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Devocionales en Español

Cómo Lidiar con Tus Aflicciones

David Wilkerson (1931-2011)May 6, 2020

En este momento, muchos en el pueblo de Dios están sufriendo (dolor físico, presión emocional) y pueden estar cuestionando la razón de su angustia. Si tú eres uno de estos, puedes sentirte cansado y frustrado, preguntándote si Dios está enojado contigo por alguna razón. Tú preguntas: “Señor, tú sabes que te amo y mi fe es fuerte. Pero no sé cuánto tiempo más puedo soportar esta prueba”.

La vida del apóstol Pablo es un ejemplo de cómo debemos lidiar con nuestras aflicciones: “Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna” (1 Timoteo 1:16).

Las pruebas y los sufrimientos se asignan a los servidores devotos que reciben revelaciones desde el mismo corazón de Dios. Pablo testifica: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne” (2 Corintios 12:7). Si has puesto tu corazón completamente en Cristo, vas a experimentar tiempos difíciles y aflicciones de las que los cristianos fríos y carnales no saben nada. Esto era verdad en la vida de Pablo.

Cuando Pablo se convirtió, él no estaba satisfecho con aprender a Cristo incluso de los discípulos de Jesús. Él quería conocer al Señor íntimamente por sí mismo. Por lo tanto, Pablo dijo: “No consulté en seguida con carne y sangre” (Gálatas 1:16). En cambio, se encerró en Arabia durante tres años (ver 1:16-18). El apóstol testificó: “Pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (1:12).

Gracias a Dios por los maestros de la Biblia que abren las Escrituras y revelan muchas maravillas y misterios de la fe. Pero el hecho es que la revelación de Jesucristo mismo no se puede enseñar, debe ser dada por el Espíritu Santo. Y viene a aquellos que, como Pablo, se encierran en su propia Arabia, decididos a conocer a Cristo.

Está bien cuestionar a Dios con respecto a tu dolor, pero no esperes una respuesta. Una vez que estés en el cielo, el Señor te lo explicará todo y verás que todo era parte de un plan perfecto, orquestado por un Padre amoroso que sabía lo que se necesitaría para mantenerte sobre tu rostro, avanzando hacia él. Y la maravillosa noticia es que valdrá más la pena cada lágrima.

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La Esperanza de Nuestra Liberación Venidera

David Wilkerson (1931-2011)May 5, 2020

Sentado solo en una cueva, el santo profeta Elías había renunciado por completo a la sociedad. Ahora, anciano, aislado y abatido, el profeta le rogó a Dios que lo matara porque estaba convencido de que esencialmente: “Esta nación se ha alejado demasiado. La iglesia se ha apartado sin posibilidad de restauración y todo líder es un títere del diablo. El avivamiento es simplemente imposible y no queda ninguna esperanza. ¡Ya fue suficiente, Señor!” (ver 1 Reyes 19:4).

Curiosamente, él cayó en un estado de desesperación sólo horas después de obtener la mayor victoria de su ministerio: Hacer caer fuego sobrenatural del cielo en una competencia contra los falsos profetas del dios pagano Baal. En una exhibición impresionante del poder todopoderoso de Dios, el sacrificio de Elías y los doce cántaros de agua que había derramado a su alrededor fueron consumidos. Y los israelitas descarriados que estaban presentes cayeron de rodillas, clamando: “¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!” (1 Reyes 18:39).

El despertar por el que Elías había orado finalmente había llegado, o eso pensaba, y estaba lleno de energía para celebrar el mejor momento de la historia de Israel. Él estaba convencido de que el perverso rey Acab y su malvada esposa Jezabel lo escucharían y la adoración pura sería restaurada en la ciudad de Jezreel. En lugar de ello, incluso antes de regresar a la ciudad, un mensajero de Jezabel lo abordó y le notificó que de cierto estaría muerto “mañana a estas horas” (19:2).

A las veinticuatro horas de su increíble victoria en el Monte Carmelo, Elías estaba de vuelta en el desierto, temblando bajo un enebro. En su mente, todo había fracasado y todas sus esperanzas de renovación habían desaparecido. Ahora, cuarenta días después, lo encontramos en la cueva de una montaña, solo. Entonces la Biblia nos dice: “Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?” (19:9). Esa era la forma en que Dios preguntaba: “¿Qué te molesta?”

Elías descargó su corazón con el Señor, quejándose de que se sentía completamente solo (19:14). Dios le aseguró que había siete mil santos escondidos que compartían su misma carga. Ellos habían soportado debido a su esperanza en un día venidero de liberación.

