado para hablar ante el mundo. Él se ha comprometido a llenar nuestras bocas con su Palabra en el momento exacto en que se necesite. Pero eso sucederá sólo si confiamos en él.

Pablo nos dice que muchos son designados predicadores, maestros y apóstoles; y que todos van a sufrir por esa razón. Él se incluye entre ellos: “Yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles. Por lo cual asimismo padezco esto” (2 Timoteo 1:11-12). Él estaba diciendo, en efecto: “Dios me ha dado una obra sagrada para hacer. Y porque tengo ese llamado, voy a sufrir”.

Las Escrituras muestran que Pablo fue probado como pocos ministros lo han sido. Satanás trató de matarlo una y otra vez. La multitud, supuestamente religiosa, lo rechazó y lo ridiculizó; y en ocasiones incluso quienes lo apoyaron lo dejaron maltratado y abandonado. Pero Pablo nunca estuvo desconcertado ante los hombres, ni fue nunca consternado o avergonzado ante el mundo. E interesantemente, no fue consumido. En toda ocasión, él tenía una palabra ungida de Dios para hablar, justo cuando era necesaria.

Pablo no podía ser sacudido; y nunca perdió su confianza en el Señor. En lugar de ello, él testificó: “Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (1:12). En pocas palabras: “He comprometido mi vida completamente a la fidelidad del Señor. Viva o muera, yo soy suyo”.

Amado, tú puedes estar enfrentando batallas y los cielos pueden parecer de bronce para ti. Pero el Espíritu Santo es fiel para restaurarte y levantarte. Él te acompañará durante todas las noches oscuras, ¡así que no dejes que el diablo te quiebre!

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Aprendiendo a Hablar Bien de Otros

David Wilkerson (1931-2011)August 5, 2020

“Clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad” (Isaías 58:9).

La razón por la que oramos, ayunamos y estudiamos la Palabra de Dios es para ser escuchados en el cielo. Pero el Señor atribuye un gran “si” a esto. Él declara: “Si quieres que te escuche en lo alto, entonces tienes que mirar los asuntos de tu corazón. Sí, te escucharé, si dejas de señalar con el dedo a los demás, si dejas de hablar irrespetuosamente sobre ellos”.

Es un gran pecado a los ojos de Dios que nosotros hablemos de manera que ensucie la reputación de otra persona. Proverbios nos dice: “De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro” (22:1). Una buena reputación es un tesoro que se construye cuidadosamente con el tiempo. Sin embargo, podemos destruirlo rápidamente con una sola palabra difamadora de nuestra boca.

David hizo una determinación consciente de cuidar su lengua: “He resuelto que mi boca no haga transgresión” (Salmos 17:3). “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios” (Salmos 141:3).

Nuevamente, David exhorta: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío” (Salmos 19:14).

Tú puedes preguntarte: “¿Es realmente posible controlar la lengua, para no pecar con la boca?” Nuevamente, David responde con este testimonio: “Yo dije: Atenderé a mis caminos, para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío esté delante de mí” (Salmos 39:1). Él dice, en esencia: “Cada vez que monto un caballo, tengo que poner una brida en su boca. Y tan seguramente como hago eso con mi caballo, tengo que hacerlo con mi lengua”.

Amados, ninguna persona que lea este mensaje es demasiado santa para prestar atención y hacer un cambio. Todos hemos juzgado mal a las personas, ya sea a sabiendas o sin saberlo; y hemos hablado de formas que no deberíamos haberlo hecho. ¡Pero hay buenas noticias! Si te arrepientes ante el Señor, en su amor y gracia, él te dará un corazón renovado y la fuerza para rechazar toda palabra de maldad.

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Obteniendo Esperanza del Testimonio de Job

David Wilkerson (1931-2011)August 4, 2020

La historia de Job y su calamitoso sufrimiento es bien conocida. En su punto más profundo de desesperación, Job declaró: “Se ríe del sufrimiento de los inocentes” (Job 9:23). En tantas palabras, Job estaba diciendo: “No vale la pena ser santo o caminar rectamente. Dios trata a los impíos y a los puros de la misma manera. Ambos sufrimos, entonces, ¿por qué esforzarnos para ser rectos?”

El ejemplo del sufrimiento de Job debería ser un gran consuelo para todos nosotros. Esto puede sorprender a algunos, pero Job representa a los creyentes de los últimos días que sufrirán pruebas feroces en los días venideros. De hecho, multitudes de cristianos temerosos de Dios enfrentarán los mismos fuegos que Job experimentó. Y necesitamos el ejemplo de este hombre sufriente para obtener esperanza para nosotros mismos.

Nuestra nación ha entrado en una época de sufrimiento y calamidad. A medida que examinamos los problemas que se acumulan a nuestro alrededor, mirar hacia el futuro puede mostrar una perspectiva aterradora, ya que todo lo que podemos ver son más incertidumbres, temores y crisis. Al igual que Job, nuestros corazones claman: “¿Qué vamos a hacer? ¿Por qué está sucediendo todo esto a los fieles siervos de Dios? ¿Por qué el Señor no interviene y lo detiene?”

Este diluvio de problemas tiene una entidad personal detrás de él: Satanás. El hecho es que el diablo era el causante de los problemas de Job, y hoy sigue siendo el causante de los problemas del pueblo de Dios. Una vez más, el enemigo está de pie ante el Señor, haciendo grandes acusaciones contra su iglesia. Él está desafiando a Dios, diciendo: “No tienes un cuerpo verdadero en esta hora final. Sólo mira a tu pueblo, Dios. Son materialistas, egocéntricos, buscan la riqueza y la buena vida, preocupados por mejorar la vida de ellos mismos. Todos son debiluchos espirituales”.

Podría ser que el horno de tu aflicción esté destinado a llevarte a una revelación que te cambiará la vida. Esto es exactamente lo que sucedió con Job. En medio de su sufrimiento, Job hizo un descubrimiento increíble: a pesar de su conocimiento puro de Dios, él realmente no conocía al Señor. Él confesó: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto… me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6).

Mira a Dios en este momento y recuerda que él siempre tiene todo bajo control. Él aprovechará todo lo que Satanás pretende para el mal y lo convertirá en tu bien. Anímate con estas palabras: “¡Mi Dios puede hacer cualquier cosa! Él me ama y sé que no me ha olvidado”.

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No Dejes Que te Roben el Gozo

Gary WilkersonAugust 3, 2020

En este momento las personas son más infelices que nunca. Eso puede sonar sorprendente debido a todo el progreso que está haciendo la humanidad. Los economistas nos dicen que somos la generación más rica de la historia. Tenemos más actividades de ocio y entretenimiento que en cualquier otro tiempo. También tenemos más comodidades modernas que nunca. Los avances médicos se multiplican año tras año.

Sin embargo, a pesar de estos avances, los líderes en prácticamente todos los campos (psiquiatría, sociología, medicina, educación) nos dicen que esta es la generación más infeliz que jamás haya existido. Y esto no se limita a la sociedad secular. Las mismas estadísticas se aplican a la familia de Dios: personas que son salvas, santificadas, llenas del Espíritu de Dios, conocen la Palabra de Dios y son activas en la comunidad cristiana. Los jóvenes hablan de aburrirse, incluso con miles de entretenimientos digitales a su alcance. Al final del día, todo les deja con una angustia interna.

¡Nos están robando nuestro gozo! La Biblia dice: “El ladrón [Satanás] no viene sino para hurtar y matar y destruir” (Juan 10:10). Esto no es sólo una advertencia para las personas respecto a adicciones o pecados graves. El enemigo de nuestras almas quiere despojarnos de todo lo que Dios tiene en mente para nosotros, incluido el gozo, la paz, el contentamiento, la energía en la vida, y de acuerdo con la Biblia, eso incluye la felicidad.