Del mismo modo, hoy, la bendita esperanza de la iglesia es el pronto retorno de Jesús: ¡nuestra liberación! Dios tiene un remanente, personas reservadas para sí, que están completamente entregadas a él. ¡Si eres parte de ese remanente, tu bendita esperanza es el pronto retorno de Jesús!

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Gloriándote en la Obra de Dios en Tu Vida

Gary WilkersonMay 4, 2020

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3:1). En este momento están ocurriendo cosas que nunca podríamos haber imaginado. Jesús predijo que los hombres se convertirían en amadores de sí mismos, amadores del dinero, aborrecedores, soberbios y arrogantes. Hoy, si alguien tiene el descaro de mencionar el pecado, se le llama intolerante y se convierte en un paria. A medida que la palabra de Dios es puesta en el margen de la cultura, el pecado prevalece cada vez más.

Como cuerpo de Cristo, no nos atrevemos a estar dormidos frente a estas cosas. El Antiguo Testamento habla de los hijos de Isacar, que eran “entendidos en los tiempos” y tenìan la habilidad para tratar con el mundo (ver 1 Crónicas 12:32). ¿Se puede decir lo mismo del cuerpo de Cristo hoy?

Si discernimos los tiempos, sabemos que este no es un momento para medias tintas. La única forma de “tratar con el mundo” es no dejar que la iglesia siga como de costumbre. Jesús dijo acerca de ciertos espíritus demoníacos: “Pero este género no sale sino con oración y ayuno” (Mateo 17:21). En estos tiempos, nuestras oraciones tienen que ser fervientes, porque sin un cambio espiritual, las cosas se ven demasiado sombrías.

En medio de la oscuridad, Jesús nos llama a ser luz. Y este es nuestro mensaje para este momento: “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). Dios ha hecho obras asombrosas en la vida de su pueblo y cada uno de nosotros está llamado a proclamar su gloria a través de un testimonio que puede llamarse digno de gloriarse, digno de ser alabado y exaltado.

¿Cómo se ve un testimonio digno de gloriarse? Pablo dice: “Mas el que se gloría, gloríese en el Señor” (2 Corintios 10:17). Para poder gloriarnos como lo describe Pablo, debemos tener una jactancia digna de la gloria de Dios. Por ejemplo, Esteban era un diácono que distribuía comida a las viudas, un buen testimonio en sí mismo. Pero su testimonio digno de gloriarse llegó cuando predicó a una multitud incrédula y los provocó tanto que lo apedrearon, convirtiéndolo en el primer mártir de la iglesia.

Nuestro testimonio digno de gloriarnos vendrá sólo del poder de Dios, no de nuestra propia fuerza, celo o esfuerzo: “Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9, NVI).

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El Poder del Espíritu Santo en tu Vida

Jim CymbalaMay 2, 2020

El Espíritu Santo es subestimado y poco predicado por la iglesia del siglo XXI. Una especie de prejuicio contra el Espíritu Santo impide que muchos aprendan más sobre él. De hecho, el cuerpo de Cristo a menudo se divide en dos bandos. Un lado enfatiza la Palabra de Dios, separándose de lo que considera fanatismo emocional, a menudo vinculado a aquellos que enfatizan la obra del Espíritu Santo. El otro lado es a veces conocido por deslizarse a manifestaciones no bíblicas y enseñanzas no ortodoxas, mientras que lo atribuye todo al Espíritu de Dios.

Al ver el abuso y la mala enseñanza, muchos en el primer bando dirán: “No estoy interesado en las experiencias y manifestaciones del Espíritu Santo. Sólo quiero estudiar la Palabra”. Pero fue el Espíritu Santo quien inspiró la Biblia y hay muchas promesas relacionadas con su persona y su obra. ¿Cómo puede alguien atesorar la Palabra de Dios sin darle al Espíritu Santo el lugar que le corresponde?

Los que se mueven en círculos enfatizando fuertemente el Espíritu Santo deben recordar que todo debe ser probado por las Escrituras. El Espíritu nunca contradice la Palabra que nos dio. Tampoco pone el foco en el predicador porque el Espíritu Santo fue enviado para glorificar a Cristo solo (Juan 16:14).

En algún lugar en el medio está el tipo de cristianismo que vemos en las Escrituras donde se honra la Palabra de Dios junto con una dependencia y apertura infantil al Espíritu Santo.

Sólo el Espíritu Santo puede hacer que las cosas de Cristo sean reales y vivas para las personas. El cristianismo no se detiene en la cruz donde Jesús murió y pagó el precio por nuestros pecados. Después del Viernes Santo vino el Domingo de Resurrección cuando el Espíritu levantó a Cristo.