La Biblia nos dice: “Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte; andará, oh Jehová, a la luz de tu rostro” (Salmos 89:15). “Cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor” (Jeremías 31:13).

¿Cómo soportan los seguidores de Jesús en otras partes del mundo, ataques horribles? ¿Cómo mantienen la esperanza los cristianos encarcelados en países hostiles a su fe? Tienen dentro de ellos un gozo y una felicidad que los sostiene a través de todo. La Biblia que leen renueva sus mentes, vivificando dentro de ellos lo que el Espíritu ya ha puesto en sus corazones: que la verdadera felicidad, dada por Dios, es una realidad en nuestras vidas.

Cuando tu cabeza esté llena de pensamientos negativos, cuando comiences a dudar del amor de Dios por ti y de su complacencia en ti, recuerda que eres un hijo de tu Padre celestial que se complace en ti. Su Palabra hace de esto una realidad, ¡así que créelo y encuentra la verdadera felicidad!

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Esperando que el Espíritu de Dios se Mueva

Jim CymbalaAugust 1, 2020

Después de la dramática conversión de Saulo en el camino a Damasco (ver Hechos 9:1-8), él se movió un poco, haciendo una breve visita a Jerusalén con los apóstoles antes de regresar a su ciudad natal de Tarso. Más tarde, Bernabé fue allí y persuadió a Saulo para que se uniera a él para ayudar a la iglesia en Antioquía, donde la gracia de Dios era tan evidente (Hechos 11:9-26). Los dos se unieron a otros profetas y maestros talentosos; y ministraron allí durante muchos meses, fortaleciendo la fe de los creyentes en Jesús.

A medida que los líderes de la iglesia en Antioquía se acercaban deliberadamente a Dios (adorando y ayunando), Dios se acercó a ellos según lo prometido (ver Santiago 4:8). Lucas cuenta la historia de manera práctica, lo que nos da una idea de las prácticas espirituales de los primeros líderes cristianos.

“Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron” (Hechos 13:2-3).

Los creyentes escucharon que el Espíritu les instruía a “apartar a Bernabé y a Saulo” para que pudieran ser enviados a hacer un trabajo nuevo y específico para Dios. Nadie parecía particularmente sorprendido por la directiva del Espíritu para que Saulo y Bernabé se entregaran a este llamamiento bastante vago.

¿Qué fue tan significativo sobre ese momento? Ese fue el comienzo del primer viaje misionero de Saulo; y sus viajes cambiaron todo el curso de la iglesia cristiana. De hecho, fue durante su primer viaje que el nombre de Saulo fue cambiado a Pablo; y él salió para tomar la iniciativa ya que Dios lo usó de formas aún mayores que su compatriota mayor, Bernabé.

Cuando el Espíritu de Dios se mueve, se pone en marcha un proceso continuo de apartar a los creyentes y enviarlos a trabajar para Cristo. Y esto no está reservado sólo para aquellos en el ministerio formal. Se te puede pedir a ti, que vayas por la calle y alientes a un vecino en aflicción. Tal vez él te llame para que vayas a un viaje misionero a corto plazo o te entregues a una oración intercesora. Cuando el Espíritu Santo se mueve y cedes ante su influencia, la vida se vuelve emocionante y llena de desafíos que sólo Dios puede enfrentar.

Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson.

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Atravesando la Tormenta como un Adorador

David Wilkerson (1931-2011)July 31, 2020

“Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios… Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová, y dijeron: Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente” (Éxodo 14:30; 15:1).

¡Dios quiere que salgas de tu tormenta como un adorador! Él te ha abierto el camino en tu noche oscura y tiene un plan para presentarte como un ejemplo resplandeciente para el mundo de su fidelidad para con su pueblo.

La mayoría de los cristianos están familiarizados con lo que le sucedió a Israel en el Mar Rojo y cómo Dios libró milagrosamente a su pueblo elegido. Sin embargo, tú puedes estar preguntándote qué tiene que ver este incidente con que tú seas convertido en un adorador.