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Juan 7:37-39).

Todo lo que tiene que ver con el Espíritu habla a las poderosas corrientes de la vida que se refrescan y fluyen para bendecir a otros. Que el Espíritu Santo venga sobre nosotros, porque estamos verdaderamente indefensos sin él.                                                   

Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson.

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Enfrentando Tentaciones

David Wilkerson (1931-2011)May 1, 2020

Satanás hará todo lo que esté en su poder para tentarte y apartarte del destino de Dios para ti. Tratará de socavar tu llamado, robarte tu unción y convencerte de que la aprobación de Dios sobre tu vida es una mentira.

Cuando Jesús se fue al desierto, después de cuarenta días de ayuno, tuvo hambre. En este momento cuando Jesús era físicamente vulnerable, el diablo trajo su primera tentación. Las Escrituras dicen: “Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (Mateo 4:2-3).

Satanás estaba desafiando a Jesús: “Si eres completamente Dios, entonces tienes el poder de Dios en ti. Sólo di la palabra y decide salir de esto”. Esta es una de las tentaciones más insidiosas que enfrentan las personas verdaderamente piadosas. Tienes una pasión por Dios y cuando eres llevado a una experiencia en el desierto, después de un largo período de pruebas, surgen preguntas. Y es entonces cuando las tentaciones de Satanás se vuelven más feroces que nunca.

El enemigo quiere que actúes independientemente del Padre. Cuando estás en medio de tu prueba, el diablo dice: “Tu sufrimiento no viene de Dios. No tienes que pasar por esto. Tienes el poder de Dios en ti, a través del Espíritu Santo, por lo que no tienes que aguantar esto un día más. Di la palabra y liberate”.

Jesús respondió a la tentación del diablo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Incluso en el apogeo de su sufrimiento, Jesús no perdió de vista su propósito eterno. Si nuestro Señor aprendió dependencia y compasión a través de una experiencia en el desierto, ¡tú también lo harás!

Dios te ama en tus tiempos de prueba. Su propio Espíritu te ha llevado al desierto donde su propio Hijo ya ha estado. Deja que él termine su obra de construir en ti una total dependencia y confianza en él.

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Gozo a Través del Arrepentimiento

David Wilkerson (1931-2011)April 30, 2020

El testimonio que Dios quiere dar a conocer en sus hijos es gozo, gozo genuino y duradero. “El gozo del Señor es vuestra fuerza” (Nehemías 8:10). Este gozo, que resulta de la predicación bíblica y el arrepentimiento verdadero, trae verdadera fuerza al pueblo de Dios y atrae a los pecadores a su casa.

La mayoría de los cristianos nunca asocian el gozo con el arrepentimiento, pero el arrepentimiento es en realidad la madre de todo gozo en Jesús. Sin éste, no puede haber gozo. Cuando David desobedeció, perdió el gozo del Señor y sólo pudo ser restaurado por el verdadero arrepentimiento. Así que él oró: “Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí” (Salmos 51:2-3). David también oró para recuperar lo que había perdido: “Vuélveme el gozo de tu salvación” (51:12).

Es imposible mantener el gozo del Señor si el pecado está presente en la vida de uno. Debemos separarnos cada vez más del mundo que nos rodea. ¿Cómo puede el Espíritu Santo derramar gozo sobre las personas que continúan disfrutando del adulterio, las adicciones y el materialismo, viviendo como aquellos que no siguen a Cristo?

Sólo el gozo del Señor nos proporciona la verdadera fuerza. Podemos hablar todo lo que queramos sobre nuestro largo caminar con Cristo, pero si no estamos permitiendo que el Espíritu Santo mantenga el gozo del Señor en nuestros corazones, si no estamos continuamente hambrientos de su Palabra, entonces estamos perdiendo nuestro fuego y no estaremos listos para lo que vendrá al mundo en estos últimos días.

¿Cómo mantenemos el gozo del Señor? Lo hacemos de la misma manera que obtuvimos su gozo al principio.

  • Primero, amamos, honramos y ansiamos con entusiasmo la Palabra de Dios.
  • Segundo, caminamos continuamente en arrepentimiento.
  • Tercero, nos separamos de todas las influencias mundanas.

¡Así es como una persona o iglesia del Espíritu Santo mantiene el “gozo de Jesús”, regocijándose siempre, lleno de alegría!

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¿Te Estás Volviendo Más Como Cristo?

David Wilkerson (1931-2011)April 29, 2020

Crecer en gracia significa un increment de la semejanza de Cristo a través del poder inmerecido del Espíritu de Dios. ¿Estás confiando que el Espíritu Santo te hará más como Jesús, en tu hogar, tus relaciones, tu trabajo?

Esta pregunta se aplica especialmente a los cristianos maduros, aquellos que han edificado un fundamento espiritual a lo largo de los años a través del estudio bíblico regular, una vida de oración constante y una instrucción piadosa. Después de estudiar, orar y aprender, ¿te estás volviendo más como Jesús? ¿Eres más compasivo, manso, misericordioso y perdonador de lo que eras en este tiempo el año pasado? ¿O tu crecimiento ha sido atrofiado y se ha establecido en una meseta de crecimiento cero?

El apóstol Pedro describe un día maravilloso que vendrá cuando los cielos pasarán, los elementos de la tierra se derretirán y todo en la creación se disolverá. Por lo tanto, dice, debemos estar continuamente preparados y anhelar el regreso de nuestro Señor: “Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza” (2 Pedro 3:17).

La advertencia de Pedro en el versículo 17: “No sea que [vosotros]”, presenta un gran desafío para los creyentes. Él nos está confrontando, al decir: “Eres un amante de Jesús. Afirmas estar listo y anhelando el regreso del Señor; de hecho, siempre estás advirtiendo a otros que hagan lo mismo. ¿Pero eres tú un ejemplo para el resto de la iglesia de Cristo en tu caminar? ¿O vives como si Jesús nunca fuera a volver? Ten cuidado, porque también puedes ser llevado por el error de los impíos”.

Este “error de los impíos” es la idea equivocada de que Jesús no está realmente a la puerta. Esto resulta en una falta de preocupación, una trágica complacencia, un descuido demostrado en la conversación y en el estilo de vida en esta hora final.

Tú puedes testificar que eres salvo, justificado, santificado; has escapado de las deseos de esta edad perversa; eres bendecido con un conocimiento íntimo de Jesús. Pero Pedro advierte: “Existe el peligro de ser desviado del crecimiento, de vuelta a la esclavitud de la amargura y la venganza. Puedes volverte cruel, despiadado, implacable”.

¡Asegúrate de estar creciendo en gracia! Dios ha sido misericordioso contigo, así que sé misericordioso con los demás.

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Jesus Anhela Tener Comunión Contigo

David Wilkerson (1931-2011)April 28, 2020

“En quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:22). La palabra griega para morada, como es usada aquí, significa “residencia permanente”.

Todo cristiano sabe que Dios no habita en templos o edificios hechos por el hombre. Dios no tiene una residencia física, ni nación, ni capital, ni cima de montaña. Él no reside en las nubes o el cielo, en la oscuridad o la luz del día, el sol, la luna o las estrellas. Por supuesto, el Señor está en todas partes, su presencia llena todas las cosas. Pero según su Palabra, Dios hace su hogar en los corazones y en los cuerpos de su pueblo. Todo creyente puede jactarse con confianza: “Dios vive en mí”.

Dios comenzó a permanecer en nosotros cuando le dimos nuestro corazón a Jesús por primera vez. Él testifica: “Yo estoy en mi Padre… El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:20, 23).

Mucho antes de que se creara el mundo, el Padre celestial y su Hijo estaban juntos en la gloria del cielo, viviendo en una gran dicha. Jesús aún no había caminado en la carne, con todas sus cargas y pruebas; y no sabía nada de la tristeza humana. Luego vino el plan del Nuevo Pacto, que Proverbios 8 revela. El Padre le preguntó a Jesús: “¿Tomarás carne humana y te convertirás en el sacrificio que redima a la humanidad caída?” Dios eligió morar en esta pequeña esfera llamada Tierra y eligió al hombre como el lugar donde él habitaría aquí. “Me regocijo en la parte habitable de su tierra… mis delicias son con los hijos de los hombres” (Proverbios 8:31).

¡Jesús sabía que él ya no disfrutaría de la maravillosa comunión cara a cara que tenía con su Padre, pero se deleitaba ante la idea de una dulce comunión con nosotros! Él entendió completamente el terrible panorama: la corona de espinas, el odio y el rechazo, la cruz; sin embargo, él contó el costo y dijo: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado” (Salmos 40:8).

Jesús anticipó pasar toda una vida contigo y tener una dulce comunión contigo diariamente. Proverbios 8:34: “Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día, aguardando a los postes de mis puertas”. ¡Tú eres el deleite del corazón de Jesús! Él espera ansiosamente tu presencia y anhela bendecirte, como uno de sus amados hijos.