Este es el cuadro: Israel acampó junto al mar y el pueblo se regocijaba en su nueva libertad. Después de cuatrocientos años de esclavitud, Dios los había sacado del horno de hierro de Egipto. Mientras se deleitaban con su primer gusto de libertad, se llenaron de la esperanza que la libertad trae; y cantaban y clamaban: “¡Por fin somos libres!” Estaban sumamente emocionados por las promesas que Dios les había hecho.

Esta escena representa conmovedoramente al cristiano que ha sido liberado del pecado: se regocija en su nueva libertad de las ataduras pasadas y tiene una melodía santa en su corazón porque está viendo cumplirse las promesas de Dios. ¡Pero entonces viene un ataque! En el caso de los israelitas, el ejército de Faraón atacó repentina e inesperadamente, enviando ondas de choque por todo el campamento. A la hora de la mayor paz de Israel, el enemigo trató de devorarlos; en el mismo apogeo de su libertad, durante su hora de mayor esperanza, Satanás trató de derribarlos.

“Los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí… temieron en gran manera, y clamaron a Jehová” (Éxodo 14:10). A pesar de su temor, el Señor protegió sobrenaturalmente a Israel y los llevó a la victoria (ver Éxodo 14:31).

Cuando Satanás viene a ti y trata de vencerte, tal como Moisés le dijo a los israelitas, el Señor te dirá: “No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros… Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos” (14:13-14). ¡Y como Israel, tú puedes presentarte como un adorador y cantar la victoria en alta voz!

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Dios No Te Fallará en la Crisis

David Wilkerson (1931-2011)July 30, 2020

Sin lugar a dudas, esta generación ha tomado el pecado de la incredulidad demasiado a la ligera y en este momento, estamos viendo los trágicos resultados. Muchos creyentes están en depresión e ansiedad; por supuesto, algunos sufren por razones físicas, pero muchos otros sufren por su condición espiritual, a menudo provocada por la incredulidad.

El Señor siempre usa un lenguaje fuerte cuando se refiere a la incredulidad entre su pueblo, palabras como ira, enojo, aborrecimiento y tentación. Moisés recordó esto a los israelitas más jóvenes: “Has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar… Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras [de incredulidad], y se enojó, y juró diciendo: No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación, la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres” (Deuteronomio 1:31, 34-35).

Poco después del cruce del Mar Rojo, Dios le ordenó a Israel que fuera valientemente a Canaán y les dio una poderosa palabra de certeza: “Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella… no temas ni te desanimes… Jehová vuestro Dios… peleará por vosotros” (1:21, 30). ¡Qué promesa tan increíble! Pero Israel tambaleó ante la promesa de Dios hacia ellos y, en lugar de aceptar como un hecho dicha promesa, enviaron espías a Canaán, quienes trajeron un malvado reporte, lleno de incredulidad (ver Números 13 y 14). Como puedes ver, mientras los espías estaban allí, fueron influidos por Satanás y no pudieron tomar en serio la palabra que Dios le había dado. Así, volvieron al campamento como instrumentos del diablo.

Dios lleva a todos sus hijos a la prueba final de su fe. De hecho, tú puedes estar en este lugar ahora mismo. Tienes una historia maravillosa con Dios y Él te ha dado sus promesas de pacto, pero el diablo ha venido a ti con mentiras, diciéndote que no vas a lograrlo.

Si has comenzado a aceptar tales mentiras y crees que Dios te va a fallar en tu crisis, ¡es hora de que mires la Palabra de Dios y la creas! Dios no te ha dejado para que pelees solo, así que toma su mano y camina hacia la tierra prometida que él ha preparado para ti. 

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Lo que Aflige el Corazón de Jesús

David Wilkerson (1931-2011)July 29, 2020

“Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz… No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz” (Juan 1:6-8).