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Acceso al Espíritu de Dios

Gary WilkersonApril 27, 2020

“Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere” (Juan 2:1-5).

Jesús acababa de comenzar su ministerio y ya lo seguían unos cuantos discípulos. Este milagro en las bodas de Caná, fue su primer milagro y reveló su gloria al mundo de manera espectacular. Sin embargo, contiene un profundo significado para la iglesia más allá de ese tiempo y lugar.

A lo largo del Nuevo Testamento, el vino se ha asociado con la presencia manifiesta de Dios a través del Espíritu Santo. En esta escena, el vino estaba en el centro de la celebración de la boda y se vertía libremente para servir a los invitados. Es una figura de un pueblo gozoso al cual fluye libremente el Espíritu de Dios. Pero el versículo tres contiene una frase poderosamente simbólica: “Faltando el vino”.

Los anfitriones se quedaron sin vino en la boda y la gente necesitaba que sea repuesto para mantener su gozo. Como cristianos, tenemos el Espíritu Santo presente en nosotros, sin embargo, tenemos que ser llenos del Espíritu continuamente a medida que experimentamos un desgaste y un fluir en nuestro caminar con Cristo. Esto no significa que el Espíritu nos abandona, pero somos llamados una y otra vez a calmar la profunda sed que el Espíritu mismo pone en nosotros.

La mejor manera de ser llenos del Espíritu de Dios es simplemente prestar atención a su voz y obedecer sus mandamientos. Hacerlo nos proporciona paz, seguridad y gozo; y nos permite hablar con Dios con autoridad. Como seguidores de Jesús, debemos ser llenos de su paz, inquebrantables por el mal, nuestras vidas deben estar brillando como luces en medio de la oscuridad. Debemos tener una respuesta inmediata cuando los que nos rodean preguntan: “¿Cómo pueden tener tanta paz en medio de todo lo que está sucediendo?”

Dios va a tener un testimonio de su bondad en medio del pánico, un testimonio de santidad en tiempos de maldad. Ora conmigo: “Señor, derrama el vino de tu Espíritu sobre mí, tu vino de sanidad, unción, liberación y restauración. Muévete a través de tus hijos para traer nueva vida. ¡Amén!”

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¿Te Estás Sometiendo a Dios?

Tim DilenaApril 25, 2020

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).

Un joven sintió un llamado en su vida a servir en la obra misionera, por lo que fue a su líder espiritual para que lo guiara. Durante su conversación, el líder discernió un espíritu independiente y una actitud impulsiva en el joven. Mientras observaba estos signos inquietantes, le aconsejó: “Antes de que puedas convertirte en misionero, debes convertirte en “sumisionero”, lo que significa, por supuesto, que debe aprender a tener sumisión.

La sumisión es una palabra dura pero muy poderosa. Los cristianos son educados en la práctica de atar a Satanás para ellos mismos, personas, iglesias y ciudades, pero Satanás no huye a menos que el que ora posea un espíritu sumiso a Dios. En otras palabras, es imposible resistir al diablo en cualquier área si no hay sumisión a Dios en cada área.

La sumisión reconoce la autoridad de Dios y su Palabra. Es relativamente fácil someterse hasta que encuentras algo con lo que no estás de acuerdo. Por ejemplo, si un joven sabe que la Palabra de Dios dice que no se case con un no cristiano, pero decide que “el amor triunfa sobre Dios” y sigue adelante con el matrimonio, él no es sumiso a la autoridad del Padre. Puede argumentar que ama a Dios y que es sumiso a él, pero no puedes someterte sin obedecer. Como puedes ver, la sumisión es la actitud, pero la obediencia es la acción que demuestra dicha actitud.

Una vez, una madre le dio instrucciones a su hijo desobediente para que se sentara en una esquina como disciplina. Después de un par de minutos de estar sentado, el niño le dijo a su madre: “Estoy sentado por fuera, pero estoy de pie por dentro”. Este es un ejemplo perfecto de obedecer, sin someterse.

El autor cristiano Edwin Louis Cole dijo: “Tu capacidad para soportar la tentación es directamente proporcional a tu sumisión a Dios”. No peques pensando que sabes más que Dios lo que es mejor para ti. ¡Reconoce a tu Padre celestial como tu autoridad y obedécelo con una sonrisa en tu rostro!

El pastor Tim pastoreó durante 30 años en Detroit y luego en la ciudad de Nueva York en el Tabernáculo de Brooklyn por cinco años. En la actualidad, él y su esposa Cindy pastorean en Lafayette, estado de Luisiana.

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