Se nos dice que Jesús es la luz del mundo, “a fin de que todos creyesen por él” (1:7). Sin embargo, leemos: “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron… A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (1:5, 11).

La incredulidad siempre ha entristecido el corazón de Jesús. Cuando vino a la tierra en la carne, trajo una gran luz al mundo, la cual debió haber abierto los ojos de los hombres. Sin embargo, a pesar de este asombroso espectáculo de luz, las Escrituras hablan de ejemplos de incredulidad.

Un ejemplo de esto se ve en Betania cuando Jesús estaba cenando en la casa de sus amigos Marta y María y su hermano Lázaro, a quien Cristo había resucitado de entre los muertos. En ese momento, las multitudes pasaban por la ciudad camino a la fiesta de la Pascua en Jerusalén y tenían la intención de vislumbrar al hombre que se llamaba Mesías y al hombre que había resucitado (ver Juan 12:1-9).

En el mismo capítulo, encontramos a estas personas agitando ramas de palmera y cantando “Hosanna” a Jesús cuando entra en Jerusalén en un burro. Estaban viendo el cumplimiento de una profecía que habían escuchado toda su vida (ver Zacarías 9:9). Finalmente, llegó una voz como trueno desde el cielo cuando el Padre glorificó su propio nombre (ver Juan 12:30).

Cada una de estas cosas sucedió ante una gran multitud de personas religiosas, pero aún así la gente hizo una pregunta que sorprendió absolutamente a Jesús: “¿Quién es este Hijo del Hombre?” (12:34) Su ceguera era asombrosa y el Señor les advirtió: “Andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas” (12:35).

Las palabras de Jesús aquí se aplican a los cristianos que se niegan a combinar la Palabra que oyen con la fe. Se niegan a echar mano, abrazar y caminar en la luz que se les ha dado y un día se darán cuenta y dirán: “Dios ya no me habla”.

Amados, acepten el poder de obrar milagros de Dios en su vida; les dará el poder para caminar en libertad y seguridad. Cuando les lleguen tiempos difíciles, pueden decir con confianza: “He visto tu luz, Señor. ¡Haz tus milagros en mí otra vez!” 

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Guardando la Palabra de Dios en Nuestro Corazón

David Wilkerson (1931-2011)July 28, 2020

En generaciones pasadas, Dios tocaba y ungía a hombres y mujeres particulares de una manera poderosa. Estos seguidores de Dios se involucraron de lleno con el Señor y con su causa y se levantaron en fe. Despertaron y cambiaron los destinos de naciones enteras; y uno de esos hombres fue Daniel.

“Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión” (Daniel 9:3-4).

El profeta Daniel discernió los tiempos porque conocía el corazón de Dios. “Yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías” (9:2). Daniel llegó a este camino de conocimiento y discernimiento a través del estudio de la Palabra de Dios. Él permitió que las Escrituras se apoderaran de él por completo; y las citaba a menudo y extensamente porque las había guardado en su corazón.

En Daniel 10, a este profeta piadoso se le dio una visión de Cristo. “Alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz… su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego… y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud” (10:5-6).

Había otros hombres con Daniel cuando tuvo la visión. Estos hombres tenían que ser creyentes porque en su cautiverio, Daniel había establecido un estándar para no asociarse con los malvados. Sin embargo, estos creyentes que estaban con él ahora no eran como Daniel, así que cuando llegó la visión, ellos huyeron. “Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron” (10:7). ¿Por qué huyeron con miedo? Porque había pecado oculto en sus corazones.

¿Dios levanta a tales hombres y mujeres hoy? Sabemos que Dios “es el mismo ayer, hoy y siempre” (Hebreos 13:8). Servimos al mismo Dios que las generaciones pasadas; de hecho, poseemos algo que los antiguos piadosos no tenían: el don de su Espíritu Santo.

Amados, los animo a que sean llenos del Espíritu, pongan su rostro hacia el Señor y salgan y sean apartados.

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